¿Qué le pasa a la humanidad?
Estamos pasando por una etapa bastante complicada para la humanidad, el hombre moderno está perdiendo rápidamente la necesidad de vivir, está perdiendo la afabilidad, está perdiendo los valores que lo hacen diferente a todos los demás seres de la creación, está involucionando. Hemos hablado en esta columna del hombre violento, de la decadencia de la sociedad, del suicida, y no hemos encontrado la línea delgada que los une, parecieran grandes grupos de hombres batallando entre sí, pero son todos parte de un mismo grupo llamado humanidad.

El hombre parece un gran conglomerado de personajes, todos de distintos tamaños, en el que vemos hombres pequeños y hombres enormes, no de estatura, sino en estatus moral. Hombres evolucionados y hombre involucionados. Los que nos preocupan son todos aquellos que cayeron en la gran espiral de decadencia, pues son los que están dominando al mundo, y no es un dominio político, ni cultural, es un dominio por la fuerza, su antítesis. Los librepensadores u hombres evolucionados no dominan el mundo, porque consideran que el mundo debe tomar las riendas por cuenta propia, es el mismo hombre que debe gobernarse a sí mismo, con todas las libertades establecidas en la carta de los derechos humanos, es el mismo hombre quién debe expresar esa necesidad de ser libre sin ser dominado por él mismo. En pocas palabras, no se mete en cotos de poder, es el poder mismo ejercido con libertad.

Este hombre libre, evolucionado, ve como la multitud, el grueso de la sociedad se despedaza, como se rasga las vestiduras para hacerse el mártir y ser protegida de sí misma, pues esa sociedad es un simple monstruo, porque ha perdido la identidad de hombre, confiriendo la de animal, despertando los instintos más primitivos que generan la violencia. El hombre librepensador, los hombres evolucionados, consideran que la sociedad para curarse requiere reunir todas sus fuerzas para crear una nueva conciencia global que haga a la sociedad un ente simbiótico con la humanidad, debe darle vuelta a la tuerca de las ideologías fanáticas dominadas por los egos elevados.

El hombre nuevo, con una consciencia nueva, debe aprender a desprenderse de todo aquello que lo domina, aunque eso signifique desprenderse de su personalidad. Debe desprenderse de todo lo tóxico que se ha creado para darle un fantasioso estatus que lo hace creer que es superior a otros hombres y esa supuesta superioridad es la que lo hace caer en la desgracia; sin embargo, esa tarea es muy difícil, pues la sociedad está más permeada por la maldad de lo que creemos. La espiral nos ha hundido en los límites de barbarie y la falta de respeto por la vida del noveno círculo, pues lejos de todas las percepciones políticas, de todos los fanatismos, de todos los índices y valores que le dan al hombre el carácter negativo de hombre violento, la sociedad en su conjunto muere, la vemos hoy vacilante ante las nuevas opciones de vida que le da una modernidad por él creada le está poniendo enfrente.

Sabemos de antemano que el hombre moderno no se puede comprender sin la invención del dinero, es el nuevo dios hoy invocado en todos lados, las religiones se han prendado de él cual lapas para poder sobrevivir, y han caído en desgracia junto con el hombre mismo, a pesar de que saben de la subjetividad de este, saben que su valor al día de hoy es más simbólico, sabe perfectamente que el dinero es sólo papel pintado, y para que tenga valor, alguien debe de decirnos a todos que tiene valor, y no lo tendría hoy si no se respalda por el depósito de algún metal más valioso, como el oro, en alguna reserva federal de algún país dominante, o se respalda con el depósito de algún mineral, como los diamantes, también depositados en algún banco federal de algún país.

Sabemos también de que el valor del oro y los diamantes es relativo y que puede ser nada ante una hambruna, de que puede ser nada antes una sociedad que no lo conozca o no los use de esa manera. El valor lo tiene, porque está consensuado por los dueños de estos materiales y que son dueños de las herramientas de trabajo. Lejos pues de esa percepción u acepción que le da el hombre por valor al papel, al metal o al cristal, los objetos no dejan de tener esa naturaleza; sin embargo, el hombre para dominar al mismo hombre le dio valor y creo el mercado, se ha provisto al papel de más valor del que tiene, para hacer el intercambio de mercancías más cómodo. Eso ha hecho que las sociedades se enfoquen arduamente en conseguir y obtener recursos económicos a como dé lugar, eso le dará valor a su economía, aun a costa de la vida de la sociedad misma.

