SINOPSIS POLITICA 1086

LOS EXCESOS DEL GOBIERNO 

   La tarea de gobernar no es sencilla, por eso la población pensante vota por los candidatos que considera más aptos. Desafortunadamente continúan siendo mayoría los ciudadanos que no saben sufragar, los que se equivocan, los que venden su conciencia o los frívolos, que depositan el poder popular en personajes con perfil estilizado, capacidades histriónicas y habilidades persuasivas.

Insisto, gobernar no es fácil, por eso la ciudadanía que razona, reflexiona y analiza, deposita su confianza en aquellos que considera más capaces para ejercer el servicio público. Luego entonces, no existe pretexto para que la clase gobernante demuestre en los hechos lo que la sociedad espera de ella, en lugar de culpar a los críticos de las debilidades, limitaciones, errores y excesos personales. Por eso, durante una crisis de confianza o credibilidad, lo más honesto e inteligente es aceptar, disculparse y rectificar, pagar a tiempo el costo de los deslices.

Ciertamente siempre habrá quien pretenda magnificar y aprovechar los “errores” del adversario para llevar agua a su molino; por eso, precisamente, no se deben conceder elementos de crítica. Tampoco se debe confundir la actitud cívica de celoso vigilante de los bienes públicos, ni la indignación social que genera el despilfarro de recursos ajenos en tiempos de carestía, con la “envidia”.

Resentimiento si pudiese existir en algunos fustigadores, principalmente en aquellos que en otras administraciones perredistas vivieron pegados a la ubre presupuestal y no quieren soltarse de ella, añoran esos tiempos y consideran que nada más ellos tienen ese derecho o merito; otros, porque esperaban favorecerse también con los dineros públicos, pero fueron excluidos o le apostaron, a pesar de decirse “izquierdistas”, al candidato perdedor y están ardidos; unos más ya se creían proveedores y sienten que quedaron fuera del presupuesto y con furia buscan la revancha.

Muchos pueden ser los motivos de la animadversión que da origen a la crítica, pero nada justifica la frivolidad de nuestros gobernantes, menos su irresponsabilidad para cuidar los bienes ajenos. Mal harían los adversarios en no denunciar, ni criticar, cuando existen elementos para hacerlo, no importa que los motive un insano interés personal y no el bien común.

Denunciar es un deber cívico, que obliga a la autoridad a rectificar el rumbo y contribuye a generar equilibrio ante los excesos y el abuso de poder.

LA LUNA DE MIEL CON EL PODER

Nuestro incipiente gobierno estatal debe despertar ya de su euforia, terminar de tajo su luna de miel con el poder, poner los pies en la tierra y aceptar la realidad de que sólo son efímeros empleados públicos, no reyezuelos, y que el nuestro, es un sistema republicano, democrático y popular, no una monarquía, donde los únicos privilegiados son los integrantes de la familia real y los cercanos al trono.

A casi medio año de ejercicio gubernamental deben comenzar a aterrizar ya las inversiones en proyectos de desarrollo regional y otras acciones de gobierno que permitan edificar una sociedad menos desigual, más humana y solidaria, respetuosa y digna, especialmente con el ejemplo de un mandatario que destaque estos valores y deje de darse vida de magnate o play boy, con el sacrificio de los contribuyentes.

Tanto el gobierno estatal, como el municipal, deben entender que surgieron de un partido político que se jacta ser de izquierda; pero si la formación doctrinaria y fortaleza de convicciones no les alcanza para tanto, si los traumas y complejos los traen tan arraigados, basta que al menos entiendan que la soberanía (el poder) reside en el pueblo, que los gobernados son los que mandan y representan la prioridad.

Que esos derroches en banquetes de lujo no serían tan deliciosos, si la conciencia les reclamara que la mayoría de michoacanos desempleados en ocasiones no consiguen ni lo indispensable para comer, mientras que miles de trabajadores del campo y la ciudad tienen que realizar sacrificios extraordinarios para mantener a sus familias… y estos insolentes excediéndose en todo, dándose una vida de lujos que no podrían alcanzar trabajando honradamente o en la iniciativa privada…

En resumen, la exhortación es a que le bajen a su desmadre de ostentación, que limiten sus excesos: desde la cabeza hasta los empleados de menor rango, unos abusando del uso desproporcionado de helicópteros y otros alardeando caravanas de lujosas camionetas escoltadas por guaruras que a los contribuyentes cuestan y también de los impuestos se sufragan los gastos de las unidades y el combustible…y a pesar de esos suntuosos operativos policiacos en torno a nuestros funcionarios, estos todavía afirman que no hay problemas de inseguridad, que el estado está en paz, que todo tranquilo… entonces ¿Para que el uso de escoltas? ¿Nada más para fanfarronear? Además, un estadista o buen mandatario prefiere antes la seguridad de los gobernados que la propia.

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