Francisco Esquivel Reyes

Zitácuaro, Mich.- Francisco Esquivel Reyes nació en la comunidad de Manzanillos, en Zitácuaro, y por destinos de la vida perteneció al escuadrón 201, en la segunda guerra mundial, como mecánico de aviación.

Francisco Esquivel Reyes no participó en el conflicto bélico como piloto aviador, sino como mecánico de aviación. Hasta donde se tiene información fue condecorado por tres países, incluido México.

Había en Zitácuaro una calle llamada Escuadrón 201 que, con el paso del tiempo, su nombre cambió por José Ma. Coss.

Francisco Esquivel cuando regresó, en el año de 1945, a la Ciudad de México, fue recibido, al igual que sus acompañantes, por el entonces presidente de la república Manuel Ávila Camacho, así como el secretario de defensa.

Por su parte, el escritor Servando Rueda Cázares se encargó de escribir una novela de este personaje ilustre, que tituló “De Manzanillos a Luzón Filipinas”, novela de un héroe zitacuarense en la segunda guerra mundial.

En este mismo libro habla de algunos pasajes interesantes sobre la vida del nativo en esta ciudad, como del interés mismo de Francisco de incorporarse a las filas del ejército.

A continuación, un pasaje de esta interesante novela, escrita por Rueda Cázares: “¿Sabe qué padre? Yo tengo inquietud de entrar al ejército o a la fuerza aérea. Ya terminé mis estudios de secundaria y siento que es lo que yo quiero estudiar”.

Don Emilio le dijo:

“¿Estás seguro de ello hijo?”

Francisco le contestó:

“Sí padre. Pues creo que me sentará bien andar en el aire, y aunque México se mantiene al margen de la guerra que se libra en Europa, y hay tensión entre Estados Unidos y Japón, pues yo quiero estar en la fuerza aérea”.

Repuso don Emilio:

“Está bien hijo. Tú eres quien determinas. Sabes que esos estudios son duros y que dejarás de venir a Zitácuaro por mucho tiempo, pues estarás acuartelado varios meses”.

Así, tiempo después Francisco, que era alto y de facciones finas, tras haber hecho los trámites necesarios, recibió la notificación de haber sido aceptado en la Fuerza Aérea Mexicana y que empezaría a estudiar 6 meses para recibir dónde estaría finalmente. Su madre Sofía le dio la bendición el día de su partida, junto con don Emilio y sus demás hijos, lo fueron a dejar a la terminal de los autobuses, ya que para ese tiempo Zitácuaro estaba comunicado a la Ciudad de México por una recién concluida carretera.

Un buen número de sus compañeros que entraron con él no pudieron y no soportaron los primeros 6 meses, y mejor dejaban la escuela.

Tras esos 6 meses, Francisco fue aprobado y le dieron un asueto, por lo que visitó a sus padres, a los cuales les dio mucha alegría verlo, aunque un poco más flaco, pero ya bien curtido en su cuerpo, y don Emilio le dijo:

“Creo hijo que no en todos lados hay ríos de caldo, ni árboles de tortillas. Pero qué bueno que te has adaptado a la vida del cuartel”.

Francisco le aseguró:

“Pues papá Emilio la vida en el cuartel es muy diferente y todo a base de disciplina y trabajo. Y tú madrecita Sofía te ves bien, y vieras como extraño la comida, pero en fin, es la única forma en que uno aprende a apreciar lo que se tiene”.

Doña Sofía le dio un fuerte abrazo, así como sus demás hermanos, además de sus primos, pues también los hermanos de doña Sofía se habían quedado en Zitácuaro y formado sus familias.

Luego Francisco les hizo saber:

“Les vengo a avisar que he sido designado para ser mecánico aviador, pues encontraron mis superiores que soy más apto para ello, aunque siempre estaré al lado de los pilotos, porque mi labor es asegurar que los aviones estén en buenas condiciones”.

Don Emilio le dijo:

“Pues a echarle ganas mijo Panchito. Y ya veo que traes en tu uniforme unas barritas”.

Con satisfacción le dijo Francisco:

“Pues ya soy sargento segundo mecánico aviador, pues sobresalí en los 6 meses. A otros los mandaron de armeros, es decir poner municiones y bombas en los aviones. Pero todos somos un solo equipo, aunque para piloto inician como subtenientes”

Luego don Emilio le dijo:

“Hemos escuchado las noticias por radio de que México podría entrar a la guerra porque submarinos alemanes hundieron barcos petroleros”.

Francisco les expuso:

“Sí así es. Ya en la aviación nos han escogido a varios por sí nuestro país entra a la guerra. Y sí es así, nos entrenarán en Estados Unidos, y después de ahí, al frente”.

Don Emilio, cambiando el tono:

“Bueno mijo, le he preparado un borreguito e invité a nuestros familiares, así como a familias amigas. Y claro, aquí están varios de tus compañeros de niño, de la primaria Amado Nervo, como de la secundaria Nicolás Romero. Olvídate de los alemanes y de todas esas cosas y pásala bien”.

Francisco abrazó a sus padres y cuando llegó al patio de la hacienda, que estaba manteado, todos se levantaron, le aplaudieron y lo abrazaron. Ahí estaban quienes habían sido sus compañeras y compañeros de escuela. Y esa tarde estuvo feliz de estar entre los suyos, con los de Zitácuaro y en la hacienda, que tantas correrías y travesuras le vio de niño.

Incontables eran las anécdotas y todos reían al recordarlas. El mariachi, que encabezaba una persona de nombre don Hermenegildo Salazar, de la tenencia de Francisco Serrato, junto con sus hijos Leoncio, Tiburcio, Moisés y Manuel, amenizaron la comida durante varias horas y fue cuando alguien pidió Las Golondrinas, pues se derramaron muchas lágrimas, y para Francisco hubo muchas bendiciones “Dios te cuide hijo”, “Dios te acompañe”.

ALGUNOS DE SUS COMPAÑEROS PERDIERON LA VIDA, PERO ÉL MILAGROSAMENTE LLEGÓ SANO Y SALVO A TIERRAS MEXICANAS

Un 23 de febrero de 1945 Francisco y todos los integrantes del Escuadrón 201 fueron concentrados y abanderados en la base militar de Majors Field, en Greenville, Texas y entre otras cosas se les informó que las aeronaves insignias de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana serían del United States Aerea Force.

Posteriormente se trasladó a San Francisco California y el 27 de marzo de 1945 se embarcó en el buque Fairisle rumbo al Pacífico, una travesía que duró 33 días, para posteriormente integrarse a un convoy de 40 barcos al frente de la guerra.

Algunos de sus compañeros murieron en el conflicto bélico, mientras que Francisco llegó sano y salvo a tierras mexicanas y además de ser condecorado pudo contar un sin número de anécdotas de aquella travesía, en la que su participación fue heroica, siendo así el único zitacuarense en haber participado en la segunda guerra mundial.

 

 

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