LINCHAMIENTO, VIDAS QUE PUDIERON SALVARSE
Con semanas de anticipación, en las páginas de El Despertar, se advirtió el riesgo que representaba para la gobernabilidad de la región el nivel que ha alcanzado la inseguridad pública, los excesos policiacos en perjuicio de la sociedad, la indolencia e incompetencia de las autoridades para imponer respeto al estado de derecho y sancionar el ultraje a las garantías individuales. Pero sobre todo, el malestar que dichas conductas generaban en la población, resultaban peligrosas para la estabilidad, pues se percibía latente que el hartazgo estallara de manera lamentable. Esto todo ciudadano más o menos analítico lo pronosticaba, menos las autoridades responsables.
El domingo, esa furia contenida por algunos pobladores del municipio de Zitácuaro, que no confían en las autoridades, porque cuando han acudido a ellas en busca de auxilio, de protección, son ignorados o maltratados, se desató en contra de cuatro presuntos delincuentes, quienes fueron incinerados vivos. Exhibiendo por enésima ocasión la ineptitud de todo el sistema de seguridad gubernamental, tanto del municipio como del estado.
Siendo la vida el bien más preciado, el de mayor valor para la humanidad, representa la más grande obligación del estado proteger…y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho en este país (ni legal, mucho menos moral), de arrebatarle la vida a un semejante… con la salvedad de que sea en legítima defensa de la propia vida, cuando ésta se encuentre en peligro real, actual o inminente. Pero la repulsa a esa agresión, de un bien jurídicamente protegido, tampoco debe excederse. Sin embargo, en el caso del linchamiento en Crescencio Morales, municipio de Zitácuaro, se trató de un acto de barbarie, que no tiene ninguna justificación, aun cuando la ineptitud, cobardía, complicidad o complacencia de la autoridad haya orillado a los pobladores a actuar de esa manera bestial, igual o peor que los delincuentes y policías. No deja de ser un acto legal y moralmente reprobable.
Es verdad que los delincuentes son causantes de daños en ocasiones indescriptibles en sus víctimas y sus familias, sobre todo cuando se trata de secuestro o robo de niños; pero al sometérseles a juicios sumarios y penas tan crueles, también se ocasiona dolor a otras víctimas indirectas: las familias, en ocasiones inocentes de los maleantes, como son sus hijos, padres, esposas (os) y hermanos.
En el caso de los sacrificados en Crescencio Morales, una alternativa pudo ser detenerlos (a los presuntos asaltantes y secuestradores), someterlos a castigos escarmentadores y entregarlos a las autoridades, pues con esa habilidad organizativa de la comunidad y la capacidad de convocatoria para defenderse, pudieron obligar a los funcionarios del gobierno para que actuaran en consecuencia, conduciéndose con estricto apego a la ley y de paso, con esa exigencia, nos ayudarían a todos los habitantes del municipio y la región. En lugar de violentar aun más el frágil estado de derecho y exponerse a que a ellos sí se les sancione por lo que hicieron y en esa persecución, hasta personas ajenas a los acontecimientos se vean afectadas.
No obstante, esa tragedia debe ser investigada de manera exhaustiva y castigarse con todo el rigor de la ley a los infractores materiales, a los incitadores y a los autores intelectuales (que debe haberlos), así como al delincuente que se escapó y los posibles cómplices que participaron en el asalto y secuestro de la menor sustraída; porque los linchados no son todos, debe haber más involucrados de la comunidad, delincuentes que conocen la zona y a las personas que “pusieron en la lista” de los infractores incinerados.
Pero castigo singularmente ejemplar deben recibir las autoridades y funcionarios responsables. Algunos que, en medio de su frivolidad y ambiciones, no tienen la mínima idea de los que representa el servicio público, y si lo saben les vale madre, pues su inclinación es más propensa al poder y al dinero, antes que servir con esmero a sus gobernados. En tanto que algunos funcionarios creen que los conflictos y la irritación social se resolverán o corregirán solos, sin operación ni resultados; o bien la cobardía los paraliza y no les permite actuar, otros nada más “trabajan” si hay dinero “extra” de por medio.
Por eso se hace necesario y urgente políticos dedicados a cultivar valores, en lugar de dedicarse a pretender cosechar dinero y poder. Frente a los funestos acontecimientos del domingo, resulta imperiosa una coordinación entre el gobierno y el clero, para hacer entender a la población que actuar de manera contraria a nuestro valores nos provocará angustia y malestar, pero si nos conducimos de acuerdo a nuestro principios, creencias y convicciones éticas, nos generará una sensación de satisfacción superior a la que produce el dinero y el poder. Es más fortificante actuar conforme a los valores, que limitarse a perseguir el éxito y la riqueza.
Los hombres sabios, con nivel superior de evolución, prefieren sufrir una injusticia antes que cometerla, pues si la causan se convertirán en personas injustas. Aunque ser justo pueda considerarse sinónimo de debilidad y provocar que otros se aprovechen.
