Despertar de la tierra

Despertar de la tierra

¿Clases presenciales permitidas?

Nuestra percepción, basada en el miedo, nos señala que aún no es tiempo de que las clases presenciales inicien. Pero es un miedo solo al grupo controlado de alumnos hacinados en una escuela, porque ese mismo miedo se perdió en las calles. Los negocios del centro están abarrotados, los cafés llenos, los centros comerciales con gran afluencia, solo las escuelas y los centros de trabajo están restringidos. La muerte no deja de tocar las puertas, la pandemia pasó a ser un habitante más de esta tierra. En Europa y América central las olas no cejan de hacer estragos, en México cada vez son menos los casos graves y las muertes se espaciaron.

 En enero veíamos la muerte muy cerca, amigos y familiares dejaron este mundo, familiares y amigos sufrían los embates de una enfermedad no tipificada por completo, un virus con cientos de síntomas, comunes con otras enfermedades y que al parecer está remitiendo, dando esperanzas al hombre de un nuevo comienzo.

 ¿Terminará pronto todo esto? Sabemos que no terminará, los ciclos de los virus son largos, un par de años ¿Remitirá?, sí, no sé sí para darnos confianza, o porque estamos en el pico bajo, e irá bajando al grado de hacernos confiar en que desaparece, pero es solo para tomar vuelo. Volverá, seguro que volverá ¿Con qué virulencia? No lo sabemos. Solo sabemos que volverá. Estamos temerosos de una tercera ola, llevamos una semana apenas después del retorno de las vacaciones, en enero bastaron 15 días para sentir la furia. Esperemos que la semana entrante no hablemos de una nueva oleada que nos llene de terror nuevamente y que este virus nos deje descansar y prepararnos para la siguiente oleada, que nos tome asegurados, con inmunidad total y que su llegada, en octubre o noviembre sea ligera, con poca mortandad, aunque tenga virulencia.

 Pero el panorama no es alentador para el hombre, las defensas están cada vez más bajas, tanto en los cuerpos como en la tierra. El hombre no ha modificado drásticamente sus hábitos, sigue comiendo basura, sigue consumiendo basura con la mente y los ojos, sigue dañando su entorno, el punto del no retorno ha sido cruzado, la tierra no puede con la carga. Si bien los científicos señalan al 2030 como el año en el que la tierra dejará de alimentar al hombre, tocará a su fin la reserva de nutrientes y comenzará el recicle o renovación, que ya empezó a mostrarse en todas las zonas en las que despertaron volcanes, que reciclarán las tierras cansadas y desnutridas, para devolverlas ricas en nutrientes para iniciar un nuevo ciclo.

 En la isla San Vicente y las granadinas el volcán La Soufriere dejó grandes capas de ceniza, que, si bien es molesto al principio, para la vida es un respiro. Las cenizas traen nuevas esperanzas en el reinicio de la vida, traen minerales perdidos por el monocultivo, perdidos por el uso excesivo de pesticidas y herbicidas y por la deforestación. Esto viene a equilibrar el sistema de suelos y puede ayudar a equilibrar el sistema de alimentos, tan deficiente en nuestros días. Los alimentos que estamos consumiendo, muchas veces no cuentan con los nutrientes que los cuerpos necesitan, son alimentos de diseño, bonitos, pero ineficaces. La tierra sigue haciendo su trabajo, aumentando en intensidad sus fenómenos, lista para resetearse.

La resiliencia del hombre es parte fundamental, junto con la prevención, que es anticipar los sucesos por su ubicación y su línea de tiempo, es jugar un poco con la estadística, para saber dónde dará el siguiente paso y que podamos movernos antes de caer en un embate, aunque algunos pobladores, ya por ignorancia o ya por pobreza no puedan hacerlo, como en Sudán, que está sufriendo inundaciones muy fuertes. No sabemos con certeza si sea común, porque de África no tenemos mucha información, pero al menos ya nos están informando de lo que sucede a nivel climático y de desastres naturales, desde hace una década, el Nilo Blanco ha tenido desbordamientos cada vez más graves, que han colapsado grandes áreas de la ribera en Sudán, se reportan desaparecidos pueblos enteros y sus habitantes se convierten en refugiados.

 Culpan desde luego al cambio climático y ya parece disco rayado, no nos culpamos nosotros, que somos los principales culpables de que las condiciones de la tierra cambien, y los que tienen el poder económico, en lugar de invertir en mejorar la tierra, están buscando como salir de ella, previendo un colapso inminente. Mientras tanto, la tierra es un caldero listo para el caldo de cultivo en proliferación de virus, bacterias y todos los parásitos existentes. Está prácticamente lista para la reducción “natural” de la especie humana, si es que esta no se extermina por propia mano. La forma en que estamos preparando nuestra propia destrucción es en seguir la misma línea que requieren nuestros depredadores, que no son los grandes carnívoros, son lo ínfimos carnívoros. Pequeños cuerpos, apenas visibles tras el microscopio, son los que nos ponen de rodillas.

 Sabemos por la ciencia que no nos van a exterminar por completo, nos necesitan para vivir, el cuerpo humano, lejos de la conciencia, la mente o el espíritu, como quieran llamarle a esa energía que nos hace distinto de los animales, somos solo un conglomerado de seres vivos, unidos en simbiosis para poder trascender, para poder seguir viviendo.

Los sucesos que estamos viviendo, año con año se recrudecen, ya no basta esperar décadas para ver como aumentan los daños e intensidades de los fenómenos naturales, basta revisar los antecedentes anuales, para ver que de un año a otro están siendo más virulentos, en Australia similar a Sudán, las inundaciones son cada vez más fuertes, las noticias señalan que son las más crudas en cinco décadas, y se tuvieron que evacuar a más de 18 mil personas, un total de 35 localidades permanecían aisladas desde el lunes pasado, la mayoría son de Nueva Gales del Sur, vimos también que en febrero tuvimos nevadas extremas es Estados Unidos, vemos ahora que en ciertos lugares del mismo Estados Unidos hay granizadas con grandes bloques de hielo e iniciamos con la temporada de incendios, que parece que estuviesen programados, en prácticamente todo el país se observan humaredas.

El hombre, como está manejando la pandemia, parece que quiere destruirse, se enfoca en lo urgente, y deja fuera lo importante, evidentemente la pandemia nos movió los hábitos, y debería servirnos para modificar todos nuestros patrones, pero pareciera que esperamos que nos abra una rendija y nos de una pequeña tregua para seguir cometiendo los mismos errores, queremos que se termine para seguir en fiestas, en consumo excesivo, en viajes, en parafernalia y ocio, no ha servido para mejorar nuestra convivencia, no ha servido para ayudar a la tierra en la simbiosis esperada, no ha servido para ser más empáticos con los demás habitantes de la tierra, pareciera que la pandemia es parte de una política mal empleada y que pasará sin hacer mella en los ideales, mucho menos en la espiritualidad de la humanidad, si llega la tercer ola, la siguiente pandemia o cualquier acontecimiento funesto lo tendremos muy merecido.

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