¿Qué opinión le merecen las corporaciones policiacas de Michoacán?

Licenciado en Derecho, Joel Vera Terrazas: “En mi opinión, no confió en la policía de Michoacán, porque son corruptos y sobornables, parte de un sistema podrido. No hay confiabilidad por parte mía en las corporaciones policiacas”.

Maestro en Educación Básica Pedro Aguirre: “Seamos honestos, en México no existe un respeto real por la insignia policíaca. Desafortunadamente, en nuestro país, las palabras policía y corrupción parecen ser utilizados como sinónimos. Pero créanme cuando les digo, no es culpa del cuerpo policiaco. Existe una gran cabeza de hidra en el fondo de este problema: la falta de presupuesto (por la #austeridad), la aparente y nula capacitación, un salario poco digno y un excesivo uso de protocolos, aunado a ese ojo de Dios que llamaremos «derechos humanos» (que algunas ocasiones defienden más a los delincuentes que a los propios policías, pero X, ese tema podría ser harina de otra opinión).

“A pesar de todo lo anterior, existen «azules», que portan el uniforme con dignidad y decoro, porque llevan en la sangre ese amor por el servicio, personas que se comprometen por hacer bien su trabajo y, digamos que ese también podría ser otro «detallito», ya que dentro de esas filas existen personas que entraron ahí por necesidad o simplemente porque ya no había de otra, y justo estas últimas personas son las que en ocasiones desacreditar a las corporaciones, ya que podrían ser ese eslabón flojo que se quebranta ante las garras de la corrupción (uy que poético suena esto)”.

“Reconozco los esfuerzos de los gobiernos para profesionalizar y crear instituciones para formar a los nuevos policías, pero este círculo vicioso será difícil de romper mientras existan esos elementos cancerígenos, que corrompen a los nuevos elementos llenos de bríos y ganas de servicio al pueblo”.

“Por otro lado, existe una parte de los elementos que no cuentan con buena condiciona física (y mira que se los digo yo, que estoy gordo), que son la burla de propios y extraños, que médicamente hablando son un infarto latente con uniforme y que si jugáramos una carrera de 50 metros (porque no creo aguantar más distancia), sería fácil poder ganar (y mira que lo digo yo, que estoy gordo), hablamos de algunos elementos de tránsito, ellos que pertenecen a las corporaciones y al parecer son los que menos ejercicio hacen (tampoco yo hago tanto, sólo tengo bien ejercitados los pulgares), ya que su apariencia es poco heroico y gallarda, es más que obvio lo que ellos deben hacer (bueno, ellos y yo también)”.

“De igual forma, las funciones que han presentado en redes sociales, sobre la inconmensurable cantidad de fotos, sólo se pueden comparar como instagramera en campaña publicitaria, con poses tan poco naturales que son tan fingidas como la sonrisa de Barbara de Regil en live de Instagram. Aceptemos, muchas veces están más concentrados en sacar las mejores fotos en las calles, en las tiendas, ayudando a personas, caminando por calles desoladas o en escuelas (esto cuando había clases)”.

“Finalmente, el respeto y la confianza, como promesas de campaña, se deben de cumplir con hechos, no con simples y vanas fotografías”.

Maestro en Derecho Tayde González: “Ni se nos debe olvidar que las policías son personas como nosotros, de carne y hueso, que lo mismo sienten y sufren. Sin embargo, algunos elementos demuestran lo que los políticos, y otros seres a los que se les da poder sin estar capacitados para tenerlo; por ello, es conveniente que cada examen, para ser elemento, se base en la vocación de servicio”.

“Ni se debe olvidar que el trabajo de las policías es de proximidad y de prevención, no de coacción, ni de acción, sino de apoyo constante a la ciudadanía”.

“Confío en los buenos elementos que conozco, pero jamás confiaré en los que hacen que la corrupción sea su aliado, su amigo o su acompañante. El hombre o la mujer con tolete, que lo usa para someter, no merece ni el puesto ni un espacio en la sociedad”.

“Han sido tanto los agravios de la policía a la ciudadanía, que muchos han perdido la confianza en ellos”.

“Es necesario que en los cuarteles y durante la capacitación a los elementos policiacos predomine el adoctrinamiento al apego a los derechos humanos y la condición humana. Aunque si nos portamos bien, si el apego al derecho es nuestro actuar, no necesitaremos látigo que nos diga por dónde conducirnos”.

Ingeniero Agrónomo Víctor Manuel Torres Morales: “No son confiables, pues cuando necesitamos de ellos no responden y en el caso de compañeros de medios de comunicación han sido víctimas de ellos”.