LOS CULPABLES
Pero ¿Quiénes son los responsables de esa masacre? Todos, incluido el clero, llámense Testigos de Jehová, Bautistas, Cristianos, Sabatistas, Mormones, Católicos, Budistas; ya que, en este lamentable acontecimiento, se demuestra el fracaso de todos los grupos religiosos, cuyo principal propósito es restablecer la comunión con Dios (como quiera que se le nombre: Jesús, Jehová, Alá, Mahoma, Buda) y esa relación con el Gran Arquitecto del Universo se manifiesta o se ve realizada con una sociedad más amorosa, en paz y feliz. Donde al prójimo, si no se le ama como a uno mismo, al menos se le respete y no se desee para otro lo que no quisiéramos para nosotros.
Todos los grupos religiosos -se supone- tienen la misión de inculcar en la sociedad hacer siempre el bien… y matar, es un “pecado mortal”, que no tiene perdón; pero asesinar, como se hizo en Crescencio Morales, con esa saña, resulta una conducta inhumana, desalmada, que contradice la esencia de todas la doctrinas religiosas y demuestra no sólo la creciente crisis de valores en la sociedad, también el fracaso rotundo de quienes se dedican a concientizar acerca del bien.
En el ámbito terrenal, el gobierno del estado es otro de los responsables del linchamiento más numeroso a nivel nacional, en cuánto cantidad de víctimas; ya que superó al perpetrado en Puebla, a finales de agosto, donde dos hombres fueron incinerados vivos, acusados de secuestrar niños. Imputación que resultaría falsa.
En Francisco Serrato, Crescencio Morales y Donaciano Ojeda, la “Policía Inteligente” fue omisa en dar atención y seguimiento a los grupos ciudadanos que en el pasado reciente se organizaron para integrar grupos de autodefensa, los únicos en el estado que no fueron desarmados por Alfredo Castillo y permanecieron en las entradas y salidas de sus comunidades revisando vehículos y personas durante meses, hasta que el fenómeno del crimen organizado menguó. En esas comunidades indígenas del municipio prevalece una sólida capacidad organizativa de auto defensa, y ahora se ha demostrado, también de agresión primitiva.
Pero, más directamente responsable es el gobierno municipal, no sólo la Dirección de Seguridad Pública y la Fiscalía Regional de Justicia; que, de acurdo a declaraciones del gobernador del estado, se condujeron como meros espectadores, mientras cuatro seres humanos eran quemados vivos por una turba, demostrado con ello –de acuerdo a lo manifestado por el mandatario estatal- la fragilidad del estado de derecho en el municipio.
La seguridad de los pobladores de Zitácuaro, es directamente responsabilidad del gobierno municipal y siendo el Ayuntamiento el vínculo más cercano entre el pueblo y sus autoridades, estas debieron actuar desde el dia sábado, cuando recibieron la notificación o el reporte de que sujetos habían asaltado, robado y golpeado a una mujer, y privado de la libertad a una menor.
Obligados por esos hechos delictivos, la negligencia de las autoridades… así como la impunidad, que promueve “hacer justicia por propia mano”, los pobladores de Francisco Serrato se agruparon para perseguir a los infractores (desde el dia sábado), mientras las autoridades irresponsablemente ignoraron los reportes recibidos, omitiendo sumarse a la búsqueda de los “presuntos” delincuentes y rescatar a la joven plagiada, quien fue liberada por sus captores al verse copados por la comunidad.
La búsqueda de los prófugos se prolongó durante toda la noche, contándose con el apoyo de habitantes de Crescencio Morales, territorio al que se internaron los fugitivos, quienes en su huida incendiaron el vehículo en el que se transportaban. Fue precisamente en Crescencio Morales donde fueron ubicados, la mañana del domingo, por una turba enardecida, que era azuzada por algunos incitadores.
Hubo tiempo suficiente para establecer una red de operadores que contactara a los incitadores, dialogar con ellos y desactivar el linchamiento, pero nadie actuó en ese sentido. Ni los funcionarios del ayuntamiento, que en campaña se disputan la operación política, que resultaba indispensable en ese momento, ni los presuntuosos operadores, esos que pugnan quedarse en el lugar del alcalde y se la viven alardeando que las pueden todas.
Ahí se necesitaban esos liderazgos, incluso de todos los partidos políticos, pues esa desgracia y su solución, para que jamás algo similar se vuelva a repetir, va más allá de los colores partidistas y todos somos corresponsables, especialmente nuestros líderes políticos y religiosos. Pues todos tienen presencia, contactos, comités, líderes en comunidades, con quienes han podido trabajar en hacer conciencia del respeto a la vida y las relaciones cordiales con los demás. Pero también a través de esos liderazgos en la comunidad se pudo trabajar para desactivar, pero el egoísmo e indiferencia, o los intereses insanos, resultaron más fuertes que la vida misma.
Aquí fallamos todos…y los reclamos de nuestra conciencia serán de acuerdo a los valores adquiridos y a la lucha realizada por impedir la muerte. Máxime si es nuestra obligación, si esa misión se nos confió.

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