¿Te quedas callada o te quedas sola? 

Por Débora Hadaza

Toda la sensación de exilio. De ser echada, repudiada. O te quedas callada o te quedas sola. Sola no por tu elección sino porque el otro decide echarte, porque no le interesa preguntarse tus preguntas, porque no le cabe cuestión a sus ideas, o símbolos vagos. Porque siempre debes estar dispuesta a decir las palabras correctas, en el timing correcto, con la actitud correcta. Si no, si algo no tiene sentido para ti, ya no sirves, rompes la ilusión, su ilusión. ¿Por qué crees que ese hombre te quiere cerca? ¿Por qué crees que cualquier hombre te tiene cerca? No se trata de inteligencia, de ideas, de belleza, de cercanía, de apoyo, de sagacidad, sexualidad, o amor. Se trata de serle agradable. A ese y a todos los hombres. Es decir, de uno en uno, porque tienen sus particularidades, a uno le interesa más tu belleza, a otro tu sensualidad, a otro tu inteligencia, y a él parecía agradarle todo, hasta que todo le molestó. Eres impertinente, eres angulosa, estás fuera de tiempo, tus palabras son demasiado grandes, estridentes, molestas, muchas.

O te quedas callada o te quedas sola. Y duele, no siempre. Algunas veces la soledad es una bendición. El silencio, es decir la ausencia de ruido de los demás se recibe como un mimo.

O te quedas callada o te quedas sola. Y amo estar sola porque no estoy callada, tengo tanto qué decir, qué decirme. Amo a la gente que le gusta oírme. Me amo y me gusta oírme, amo mi voz. Él parecía amarla. Y eso duele, porque parecía y porque ya no más. Y estar sola ahora significa que él me exilió. Parecía que estar sola era estar con él, que él podía llenar mi soledad con la suya, que la compartíamos y se convertía en una casa hermosa, confortable, portátil. A veces podía viajar a la luna, a Praga, a Paris, a la India, podía flotar en múltiples universos alternos, podía ser dulce y suave, sólida y transparente, acuática que se torna fuego. Él a veces fue mi hogar. Ahora me ha exiliado.

O te quedas callada o te quedas sola, y elijo quedarme sola. No regresaré del exilio, esta vez no. No importa cuántas veces me pidan regresar, porque sé que lo harán, ya no construiré de nuevo otra casa con nadie. Si he de hacerme una casa será mía y solo mía, porque amo mi voz y me pregunto mis preguntas, porque también tengo mundos que visitar y pasadizos que construir. Yo soy una constructora, una creadora de mundos, hay magia en mis palabras, yo soy un cosmos. No dejaré que nadie me exilie de nuevo, antes sin flujo que codificada, antes sin tierra que territorializada. Soy mujer, soy mi propia tierra. Tengo un útero, soy mi propia diosa, de mi voz nacerán universos, con mi voz formaré hombres y mujeres a mi imagen y semejanza. No volveré a esperar a nadie a cierta hora para crear un cielo, para hacer la luz, es decir el amor. Yo soy amor.

*Débora Hadaza es escritora, psicoanalista y mamá.

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