ARENA SUELTA

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

EL ARTE, LAS Y LOS ARTISTAS

Para comprender la historia de la humanidad, es necesario referirse a los actos que el propio hombre ha realizado, a las oportunidades que el ser humano ha tenido para marcar un periodo o una época y, aunque encontramos aquellos en los que por desgracia el actuar del hombre ha sido más que reprobable, por fortuna existen las creaciones que expresan profunda sensibilidad. A estos actos se les llama arte.

En el mes de abril, para ser exactos el día 15, desde el año 2012, se ha venido celebrando el día mundial del arte. Una fecha relevante para los creadores artísticos, así como para aquellos que disfrutamos de la estética, pues se trata de una fecha que bien vale la pena usarla para la reflexión y el análisis sobre cuánto se está creando, qué tan creativos somos y cuáles son las políticas que implementan los gobierno para favorecer el trabajo artístico.

Hasta el momento, los institutos municipales de cultura, en su mayoría, y salvo las capitales de los estados, cuentan con recursos efímeros, insuficientes e irrisorios para poder hacer talleres, muestras, conferencias, exposiciones, entre otras, y por supuesto que mejor ni hablar de acciones de mayor esplendor y envergadura. Solo los organismos estatales y federales encargados de la cultura son quienes han venido trabajando en México, bajo un esquema de convocatorias que en muchas ocasiones se han manejado a discreción y se han llegado a otorgar premios a amigos de los funcionarios, familiares y personas afines.

El esquema de apoyos a los artistas, creadores artísticos y demás comunidad relacionada al arte mediante convocatorias, ha sido rebasado una vez que no han sido suficientes y no han logrado hacer de México un semillero. Son pocos y de vez en vez de los que se sabe que por alguna disciplina ha tenido éxito en el país o en el extranjero, por ello ante esa realidad, se exige de centros regionales de arte que con autonomía propia y con subsidios bien definidos, que atiendan a cada una de las comunidades y sus habitantes, así como de sus municipios, desde donde se enseña, se aprende, se produce y se comercialice,además de gestionar todo aquello que producen los artistas.

Desde el siglo XV, claramente se diferenció entre arte y artesanía, la primera por su producción en serie y la segunda por la originalidad y unicidad.

Es con el Homo Sapiens, con quien surge la vida artística y con ello la belleza y la estética cobran vida, pues la función mágica y ritual religiosa, que originaron expresiones primitivas, han tenido una evolución sobresaliente, de modo que cada época y cada periodo han sido de características tales que fácilmente se pueden identificar, desde edificaciones o música, hasta expresiones dancísticas, literarias, plásticas, escultóricas o fílmicas.

Por otro lado, los artistas hasta cierto grado han perdido escenarios y con ello su producción y el número de sitios en donde llevar a cabo sus intervenciones.

Mientras hace años quienes cantaban, actuaban o creaban música, entre otros quehaceres artísticos, eran llamados a ser parte de la corte o tenían un lugar en los palacios, hoy no sólo muchos de ellos no pueden vivir bien, de lo que bien saben hacer, sino que deben dejar por un lado la actividad artística para trabajar en otras labores, una vez que ser artista o crear arte no solo es insuficiente, sino que todavía para muchos no es catalogado como un trabajo y por lo tanto también es mal pagado o mal valorado.

El arte, que se encuentra en todos lados, no está hecho para cualquiera. En realidad, esas obras que podemos apreciar en muros, en salas de concierto, teatros, foros abiertos o cerrados, son para quienes recuerdan tener unos ojos para ver más allá de lo simple, un olfato y gusto para mover las más exigentes papilas gustativas, o un oído de tal finura que al contacto con la magia de la música hacen que se olviden las penas más profundas, hasta hacernos estallar de felicidad.

Jamás pasará de moda el arte, como nunca sobrarán los artistas. Lo que hace falta es más público con capacidad de interactuar con lo bello y más gobiernos que consideran el turismo cultural como una política de desarrollo integran, en la que todos ganan. Porque con centros dignos y abiertos a la tarea artística, se tiene en que ocuparse, porque con actores, músicos o literatos hablando o presentando su trabajo no ha de faltar quien se sorprenda, quién quiera ser parte y quién se enamore del arte. 

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