CRISIS EN EL GOBIERNO DE AMLO

Relativamente resulta prematuro para que los resultados de su mandato sean tangibles, pero como el ser humano es insatisfecho por naturaleza y desesperado el temperamento del mexicano, a casi medio año de gobierno, la población comienza a exasperarse al ver cada vez más lejana la posibilidad de convertir en realidad las maravillosas soluciones prometidas en campaña, las grandiosas esperanzas albergadas, así como satisfechas las extraordinarias expectativas creadas en la colectividad, que anhela los beneficios de la cuarta transformación.

Los pobladores de esta gran nación, este pueblo noble y sabio, comienza a desesperarse, porque el discurso es el mismo, pero la seguridad y el progreso no llegan.

Es doloroso aceptarlo, pero a casi medio año el gobierno federal sigue sin dar resultados concretos en favor de los gobernados, principalmente en materia de seguridad, combate a la corrupción e impunidad. Al contrario, la inseguridad y violencia se han disparado, llegando a los 11 mil 368 asesinatos violentos durante los primeros cuatro meses de gobierno de López Obrador (8 mil 493 de enero a marzo). Convirtiéndose en el periodo de gobierno más violento en la historia contemporánea de México.

En combate a la corrupción, es verdad que se inició la batalla contra los ladrones de combustible, pero al día de hoy los cabecillas más representativos continúan en libertad, lo mismo que los criminales de “cuello blanco”, los disfrazados de funcionarios infiltrados en Pemex. Mientras que, a Elba Esther Gordillo, símbolo más representativo de la podredumbre institucionalizada (igual que Romero De Champs), el gobierno de López Obrador le ha devuelto los bienes que le habían sido incautados por Peña Nieto, entre ellos un jet privado, que se duda haya adquirido con su salario de profesora, y le fueron retiradas todas las denuncias y averiguaciones que existían en su contra.

Eso sí, AMLO condena “los frutos podridos y las políticas antipopulares y entreguistas, que lo único que hacían era robar”, pero su gobierno exonera a Elba Esther Gordillo, premia a Napoleón Gómez Urrutia, a Manuel Bartlett Diaz, a Romero De Champs… y sumerge en un baño de sangre al país. Pues ahora no sólo se exterminan entre integrantes de grupos delincuenciales, también se asesina a inocentes, ancianos, mujeres y niños, como sucedió el fin de semana en Minatitlán, Veracruz. Un municipio gobernado por Morena, en un estado con mandatario de Morena y en una nación dirigida por un ejecutivo nacional surgido de Morena.

Durante 18 años Andrés Manuel estuvo insistiendo y prometiendo que acabaría con la corrupción y con la impunidad y que, con su gobierno, ahora si habría justicia. El problema es que todavía no se vislumbra esa posibilidad y la luz de esperanza comienza a debilitarse, máxime cuando su Secretario de Seguridad Pública afirmó que tendrían que pasar cuatro años para estar “al tú por tú” con el crimen organizado; es decir, en igualdad de circunstancias, con la misma capacidad de fuego y fortaleza. Aceptando de manera tácita la fragilidad del Estado mexicano ante el poderío de las organizaciones delictivas.

Para el titular de la SSPF es más mortífero el arsenal, el entrenamiento miliciano, las tácticas y estrategias, así como su capacidad de inteligencia e infiltración de los criminales, que los aviones artillados, tanques, miles de millones de pesos invertidos en la instrucción de nuestras fuerzas armadas, tecnología…y todo para que un orate venga a declarar sandeces que empoderan y engrandecen a los criminales, quienes a partir de dichas afirmaciones incrementaron excesivamente los asesinatos, pues los cabecillas de las agrupaciones se han creído más poderosos e intocables.

Mientras tanto, el titular del poder ejecutivo insiste con su misma desgastada y ya fastidiosa retórica de campaña, culpando a la corrupción de gobiernos pasados de la desgracia del país…pero esos culpables siguen libres, ¡nadie los ha tocado! Y la patria cada día se hunde más. Pero él, el presidente de México, insiste en usar como pretexto para no cumplir sus obligaciones Constitucionales que le dejaron el país hecho un cochinero. Cuando él sabía las condiciones en que se encontraba la Nación, pues esas circunstancias son las que utilizó para apoderarse de la presidencia de la república, donde se le contrató precisamente por tener conocimiento de que había un cochinero y el prometió que podía limpiarlo, corregirlo, desde el primer día.

