Clases de regularización en casa

Clases de regularización en casa

Yanina Flores Guzmán.

Por: Marina Vilchis Herrera.

Más de 25 años de experiencia le respaldan, su primer trabajo fue ayudando a una trabajadora social a regularizar a niños de primaria, de primero a sexto grado, y de ahí empezó a ayudar a hermano, sobrinos, hasta que estudió administración industrial. Pero junto con el estudio seguía regularizando a conocidos, en materias de matemáticas e inglés. Hasta que finalmente se graduó y se fue un tiempo a vivir a Chicago, donde aprendió y estudio el inglés y cuando regresó vio que aquí, en Zitácuaro, había mucho comercio y es cuando decide dedicarse a dar clases de regularización, con un letrero en la ventana de su casa. Al principio un familiar comentó que eso no iba a funcionar y gracias a Dios a eso se dedica desde hace 25 años.

Asesora niños de kínder hasta personas de primer año de universidad, pasando por preparatoria, secundaria y primaria.

Ha tenido la oportunidad de asesorar en varios lugares, como Ciiudad Juárez Chihuahua, Chicago, Nueva York, California y Zitácuaro, ama su trabajo, por su mesa han pasado más de 10 000 personas a través de estos 25 años.

Las clases de regularización son asesorías que se les da a niños, jóvenes y adultos, para apoyarlos en temas donde van mal en su escuela.

Yanina Flores Guzmán se considera una entrenadora, porque les ayuda a pasar los exámenes, aprender a leer y muchas   veces ha encontrado grandes amigos, como la persona que está desarrollando esta crónica.

En estos tiempos de pandemia es básico tener   clases de regularización, porque en la mayoría de los hogares los papás no se dan abasto con las entregas de tarea, dejando bastantes huecos de conocimiento en los temas.

Existe, entre quien enseña y quien aprende, un contacto maravilloso: este es el hecho primordial. “Cuando me dirijo a mis estudiantes, todos ellos están bajo mi mirada, pero no como si yo tratase de espiarlos. Están vivos, y cuento con el hastío de algunos, la admiración de otros y con sus gestos de aprobación o de reprobación. Cuando alguna cosa alcanza a alguno de ellos lo percibo de inmediato. Hay entre nosotros sonrisas y complicidades compartidas, fervores comunes, y les digo que están ahí no para encontrarse con lo que en cualquier caso la sociedad les ofrecerá, sino para descubrir lo que ella jamás podrá ofrecerles y que encontrarán en obras magnificas, cuyo significado tratamos de descifrar, para toparse con la necesidad fundamental que no sabían que tenían”.

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