Gastar no es hacer Ciudad

Por Pedro Núñez González

En Morelia, hace unos días se anunció la construcción por parte del gobierno del estado de un distribuidor vial en el entronque del libramiento con la salida a Mil Cumbres, con una inversión cercana a los 423 millones de pesos, licitación que fue adjudicada a un grupo de empresas michoacanas como se menciona en las notas periodísticas, dando a entender que se cuenta con el proyecto ejecutivo terminado. Un día después del anuncio el presidente municipal de Morelia señaló que hasta ese momento la obra no cuenta con licencias, ni permisos y urge a realizarlo de manera coordinada, señalando que estaba enterado de manera no oficial.

Dentro de las características que menciona la nota, están 4 kilómetros de ciclovías unidireccionales en las laterales, además de dotar de espacios públicos en bajo puentes, asumiendo que así se equilibrará el transporte vehicular con los medios no motorizados. Cabe señalar, que esta obra de infraestructura no se encuentra considerada en ningún instrumento de planeación municipal, por lo que existe la duda razonable de que sea una falacia el mencionado equilibrio entre la movilidad motorizada y la movilidad activa, considerando que no aparecen personas, ni se esbozan ciclo vías, ni espacios públicos adecuados en las imágenes que acompañan a las notas.

Poniendo en evidencia la falta de coordinación entre las administraciones estatal y municipal, que incluso trastoca el ámbito de atribuciones de cada gobierno, ya que a pesar de que los carriles centrales del libramiento de Morelia son competencia de la autoridad estatal, el impacto a la ciudad exige hacerlo de manera conjunta. Resulta importante para la eficiente construcción de la ciudad que anhelamos, establecer una postura ante este tipo de infraestructura enfocada a la movilidad motorizada y particularmente al auto.

El reporte modal en Morelia, según el estudio realizado por Transconsult en 2017, muestra que nos movemos en transporte colectivo el 40%, a pie el 32%, en automóvil propio el 26%, en taxi el 3 % y en bicicleta el 1%, paradójicamente la inversión en vialidades es la infraestructura de movilidad que más recursos económicos nos demanda, de todas las opciones que podemos realizar. La manera en que se invierte en la ciudad, desgraciadamente sigue siendo con políticas dirigidas al automóvil y no dirigidas al beneficio del mayor número de personas, si este fuera el objetivo, definitivamente estaríamos trabajando en el desarrollo de un transporte público eficiente, en una plataforma confortable y segura para quienes se mueven a pie y en bicicleta, para de esta manera modificar significativamente los modos de movernos en la ciudad.

Comparto dos reflexiones de lo presentado en el proyecto distribuidor vial Mil Cumbres, al no tener de manera pública la información técnica, la primera es que no se aclara, si se realizaron y están autorizados por las autoridades competentes los estudios necesarios para el desarrollo del proyecto, y el segundo, qué resolveremos dentro de la dinámica urbana de la ciudad con esta obra que costará 423 millones de pesos. Sin dudarlo, hay que apoyar las inversiones para la mejora de la ciudad, pero deben responder a un plan de desarrollo para lograr los mayores beneficios con los limitados recursos con los que se cuenta. En la realidad económica que vive el país, es imprescindible revisar el costo-beneficio de toda obra pública que se realiza y establecer instrumentos de medición de los impactos que generará en la calidad de vida de todas y todos los habitantes de la ciudad.

Es importante establecer cuál es la visión de ciudad que queremos, para plantear acciones puntuales bajo estrategias integrales de solución. Por ejemplo, el tema de reformar el transporte público, se desarrolla en muchas fases y ámbitos de acción, desde la adecuación de políticas públicas, hasta establecer un sistema integral de estacionamientos en la ciudad, el replantear rutas y evitar con ello que más del 62% de las 192 rutas de transporte público pasen por el centro histórico.

Existe una diferencia abismal entre las inversiones para mover autos y mover personas, por ejemplo, el proyecto de revitalización Avenida Madero Poniente, en el que se estima un impacto de 100,000 habitantes en aquella zona de la ciudad tendrá un costo de 120 millones de pesos. Para el proyecto de bicicleta pública que se extiende más allá del polígono del centro histórico la ciudad y se conecta con ciudad universitaria, se están gestionando 29 millones de pesos para ponerlo en marcha con un impacto de 40,000 personas, que sin duda modificará sustancialmente su economía por la necesidad que tienen para moverse en horarios preestablecidos. Sin embargo, como habitantes de la ciudad tenemos normalizado el fuerte gasto en infraestructura para el automóvil y no así, para la movilidad de las personas.

Debemos, como ciudadanos conocer y reconocer las buenas practicas que hoy se realizan en la ciudad, debemos procurarlas y señalar los desatinos, sin duda que pueden ser ajustables o mejorables, pero debemos ser objetivos en su valoración, haciendo preguntas simples y respuestas informadas, ¿Qué resuelve? ¿Cuánto cuesta? ¿A quién beneficia?. Así, evitaremos obras que terminan demandando muchos recursos y se convierten en interminables, de esto tenemos varios ejemplos en la ciudad.  El tema urbano es un indicador que esta directamente ligado al ejercicio de la democracia, no lo perdamos de vista.

* Pedro Núñez González es aruitecto con maestría en Diseño Avanzado, Consejero Ciudadano en el IMPLAN Morelia, colaborador de Colectivo Ciudad, su correo es colecciudad@gmail.com

Fuente: https://colecciudad.wixsite.com/ciudad/post/gastar-no-es-hacer-ciudad

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