Los obcecados seguidores y defensores del señor presidente deben entender que, por voluntad propia, de él, se convirtió en nuestro empleado y se le contrató como tal por que él se ofreció y prometió que cumpliría. Por eso se le exige, porque no está cumpliendo. De los corruptos gobernantes anteriores, ya sabemos que lo eran y lo son, por eso se les condenó con el rechazo popular en las urnas y el apoyo mayoritario a nuestro actual mandatario…pero como él mismo diría: “Ya Chole con lo mismo”, ahora es tiempo de resultados. Empezando por encarcelar a los que culpa de corruptos, recuperar los bienes robados a la Nación y exterminar a los delincuentes comunes, a los que comparó como niños de pecho al lado de “la mafia del poder”.

PROGRAMAS ASISTENCIALISTAS, TIPO PRI

No es verdad que la inseguridad y violencia se vayan apaciguar manteniendo parásitos, otorgando becas a jóvenes desempleados y madres solteras. Las acciones asistencialistas de este tipo, más bien podrían incentivar la promiscuidad y explosión demográfica, “hay que fornicar sin control, engendrar más hijos, al fin el gobierno los mantiene”. Estos, más que programas de impulso al bienestar social, apoyo a los desamparados e inclusión de los marginados, son estrategias electorales, la compra anticipada de conciencias, manipulación de voluntades, fortalecimiento de la clientela electoral, un corral de votos cautivos de alrededor de 30 millones. La incógnita, es saber hasta donde el sector productivo, los contribuyentes, aguantarán.

Ni siquiera el empleo bien remunerado inhibe la degradación. De ser así no habría Magistrados delincuentes que por dinero prostituyen la justicia. Ni gobernantes y funcionarios que perciben millonarios ingresos, pero son insaciables, siempre quieren más, y este “fenómeno” se da en todos los niveles, desde el municipal hasta el gobierno federal. Luego entonces ¿Porque los “desposeídos” no harían lo mismo que los personajes que se suponen son ejemplares y depositarios de nuestra confianza?

Lo único que puede detener la descomposición, es el miedo. En el presente, la ley no se respeta por convicción, si no por temor al castigo. Por eso debe aplicarse con todo rigor, de manera inflexible, particularmente a quienes protestaron cumplirla y hacerla cumplir. Esa enseñanza en Michoacán el mismo crimen organizado nos la dejó, pues con ellos se acabaron los asaltantes y ladrones. Después los autodefensas emplearon el miedo para ahuyentar a su vez a grupos delincuenciales. Ante el fracaso del estado para proteger las garantías elementales de sus gobernados, la sociedad civil se organizó, tomó las armas e inició la cacería de criminales, quienes, ante el temor de perder la vida, se replegaron.

AL MENOS FELIPE CALDERON LO INTENTÓ

Por eso la ley se debe aplicar, con penas severas para erradicar la inseguridad y violencia, reestablecer el estado de derecho y reconstruir el cacareado “tejido social”, pues las conductas anti sociales no se combaten con discursos, ni buenas intenciones, si no con acciones radicales, a veces dolorosas, pero necesarias.

Al menos Felipe Calderón lo intentó, que su guerra contra el crimen fracasó, porque desconocía a lo que se enfrentaba, apresuró las acciones ofensivas sin un diagnostico previo, que le permitiera conocer a cabalidad lo infiltrado que se encontraban las estructuras del estado, pero lo intentó. Hoy tenemos que esperar cuatro años para estar al tú por tú con los criminales, seis meses o un año para que empiecen a darse algunos resultados, mientras los que están a punto de ser ejecutados, las víctimas de secuestro y extorsión, que se esperen, hay cosas importantes que atender, más que la propia vida. Que es, sin duda, el bien mayormente valorado de los gobernados.

Si no pueden o no quieren, siempre existe la opción de la renuncia, antes que seguir haciendo el ridículo, sembrar decepción y cosechar el repudio.

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