El país adoptó una visión más integral sobre sus recursos forestales, que ahora no solo son vistos como objeto de conservación y producción sino también comprendidos como herramientas para combatir el hambre, la pobreza y el cambio climático.

México cuenta con un conjunto de profesionales que desarrollan investigación, identificación y protección del capital forestal: uno de los más importantes es, sin duda, el agrónomo y actual líder de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en la Ciudad de México, Gustavo López Mendoza.

El ex coordinador nacional en México del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo platica sobre su concepto de libertad y los retos económico-ambientales que enfrentan los bosques mexicanos.

—¿Para usted qué es la libertad?

—La entiendo como la facultad inherente a los humanos para desarrollar a plenitud su capacidad intelectual, pero esta se ve limitada por situaciones generalmente de orden de gobierno desde el punto de vista económico, social, cultural, político… Es decir, la libertad para que sea plena tiene que contar con los satisfactores principales que son salud, vivienda y educación. Si no tienes satisfechos estos, aunque tengas la libertad de desarrollar tu capacidad intelectual no podrás hacerlo porque estás acotado por condiciones externas.

—En esta línea ¿hay libertad para trabajar en el bosque?

—Por supuesto. El bosque en México tiene una dualidad donde el gobierno es parte del bosque y lo trabaja con sus medios. Por otra parte están los dueños y poseedores del ecosistema. Entonces, está claro que hay la libertad para trabajarlo. Sin embargo el Estado acota ese tipo de aprovechamiento y lo hace también por medio de leyes, en este caso es la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, que limita la explotación para que se aproveche de forma sustentable y no como tú lo quieras: el aprovechamiento forestal está acotado, reglamentado, legislado y normado.

—¿Y ha sido una buena fórmula?

—Es una buena fórmula, sí, aunque creo que debe tener mayor profundidad, porque recientemente se reformó la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable pero se mantuvieron algunos resquicios ya que algunos ejidatarios no quedaron a satisfacción. Se ha dicho muchas veces —yo mismo lo hice en diversas reuniones con la academia, con técnicos, en foros— que el tema fundamental para realizar una ley tiene que ser el hombre no como tal sino como parte de las circunstancias donde él (dueños y poseedores de ejidos forestales) decida cuáles son las leyes que lo deben acotar y en esa medida legislar. Y por eso hay mucha inquietud.

Es decir, explica: “Se está haciendo el reglamento de esa ley, en la que nosotros esperaríamos una mayor participación de los ejidatarios precisamente para eso, para que ellos mismos digan dónde les aprieta el zapato. Y quién mejor que ellos para que identifiquen cuáles son los proyectos que les pueden resultar atractivos desde el punto de vista económico pero también social y cultural, porque si lo haces solamente con la visión de gobierno te puedes equivocar. Y si ellos lo hacen solos ellos se equivocarán. Por eso es un binomio gobierno-ejidatarios.

Conciencia

—¿Por qué es importante el concepto de libertad en el contexto de los recursos forestales y la pobreza?

—Es muy importante porque eres libre de manejar el bosque pero también debes tener las condiciones para aprovecharlo adecuadamente. En otras palabras, si no tienes las herramientas tecnológicas y los recursos económicos suficientes te será muy difícil ejercer esa libertad. Y eventualmente otras personas con mayor capacidad de organización y de recursos podrán ejercer la libertad de trabajar ese ecosistema.

—¿Qué se necesita para poderse mover más libremente?

—Se necesita, primero, que el gobierno tome conciencia de que en el bosque hay actores que son los dueños: por ello se les debe considerar. Y una vez que se les considera entonces los programas, los componentes de los programas y las reglas de operación que los hacen factibles deben estar en equilibrio con las demandas de dueños y poseedores. En la medida en que el eje del desarrollo de los proyectos esté coordinado con las necesidades de los ejidatarios la libertad para el manejo del recurso y del ambiente será plena; antes no: antes será a medias.

—¿Cómo podemos defender la libertad en cuanto al medio ambiente?

—La defensa se hace con una toma de conciencia pero esta debe ser de ambas partes. El gobierno debe ofrecer las condiciones de recursos económicos para que la relación con los productores tenga esta conciencia. Porque un productor por sí solo no es fácil que pueda desarrollar proyectos, particularmente en el bosque, porque se requieren grandes superficies para que sean rentables, ya sea de una comunidad de 500 o mil hectáreas o hasta de 160 mil hectáreas, como las tiene por ejemplo el ejido El Largo, en Chihuahua.

López Mendoza puntualiza que “esto es un proceso grupal: se requiere capacitarlos (a los ejidatarios) para que tengan buena gobernanza y desde ahí trabajen, con la participación del gobierno pero siendo ellos el eje. Solamente así se pueden obtener proyectos exitosos donde pueda aflorar esa libertad”.

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El país adoptó una visión más integral sobre sus recursos forestales, que ahora no solo son vistos como objeto de conservación y producción sino también comprendidos como herramientas para combatir el hambre, la pobreza y el cambio climático. México cuenta con un conjunto de profesionales que desarrollan investigación, identificación y...