Así los países han conseguido que su población se enfoque a conseguir dinero, aún a costa de sus vidas. Gracias a ello, vemos en el mundo una desigualdad enorme. Esa desigualdad, pues no todos tienen las posibilidades ni los recursos intelectuales ni físicos de conseguir la cantidad de dinero que necesitan para llevar una vida más cómoda, y como son más las necesidades creadas por la modernidad, que las que el hombre requiere para sobrevivir, ha fundado un submundo de personajes que buscan de una u otra manera obtener recursos sin desgastarse, ni física, ni mentalmente, para alcanzar el estatus de poder que el dinero da, aunque este estatus sea efímero, aunque este estatus cueste la vida. Este grupúsculo de personas disfruta presumiendo y alardeando de su coto de poder y lo muestran a todo el mundo, provocando envidias de los cerebros pequeños, que son la inefable multitud, aumentando en cantidad de seres ese submundo de la vida fácil, el cual se está multiplicado muy rápidamente, proliferan, los vemos esparcirse cual hongos, empezando desde los simples políticos corruptos, desde los funcionarios de gobierno y policías corruptos, hasta el simple ladrón de los poderosos, personajes sombríos dedicados al narco y demás actos violentos que laceran a la sociedad.

Todos esos grupúsculos aparecen por doquier, multiplicándose sin restricciones, y como los políticos y los policías están tan contaminados no ofrecen resistencia, y hasta parece que esos grupos y los encargados de la ley son una misma cosa, así pues, no tienen ningún obstáculo o depredador que los contenga. Así hemos llegado al grado de violencia en el que estamos, donde el hombre bueno ya no tiene cabida, el hombre bueno tiende a desaparecer, salvo que tenga los arrestos de volverse contra la misma sociedad que lo violenta.

El aumento de la violencia es tanto que ya se debe poner una alerta nacional, y la sociedad debe de ser la primera en lanzarse al agua para salvarse. Vemos en todos los noticieros del país noticias lamentables, fatídicas, leemos a diario en los periódicos actos violentos, leemos todos los días actos inmorales realizados por personajes sin empatía por la sociedad, que están aprovechando el efecto sorpresa, están aprovechando la ingenuidad de muchas personas que se dicen buenas, se sabe que somos el único país que tiene guerrillas internas a ojos vistos, sin que las autoridades hagan algo por contenerlas, día a día aparecen grupos armados que se autoproclaman dueños de territorios, dueños de espacios, dueños de vidas, sin que alguna autoridad se proclame contra ellos, las autoridades actúan de manera conveniente, si no los ven, si no los oyen y si no denuncias, no existes o no existen los grupos de malvados.

Estamos convencidos que los asesinatos, los secuestros, los robos, las violaciones, la muerte a propósito de animales, no es algo normal de una sociedad moderna. Es propio de una sociedad que ha regresado a la edad de piedra, que ha logrado revivir el instinto salvaje, como el perro feral, que tiene que matar para sobrevivir, aunque en el hombre el plan macabro sea más maquiavélico, pues mata por placer, mata por poder, mata por miedo, no por necesidad. Hemos llegado a un punto del que no hay retorno, la teoría de que la tierra mueve sus energías para poder regularse se está haciendo realidad, las energías negativas de la tierra se están permeando en los cerebros débiles, el hombre inculto se auto inmolará, pronto no tendrá a quién robar, ni a quién matar, sólo quedarán ellos y se asesinarán entre sí.

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¿Qué le pasa a la humanidad? Estamos pasando por una etapa bastante complicada para la humanidad, el hombre moderno está perdiendo rápidamente la necesidad de vivir, está perdiendo la afabilidad, está perdiendo los valores que lo hacen diferente a todos los demás seres de la creación, está involucionando. Hemos hablado...