¡A la luna vamos! (Despertar Poético)

¡A la luna vamos!

El lunático está en mí. Trota en mi interior, buscando la salida a su locura, buscando algo que contenga esa felicidad que lo trata de ahogar. El lunático está en mí, y hace que la vida fluya feliz, su cara descompuesta con una sonrisa franca hace huir a los demás que buscan una sonrisa fingida, pues su destino en la vida es fingir, el lunático corre por las calles, saludando a toda la creación, grita al viento su ventura, el viento le devuelve silbidos de aprobación, pues la tierra los quiere locos, sin las mascaras propias del hombre que no se ha encontrado.
El lunático ve el futuro, y el futuro es brillante, las nubes negras sólo están en derredor, donde el hombre mediocre vive. La calle de la alegría, donde transita, es todo verdor y febril profusión de fertilidad. Los animales le sonríen al pasar, las plantas se doblegan ante sus cantos, el mundo es de él. Muchos lo miran con sus ceños fruncidos, como si el humor tuviese que comprarse, no aceptan que el loco tenga una vida feliz, los hombres comunes no lo entienden, la sabiduría no les ha llegado porque sus mentes están obnubiladas de responsabilidades que se autoimpusieron cuando no se aceptaron, y vivirán pegados a ellas y morirán pegados a ellas, y las mueres creerán que la vida es así, que no tienen salvación y bajarán la vista resignadas.
Mientras voltean a ver iracundos llenos de un odio irracional ante un hombre que sonríe como si la vida no fuese injusta, como si el destino fuese color de rosa, y se lanzan contra él, y vociferan contra él, y lo golpean, y éste levanta la mano en son de paz, recoge su ajuar, sonríe agradeciendo al golpeador la oportunidad de sentir compasión por él, y se aleja bailando, detrás vienen las locomotoras del hombre ocupado, triste y lanzando humo por oídos y nariz, deseoso de tener frente a sí a un adversario que se oponga a su fuerza para poder ejercerla, el lunático solo canta, la violencia no combina con el humor, la violencia requiere de violencia para sobrevivir, el lunático no la comprende, pues la vida es solo una, la vida es bella, la vida merece vivirse por algo te puso en su dimensión, no vale la pena perderla por un desliz de una mente débil, afiebrada que no conoce más camino que el morir antes de tiempo.
El lunático corre río arriba, la muchedumbre lo sigue, ven en él al ángel guardián de los desprotegidos, pues alienta a las mentes simples a vivir en la sencillez, a vivir sin opresión, a vivir la libertad de dejar todo lo que te ata al mundo y a ti de lado, pues lo que te es dado lo tienes a tu alcance; el aire, la tierra, el fuego, el agua, la vida, todo es tuyo, es una falacia el que los demás hombres quieran poseer los elementos, y menos si son parte inherente de ellos, el lunático no comprende el porque debes de sentirte dueño del mundo y de la vida de los demás, cuando ni siquiera puedes dominar tus emociones, eso te hace débil, te hace presa de los depredadores, te hace presa de ti mismo, el lunático ha aprendido a meditar bajo los mangos, bajo la cruz de una tumba abandonada, lugar silente que el común supersticioso como es no visitará.
El lunático ha aprendido que las aves vuelan porque su función es alimentar el deseo de un cielo alegre y fresco en las alturas, las víboras le han enseñado que el calor de su mordida lo acercan al fuego del infierno, sabe que el hombre ha creado para su solaz, un cielo en cada campo florido, y un infierno en cada mente tapizada de anuncios de refrescos, el lunático ha aprendido que si se retira de las malas lenguas, su lengua aprende un nuevo lenguaje, ha aprendido que si su mente se aleja de las ondas sonoras de la modernidad, con sus anuncios, con su juego de palabras que descomponen las emociones podrá pensar en sí mismo y en como alcanzar el más alto grado de paz, la paz que miles buscan en el bullicio y sensaciones alentadas artificialmente.
El hombre común no entenderá al lunático, y lo tacharan de loco, y a él no le importará, sabe que es verdad, y disfruta su locura, su locura se llama libertad, nada lo ata al mundo, nada lo ata a la sociedad, es solo un ser que fluye, que toma lo que le dan, que da lo que le piden, nada es eterno, nada pertenece a esta tierra, la multiplicidad es unidad, la felicidad será alcanzada cuando el hombre sepa que no es un ser único, y cuando entienda que ser único es ser parte del universo, con la edad del universo, pues el agua que bebe hoy, es agua que fue agua hace millones de años, que se evaporó y se volvió lluvia, que cayó y se convirtió en jugo de fruta, que después se convirtió en sangre de hombre, que la tiró en el sudor y se volvió vapor que se volvió lluvia.
El lunático sabe que somos agua transformada en átomos y vuelta a armar en nuestro ser, o en el ser animado de un animal, de una planta, de las olas del mar, del cenote en Yucatán o en el vapor que sale de una estufa o en la estela de un avión o simplemente en agua que el hombre lanzará al retreta para volverla al cielo en forma de nube, el lunático sabe todo eso porque no es normal, ser normal sería abarrotar las tiendas para gastar tu tiempo, para perder tu vida comprando con tu tiempo, el que invertiste en el trabajo que te dio dinero que regresará a alguien que lo quiere para comprar felicidad, lo mismo que crees al comprar mercancía, y vagará el hombre común, de tienda en tienda, de cuerpo en cuerpo, luchando en la búsqueda de la felicidad, desconociéndose, sabiéndose especial entre millones de especiales que compran lo mismo que él, envidiando al que trae el mejor juguete que solo le satisfará el ego un par de meses antes de que llegue otro juguete igual de malo pero en otro color y que te dicen que es mejor.
Así en un eterno jaloneo, los egos del hombre común lucharán por sentirse mejores y creer que compran felicidad, a lo lejos, en una albarda, el lunático sonreirá, con los pies volando, moviéndose al compás de las ramas cercanas, buscando entre las copas de los árboles alguna imagen que lo pueda transportar a su infancia, buscando en el cielo azul, alguna señal de que su camino sigue siendo liso, sin obstáculos hacia el quinto sol, la gente le gritará loco y él dirá que sí, porque nada lo ata a la tierra, más que el deseo de ser parte de ella y disfrutar la etapa de vivir en ella.

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