POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

La vida está hecha de instantes, muchos son los momentos que le dan sentido a nuestro vivir y debemos estar alertas para no dejar pasar ninguno de ellos, perseguir hasta encontrar los minutos, segundos u horas que alimenten la existencia, ha de convertirse en una prioridad personal y social.

Mantener una actitud positiva en la vida cobra valor cuando de contagiarnos de lo bueno se trata.

Quien vive enojado con la vida, tendrá que esperar a convencerse de que lo bueno es mejor, para después comenzar a disfrutar de la bondad y la alegría de vivir. Siempre es mejor estar contento que permanecer en el coraje que todo aleja, que nada acerca, y que pone barreras para que se acerquen a nosotros las sonrisas del hombre o la mujer cercanos, o que lleguen de manera esporádica seres especiales.

Pasan tantas cosas en nuestro alrededor que lo único que nos piden es que podamos verlas para que nos alegren el alma. Presenciar una luna llena, la caída de las hojas, el amanecer o el atardecer son regalos que la naturaleza nos obsequia con el único propósito de vernos felices, claro es que hablamos de ciclos y de estaciones, tiempo o cosas que tienen que pasar, pero el mejor sentido que les podemos dar, es que somos seres vivos, pensantes y razonables en mitad de un campo fértil de elementos e instantes creados para hacernos sentir más honrados, más vivos y más buenos.

Debemos abrir cada sentido, a cada cosa que pasa a nuestros alrededor, hacer lo que el arnero, o lo que el control de calidad, que solo dejan pasar y aprovecha lo mejor y más fino, lo especial y más útil, para con ese material construir nuestra felicidad, para fincar la satisfacción y el agradecimiento por la gente buena que tenemos a nuestro alrededor y entender la conspiración de la naturaleza por vernos plenos entre sus aires puros y frescos, entre olores de pinos y oyameles. Como si fuéramos aves que cantamos por gusto, peces que brincamos sobre las aguas sin temor a ser pescados o mariposas que se trasladan por territorios inhóspitos sólo por en contrar el sitio ideal en donde volver a nacer y obtener fuerzas para regresar.

No encuentro mayor aprendizaje que lo que nos muestra el mundo que nos rodea, ni siquiera el amor es ajeno entre la madre perra o el macho borrego, cuando la primera amamanta al perrito y el segundo protege a su hembra, sigo sin tener palabras para describir, incluso para contar la cantidad de hojas secas, varas, pasto y demás elementos naturales que carga en su pico un ave para mantener en clima sus huevos y luego calentar a sus crías. Hay que estar atentos a lo que las hojas verdes y secas quieren enseñarnos, hay que observar con atención el comportamiento de los animales y las plantas, no hay que dejar de admirar las flores, ni regatearles un trago de agua o abono para que nos deleiten con esos bellísimas tonos en sus tallos, pétalos y hojas.

¿Cuánto más nos podrá dar el medio ambiente?, que además de vida aún mutilandole nos ofrece encanto. Hay que mostrarnos bondadosos, hay que regresar un poco de lo mucho de nos dá, manteniéndonos serviciales y hospitalarios, ufanos y afables, nunca más seamos ingratos y si aún no es claro para alguien la importancia del equilibrio y buena relación con los demás. Abramos la mente y el corazón para captar los mensajes que nos entrega una caída de sol, el fruto de los ciruelos o las mieles que se dan en árboles frutales y en la montaña a pesar de que nunca la mano de un hombre fue para protegerles de la helada, alimentar a la abeja cuando no había flores o evitar tirar plástico cuando lo que se necesitaba era agua.

Cada momento es especial para entregarnos. A los que viven felices porque ya supieron que en la vida hay una responsabilidad propia y con los otros, y que es compartir la  felicidad habrá que felicitarlos y hacerlos nuestros amigos, y a quienes no acompañarle en esta tarea, hasta que lo consigan.

Son felices los que aman a los seres vivos; hombres, mujeres, plantas y animales. Hace falta mayor correspondencia y mantener abiertos los ojos para ver el arcoiris y la lluvia, a flor de piel para disfrutar del rico frío y del calor que nos permite liberar toxinas, o el olfato, para hacer que llegue hasta nuestra entraña el olor delicioso de la tierra mojada o el dulce de las frutas frescas que además de paladearse también se aroman.

Hace falta voluntad en el mundo, para que entre todos juntos podamos aplaudir para que sigan llegando momentos especiales para ser felices y con ello tengamos todas y todas la conciencia social que nos pide a gritos el aire, el agua y la tierra, de modo que nos permitan seguir viviendo en ellos, con ellos y por ellos.

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POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS La vida está hecha de instantes, muchos son los momentos que le dan sentido a nuestro vivir y debemos estar alertas para no dejar pasar ninguno de ellos, perseguir hasta encontrar los minutos, segundos u horas que alimenten la existencia, ha de convertirse en una prioridad...