El estrés escolar en la Infancia

Hasta hace menos de una década se ha contemplado el estrés en el medio escolar de forma general, como una sintomatología del individuo, relacionándola con una reacción a situaciones específicas, y como consecuencia de determinadas acciones que puede llegar a ejercer una persona sobre otra. La psicóloga Jessica Velázquez nos explica más afondo sobre este interesante y frecuente tema.
El estrés, es un desequilibrio que se da a nivel interno en el organismo, al no poseer lo recursos necesarios para enfrentar los retos de la vida cotidiana. El perder la homeostasis a nivel corporal, afecta los mecanismos de respuesta a nivel físico, motor y cognitivo. lo cual puede desencadenar bajo rendimiento en diferentes áreas, una de ellas en el ámbito académico. Por tanto, es necesario estar atento al desempeño de los estudiantes al interior de clase, a fin de acompañarlos asertivamente en el desarrollo de habilidades que les permitan lograr sus objetivos académicos, sin que el estrés sea un obstáculo para alcanzarlos.
El estrés en el ámbito académico, lo conciben como: “Una amplia gama de experiencias, entre las que figuran el nerviosismo, la tensión, el cansancio, el agobio, la inquietud y otras sensaciones similares, como la desmesurada presión escolar, laboral o de otra índole. Igualmente, se atribuye a situaciones de miedo, temor, angustia, pánico, afán por cumplir, vacío existencial, celeridad por cumplir metas y propósitos, incapacidad de afrontamiento o incompetencia interrelacional en la socialización”.
El estrés en la niñez se puede presentar en cualquier situación que requiera que un niño se adapte o cambie. El estrés puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva actividad, pero está vinculado con más frecuencia con cambios negativos, como una enfermedad o una muerte en la familia.
Usted puede ayudar al niño aprendiendo a reconocer las señales de estrés y enseñándole maneras saludables para manejarlo.
Información
El estrés puede ser una respuesta a un cambio negativo en la vida del niño. En pequeñas cantidades, el estrés puede ser bueno. Pero, el exceso de estrés puede afectar la forma como el niño piensa, actúa y siente.
Los niños aprenden a responder al estrés a medida que crecen y se desarrollan. Muchas situaciones estresantes que para un adulto son manejables causan estrés en un niño. Como resultado, incluso los cambios pequeños pueden tener un impacto en los sentimientos de seguridad y confianza del niño.
El dolor, las lesiones, las enfermedades y otros cambios son fuentes de estrés para los niños. Las causas de estrés pueden incluir:
Preocupación por las tareas escolares o por las notas.
Manejo de las responsabilidades, como la escuela y el trabajo o los deportes.
Problemas con los amigos, el acoso escolar o las presiones de los compañeros.
Cambio de escuela, mudanza, lidiar con problemas de vivienda o no tener dónde vivir.
Tener pensamientos negativos de ellos mismos.
Cambios corporales, tanto en los varones como en las niñas.
Divorcio o separación de los padres.
Crisis financiera en el hogar.
Vivir en un vecindario o en un hogar inseguro.
SIGNOS DE ESTRÉS NO RESUELTO EN LOS NIÑOS
Es posible que los niños no se den cuenta de que están estresados. Si los síntomas empeoran o se presentan nuevos síntomas, los padres pueden sospechar de un aumento en el nivel de estrés del niño.
Los síntomas físicos incluyen:
Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios.
Dolor de cabeza.
Empezar a mojar la cama o hacerlo frecuentemente.
Pesadillas.
Alteraciones en el sueño.
Molestia estomacal o dolor de estómago.
Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad física.
Los síntomas emocionales o de comportamiento pueden incluir:
Ansiedad o preocupaciones.
Incapacidad de relajarse.
Miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños).
Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista.
Rabia, llanto o gimoteo.
Incapacidad para controlar sus emociones.
Comportamiento agresivo o terco.
Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores.
Renuencia a participar en actividades familiares o escolares.
CÓMO PUEDEN AYUDAR LOS PADRES

Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable. A continuación, se presentan algunos consejos:
Bríndele al niño un hogar sano, seguro y confiable.
La rutina en el hogar puede ser reconfortante. Tener una cena o una noche de cine en familia puede ayudar a prevenir o aliviar el estrés.
Dé siempre un buen ejemplo. El niño lo observará como un modelo de comportamiento saludable. Haga lo posible por mantener su propio estrés bajo control y manéjelo siempre de forma saludable.
Sea selectivo con los programas de televisión, libros y juegos que los niños observan, leen y juegan. Los noticieros y los programas o juegos violentos pueden producir miedos y ansiedad.
Mantenga al niño informado de cambios anticipados, como los cambios en el trabajo o mudanzas.
Dedíquele tiempo de esparcimiento tranquilo a sus niños.
Aprenda a escuchar. Escuche al niño sin criticarlo ni tratar de resolver el problema de inmediato. En cambio, trabaje con su niño tratando de comprender y resolver lo que lo está molestando.
Fortalezca los sentimientos de autoestima del niño. Utilice la estimulación y el afecto. Utilice recompensas en lugar de castigo. Trate de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.
Dele oportunidades de hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida. Cuanto más siente el niño que tiene control sobre una situación, mejor será su respuesta al estrés.
Estimule la actividad física.
Reconozca los signos de estrés no resuelto en el niño.
Busque ayuda o asesoría profesional del proveedor de atención médica, asesor o terapista, cuando los signos de estrés no disminuyan ni desaparezcan normalmente.
CUANDO LLAMAR AL MÉDICO
Hable con el proveedor de atención médica, si el niño:
Se va abstrayendo dentro de sí mismo, está infeliz o deprimido.
Está teniendo problemas en la escuela o interactuando con los amigos y familia.
Es incapaz de controlar su comportamiento o ira.

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