ARENA SUELTA

ARENA SUELTA.

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

SENSACIONAL

Las sensaciones que percibimos, en cada instante que nos permite la vida, son tan diversas y tan espléndidas que nos hacen recordar, sentirnos vivos. De entre tantos sentimientos tristes, negativos, positivos o agradables, abrace estos últimos.

Las manifestaciones de gusto o desagrado, por tal o cual cosa, son propias del ser humano y tan comunes como cotidianas, pues al probar alimento degustamos, al sentir frío nos cubrimos y con sed nos hidratamos. Lo mismo ocurre cuando por situaciones de la vida la soledad o la tristeza nos colocan en un estado de melancolía y desamparo o bien la euforia por lograr la meta o satisfacer plenamente algunas necesidades que nos colocarán en el bien definido placer.

El placer es saciarse hasta el límite de lo que uno desea o quiere y existen muchas acciones que nos permiten encontrarnos de esta manera y modo, como descansar si tiene cansancio, entretenerse para el aburrimiento y conocer frente a la ignorancia (solo por mencionar). La especie humana es tan singular que pareciera encontrarse en este sentido totalmente relacionada a las demás especies animales, pues la búsqueda por llenar vacíos, por saciar ganas o por cubrir deficiencias, es constante.

Los momentos en los cuales un hombre o una mujer entregan su afecto ferviente, uno al otro, y logran una estabilidad emocional, ha de causar el placer de estar con quien aman. Lo mismo que la satisfacción del hijo o hija que han logrado obtener un título profesional en la universidad, adquiriendo con ello un estado de felicidad inigualable. Los placeres deben tomarse en la medida del esfuerzo como un objetivo que se planteó y se ha cumplido y debe durar todo el tiempo posible depositado en quien lo experimenta y vive, pues nos hacen sentir el sentido que tiene vivir la vida.

Ya sea físico o mental por estar en condiciones aptas de salud, satisfaciendo las necesidades más básicas y primitivas o por recordar y psíquicamente descansar en la alegría, la comprensión y el buen humor, el placer debe ser no una búsqueda permanente sino un estado en la vida y fin primero del vivir en este mundo.

Debemos cada mañana, como al oscurecer, escribir en nuestra agenda de hojas papel, en nuestra computadora o en nuestra mente quehaceres que nos produzcan agradables sensaciones. Si bien tenemos que hacer mañana la compra de la despensa, pagar las facturas y/o llevar el auto al servicio, escriba además ir a caminar, trotar, asistir a clases de canto, ir al cine, comprar los boletos para la obra de teatro; estas actividades no deben dejar de estar nunca en sus tareas pendientes y constantes.

Si bien es sabido que somos lo que comemos, también es cierto que lo que pensamos nos identifica entre los demás, de tal suerte que esos pensamientos los damos a conocer mediante el habla o nuestro actuar y nos define en un sentido muy amplio frente a los demás.

Considerando que deseamos ser aceptados con otros, deberíamos ganarnos esa aceptación con un buen actuar y viviendo en principios bien definidos, que nos describen tal cual queremos nos sea visto, pues no se le puede venerar a quien no hace méritos para ello.

Aunque nos encontramos frente a un mundo de gente que suele mostrar admiración por los que actual mal, o quienes amasan fortuna en lo ilegal, vale la pena considerar que la vida es tan corta como para quitarle su sabor por estar recluidos pagando una pena bien ganada por hacer fechorías.

Comencemos hoy a escribir la novela, el cuento, el mito o la leyenda que le contaron; escribir es una forma de expresar que igual que cuando quiere decir algo que tenía guardado y lo dice descansa, el placer intelectual es un proceso por antonomasia, bien intransferible personal y superior. Si es usted una persona que vive placenteramente derivará en un ser empático, incluyente, amistoso y sobre todo feliz.

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