ARENA SUELTA 

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

PANEM ET CIRCENSE

PAN Y CIRCO

La frase que refiere que al pueblo “pan y circo”, o el original: panem et circenses, es una de las locuciones de mayor uso en la descripción de la práctica que hace el gobierno, cuando ofrece espectáculo o sólo entrega dádivas, con los propósitos de mantener una pseudo tranquilidad u ocultar hechos que puedan alterar el orden social, al proveer a la población alimentos o espectáculos de baja calidad.

Los gobiernos populistas suelen desarrollar políticas asistencialistas, que llegan a darle a la sociedad todo o casi todo, procurando una solución inmediata, que no es duradera, y que en poco tiempo volverá a verse la mano extendida del ciudadano, al no realizar a la par algún proyecto o plan de acción que impida que ese hecho continúe.

La política romana del año 140 A.C., al parecer no ha perdido vigencia con respecto a las prácticas políticas mexicanas, pues se sabe que los políticos de aqueltiempo para ganarse el voto de los pobladores en base al clientelismo, regalaban comida y entretenimiento barato, alineando con ello al pueblo y despojándose de su espíritu crítico y analítico, aceptando lo que hacían o dejaban de hacer.

En la época romana se le daba trigo de manera gratuita a los ciudadanos y se pagaba por costosas presentaciones circenses, desde luego pago que no hacían los que gobernaban, sino la misma población que actuando como niños, se dejaban engañar y creían que era tan bueno su gobierno que les llevaba diversión.

Dar pan y circo a la población ha sido tan exitoso, vergonzosamente en la política a nivel mundial, que existen traducciones y aplicaciones en Europa o Asia; en España se decía o se dice “pan y toros”, mientras que Rusia “pan y espectáculo”, aunque siempre se alude a dar, para callar, o entregar para que la población haga lo que le conviene al que regala o da.

En el mundo son muchos los gobiernos que han optado por poner en práctica cada vez más continuamente darle pan y circo a su gente, porque les es más sencillo y práctico comprar su voluntad, sin embargo, penosamente ello perjudicado tanto a los ciudadanos que, les ha sumido en la pobreza por generaciones o han sido empeñadas sus vidas y las de sus descendientes.

Lo grave de dar alimento sin propiciar fuentes de empleo, es que cuando se acabe la despensa que se entrega, volverán a los mismos pobres de siempre, con más edad, y si la práctica es añeja, hasta con más hijos o bocas que mantener, por lo que destinar dinero para becas sin un plan que le dé un destino al dinero que vaya más allá que solventar los gastos inmediatos, omitiendo la inversión a futuro, se convierte en un círculo vicioso.

El pueblo tiene derecho a divertirse, pero también a ser educado, de modo que es responsabilidad de los gobiernos acercar la cultura y que el tiempo libre lo pueda ocupar cada quien en lo que quiera, pero con opciones y no sólo con la alternativa de ver la misma historia revolcada puesta en la pantalla grande.

La fórmula de dar pan y circo (si es que se le puede llamar fórmula), seguirá haciendo daño a la población si no está correctamente informada, si no crece mentalmente para que, en lugar de dejarse engañar como niño, defiende como adulto lo que debe recibir como muestra de retribución por el pago de impuestos o el fruto de su trabajo.

Seguramente los más de 280 mil asistentes al concierto, o baile masivo, que este domingo escucharon al grupo firme, que se ofreció en la Ciudad de México, estarán muy contentos y satisfechos por el concepto de gratuidad y por tener algo diferente que hacer en su fin de semana o día festivo, pero que bonito sería que sucediera lo mismo cuando se trate de algún foro indígena o con la orquesta sinfónicanacional, pues en gran medida la popularidad depende de lo que nos ofrecen o nos permiten ver y escuchar de manera constante.

Esperemos que el concierto no borré de la memoria de la gente el número de muertos que tiene el país, tras la crisis de inseguridad en la que nos encontramos, ni nuble la mente para aceptar la vida cara que nos está tocando vivir por la inflación, y sobre todo que no impida ver la pobreza enorme en la que aún vivimos en México.

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