Armando Linares, Periodista: “Que están plagadas de corrupción. No confío en ellas, porque se aprovechan del cargo para abusar del poder que les da un uniforme o un nombramiento, dañan a la sociedad, a la que ven como una caja fuerte de dinero”.

Licenciado en Derecho José Luis Salazar: “En las corporaciones policíacas del estado de Michoacán, al igual que en la mayoría de los estados, existe gente preparada, de principios, con sentimiento de servicio comunitario, empero también, existen elementos carentes de estos sentimientos y que lo único que hacen es perjudicar a la colectividad, ya sea porque les falta preparación o bien porque son infiltrados de grupos delincuenciales o amenazados por estos”.

“Tan grave es el desgaste, y lo hemos visto en diferentes desplegados o manifestaciones, que el ciudadano común y corriente, dice tenerle más miedo «a los policías que a los delincuentes» o bien que “no distingue entre policías y delincuentes». Todo esto en razón a que nuestros cuerpos policíacos se han venido devaluando moralmente, dada su falta de sentido común, preparación profesional, y ética en el cumplimiento de sus funciones”.

 “De modo que tenemos las dos opciones: o confiamos en ellas o no confiamos y cada ciudadano común y corriente tendrá su motivo o razón, para discernir porque confía en los cuerpos policíacos o porque no. Esto en razón a las experiencias que se han venido dando en su entorno social. A mi juicio no existe una regla genérica para establecer porque motivo confías o no en dichas corporaciones, atendiendo al dicho que hablamos «como nos fue en la fiesta».

Maestro en Educación Básica Ram Tziquim Rosas: En este caso el tema es bastante delicado como lo es siempre que se intenta opinar de quienes trabajamos con personas y no con materias primas.

Desde luego lo más sencillo sería la respuesta visceral que nos proveen, como sociedad, el cúmulo de experiencias desafortunadas que seguramente todos hemos vivido con alguna de las ramas de la policía Michoacán. Otro camino sería caer en la generalización de actos de barbarie y corrupción, negando así que también existen algunos elementos rescatables que realmente dignifican el oficio.

Ninguna de estas vías nos llevase a una justa valoración de la policía de nuestro estado sin ponderar la regla primigenia a la que son adiestrados todos los elementos: la obediencia ciega. Tomando este dato nos damos cuenta entonces de que la mayoría de los actos atroces que han realizado, han sido mandatados por sus superiores que no son otros que políticos que siguen órdenes corporativizadas del gobernador por quien detentan dicho cargo y a quien deben toda su obediencia. Al gobierno del estado no le conviene una policía ilustrada, culta, conocedora de su función social y de su verdadero «patrón» (el pueblo) puesto que empezarían a hacer cuestionamientos sobre la pertinencia de las decisiones políticas que interfieren en su trabajo que debiera ser el más noble de todos. Al gobernador le redituan más personas de escasos recursos, de formación académica incipiente, sin una idea clara de los derechos humanos y si con necesidad de un ingreso económico y un seguro social que permita la atención médica de sus familiares, visto así el gobierno lucra con la necesidad de estos ciudadanos y los adiestra en la obediencia para ser el aparato represor del estado en contra de quien el señor Aureoles determine aún cuando este casi nunca los use en contra del crimen organizado y si para uso exclusivo de apaciguamiento del descontento social; prueba de ello la dan los hechos del 14 de Julio de este año en la caseta de Feliciano de la autopista siglo XXI en donde compañeros profesores fueron desalojados por el crimen organizado en presencia de la policía Michoacan.

Visto así es lógico que no se pueda confiar en los cuerpos policiacos y que en algunos sectores de la sociedad sean detestados por sus acciones pero lo que hay que entender es que ese sentimiento de aversión no debe ser contra los instrumentos represivos sino contra quien los manda a cumplir actos específicos de represión, en contra del ahora indiciado por tortura en el caso de Ayotzinapa Carlos Arrieta, flagrante defensor de los michoacanos por orden de Silvano Aureoles de quien solo tristísimas actuaciones se recuerdan. En conclusión, si una policía es detestable es porque su gobernador así lo es para su pueblo y mientras menos confiable y más agresiva se muestre será directamente proporcional al fracaso en la administración estatal.

Terminaré diciendo que los policías sólo son peones del estado y son usados sin contemplación alguna, al final como dice la consigna de los maestros «esos de azulito, también ganan poquito», lo que nos hace hermanos de clase y los debiera obligar para luchar del lado del pueblo y no a favor del tirano.

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