POR: TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

La vida permite a muchos (a otros no), prepararnos para desempeñar alguna actividad, la cual haremos ya sea de manera profesional o como oficio, es decir vamos a la universidad y elegimos una carrera para dedicarnos a ella, y de lo que en ella se realiza vivir, o bien aprendemos a hacer cosas para las que después nos buscan o emprendemos nuestros propios negocios, talleres o espacios para ejercerlas.

Nunca un hombre de bien, podrá desear que a otro ser humano le vaya mal, tampoco que sea un bueno para nada, o que no termine una carrera, o que al terminarla no se dedique a ella.

Lejos de lo que puedan representar las envidias (de las que me niego a creer que existen), o bien la más grande mala entraña de aquel o aquella que encierran en su mente y corazón el mal deseo para el otro. Yo y seguramente muchos deseamos, que así como en nuestras mesas hay comida, todos los demás habitantes del mundo también tengan que llevarse a la boca, y desde luego que cada hombre o cada mujer que se han preparado vivan bien de lo que, o con lo que aprendieron en la escuela, o de lo que alguien más les enseño y que pasaron de ser aprendices a maestros o expertos en algo.

Es sumamente respetable cada trabajo, siempre que sea honesto, por eso aunque veamos ejerciendo de choferes o comerciantes (por ejemplo), a licenciados de distintas áreas e incluso a quienes cursaron un postgrado, antes que admirarnos por no verles trabajar en aquello en lo que se prepararon, debemos preguntarnos ¿qué fallo, en la preparación, en el mercado laboral o la propia persona? Para no ser lo que quiso ser y no son.

Respecto a las mujeres y hombres que no pudieron estudiar en alguna etapa de su vida por distintas complicaciones, siempre he sido de los asiduos creyentes que nunca es tarde para estudiar, y  que, hasta por mera satisfacción personal lo debemos hacer, que la vida son realizaciones, y que aquel que no se realiza no vive feliz, ni plenamente.

Así como algunas profesiones, hay algunas ocupaciones sin las que sencillamente no podríamos existir, cuando menos no a largo plazo, las Sagradas Escrituras hablan muy claro del oficio a carpintero al que se dedicó San José, y es que en el pasado era tan difícil estudiar como lo es ahora conseguir gasolina (en este momento del escrito y exagerando), es decir pocas escuelas, pocos recursos, distancias que impedían altos grados de estudios, y la mejor opción era optar por aprender algún oficio, y por eso hasta la fecha, encontramos lo mismo mecánicos que con la practica han aprendido a ser expertos en algunos tipos de máquinas, que panaderos que son insuperables en su sabor y cada una de sus piezas de pan.

En el área profesional también, también existen los entregados, los expertos, aquellos a los que a antes importarles la paga, les interesa servir, por ejemplo;  hay doctores,  que han atendido a generaciones enteras, son médicos que de boca en boca (como es la mejor promoción) siempre tienen clientes y son buscados y siempre desde la más sencilla conversación hasta la más grande reunión mencionados. A este último ejemplo ( de buenos profesionales) quiero referirme, porque la vocación, a pesar de los test vocacionales, más allá de tener en algunos grados escolares en México a orientadores, al parecer, a fallado encausar seriamente y servicialmente  a las mujeres y hombres que pudieron terminar una carrera o dedicarse a alguna ocupación.

Es triste ver y saber entre vecinos, por noticias o por comentarios de amigos, de gente que no hace bien su trabajo, que no cumple con lo que se supone debiera, situación que  lo mismo se dá entre los que tienen una licenciatura, o los que tienen una ocupación. Hace falta volver al camino de la entrega, al sendero del carácter o  cumplimiento,  de la palabra.

Si alguien paga por un servicio, la retribución debe ser la calidad, no se puede seguir pagando a un licenciado que te trae vuelta y vuelta y no te resuelve nada, tampoco que se le puede, volver a hacer un encargo al herrero que quedo en hacerte un barandal y no correspondió al pedido que le hiciste.

Hay otras profesiones y para algunos ocupaciones que merecen ser mencionadas, hablo de LA POLÍTICA, y lo digo porque si bien algunos diputados, gobernadores, senadores, o presidentes municipales y de la nación, son politólogos, la mayoría no lo son, y es su deber comprender la ley suprema del país en el que gobiernan, es fundamental que cumplan con requisitos de ética, moral y civismo que les permita actuar conforme a un guía, a un líder o un estratega. Las cualidades que deben reunir los que dirigen los pueblos y la nación deben ser tan ágiles como fluidas, tan sensatas como legitimadas y tan maduras como lo exijan las necesidades del pueblo, de lo contrario, ninguna vereda llevara a otro rumbo que no sea la mentira, el engaño y la desilusión.

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POR: TAYDE GONZÁLEZ ARIAS La vida permite a muchos (a otros no), prepararnos para desempeñar alguna actividad, la cual haremos ya sea de manera profesional o como oficio, es decir vamos a la universidad y elegimos una carrera para dedicarnos a ella, y de lo que en ella se realiza...