Despertar de la tierra

Día de la tierra. Es un día menos.

Nada parece afectar a la humanidad las llamadas de atención, las innumerables letras que se escriben para señalar que estamos viviendo en una crisis ecológica de grandes dimensiones. Pareciera que hacemos oídos sordos a los gritos desesperados de la naturaleza que pugna no por ser salvada, sino porque se le respete para que el hombre se ayude. Sabemos ya, que no es la naturaleza la que muere si es expoliada, es la suerte de la humanidad la que está en juego. La naturaleza, en el momento en que el hombre desaparezca volverá a regenerarse, lenta y paulatinamente, hasta alcanzar su nivel óptimo nuevamente.

La humanidad está absorbida por noticias nada agradables, la mente de la muchedumbre está vagando entre el miedo de una nueva ola de Covid19, una nueva ola de asesinatos en masa, o asesinatos por violencia, por noticias de nuevos grupos de corruptos, de campañas políticas, asesinatos de servidores públicos, asesinatos de defensores de la tierra, allí está su sino, vive inmersa en el panorama negativo donde sus más oscuros demonios viven, se solazan al parecer viendo tanta sangre correr en las noticias, y buscan entre ahogos y largos resuellos un salvador, a un héroe que les ayude con sus problemas. Mientras sus salvadores mueren junto con los malos y los que tienen la suerte de coincidir en el tiempo y en el espacio con ellos.

 La mente colectiva metida en esa dinámica de violencia, no toma en cuenta los llamados de atención que están surgiendo por muchos lados desde hace veinte años, referentes a las crisis medio ambientales. Pareciera que eso no es importante, el glamur y la parafernalia todavía pesan sobre el poder decidir sobre sí mismos. Mientras la muchedumbre pelea por la libertad de salir a consumir lo que el mercado les ofrece, algunas voces pelean por la subsistencia de la tierra, y gana más la voz aquella que pugna una libertad que no necesita, mientras la que debe defender, que es la libertad a la salud y a la vida, no le importa, porque no le hace verse bien frente a sus amigos, ya se ocupará cuando no le llegue agua a su casa.

Evidentemente las personas que han tenido a la mano los recursos que no lucharon por obtener, sufrirán cuando escaseen y como siempre, los que más sufrirán son los que no tienen recursos económicos para pagar la cuota que se les impondrá más tarde para surtirles el agua. Ya están viviendo escenarios de escases en gran parte del territorio nacional, en mayor o menor medida, la Ciudad de México es el termostato más efectivo de eso, hoy empieza a lanzar alertas, en varias zonas empiezan a racionar el líquido, esto se debe a la crisis hídrica en las cuencas que le suministran, como el Cutzamala que se está secando, y los que consumen el agua no se preocupan del origen del agua, ellos solo piden el servicio, sin preocuparse en que el problema es más grande de lo que la dependencia es, y por más que protesten ahora, si no se soluciona eso en el origen del suministro, nada lograrán, porqué lo que falta es agua, no dependencias, no organismos, esos se arman con hombres solamente, pero si no hay el objeto del programa, no tiene caso.

 Mientras en la Ciudad de México se prenden las alertas ante la falta de agua, en todo el país las personas que defienden a la tierra mueren en manos de la delincuencia que quiere seguir esquilmando impunemente, de 2019 a la fecha se lleva el conteo de 45 defensores de la tierra asesinados a manos de las mafias que lucran con los recursos naturales que no sembraron, que no cultivaron, que no cuidaron y que no son suyos, los problemas de la tierra desde luego se reducen al hombre y su incapacidad de entender que la tierra y él son un mismo organismo, que trabajan en simbiosis, y entendemos que cuando se desequilibra algún nutriente en un organismo se produce una enfermedad, aquí y ahora, somos solo nosotros los hombres la enfermedad de la tierra, hemos estado expoliando a la tierra por muchos siglos, es un verdadero milagro que sigamos con vida.

 A pesar de todo el daño que le hemos estado haciendo, este año, no tenemos mucho que festejarle a la tierra. Tenemos sí, mucho que regresarle, al menos el equilibrio que tan necesario es para la continuidad de la vida. Si bien, las fotos que muestra la NASA son alentadoras, pues ha aumentado la cantidad de áreas verdes, que son las áreas cultivadas, ese aliento es poco, porqué es gracias a la devastación de grandes áreas naturales que ayudan al equilibrio de los ecosistemas, con la agricultura y la ganadería hemos abarcado más de lo que la tierra puede soportar, con la construcción de nuestros hábitats estamos destruyendo y modificando los ecosistemas más allá del punto de equilibrio.

Pareciera que ya llegamos a la hora cero, aunque los científicos señalen que el día está cercano en el 2030, el 2021 es el día cero, ya no hay retorno. Las crisis se van a agudizar conforme pasen los días, hasta que lleguemos a un escenario nada favorable, ya sea una guerra por agua o a una inmigración en masa a lugares que todavía tienen agua sana. Vemos con tristeza que a pesar de las alertas, a pesar de los llamados a la cordura, a pesar de que mueren activistas defendiendo la tierra, las personas no toman conciencia mientras tengan en sus casas las comodidades que el progreso les da, a pesar de que el progreso tiene sus costos altos y las modas tienen la cara fea en los daños al medio ambiente; por ejemplo, vemos la isla de Holbox en Quintana Roo, que hace apenas 30 años era un lugar paradisiaco, con pocas viviendas, escasa urbanización, estaba en perfecto equilibrio, el día de hoy está muy urbanizada, que ya no parece isla, parece un poblado más de este país, con cientos de turistas asombrándose de lo poco que queda como belleza natural.

 En estos días han denunciado que con maquinaria pesada se abren callen en manglares, arrasando con lo poco que queda de naturaleza, tal y como pasa en todo el litoral caribeño, desde Yucatán hasta Campeche, que abren calles y como por arte de magia aparecen hoteles y centros de diversión, como si destruir la selva y las playas fuese eso: solo diversión. El día de mañana iremos a visitar pueblos con vestigios naturales, tal y como pasa en el centro del país, que ya solo nos quedan las ruinas de los edificios antiguos como hitos de visita y lo demás, la uniformidad de la construcción comiéndose el paisaje, cajas y cajas de cemento sustituyendo a la naturaleza, en un afán imparable de alimentar egos, creyendo que el hombre gana, produce y construye, cuando en realidad, con cada árbol derribado, se acaba la tierra, los paisajes pierden encanto y ganan en cajas donde habitarás tú un día o dos cuando vayas de visita.

 Así como el Holbox y la Península de Yucatán se pierden lugares naturales gracias a la voracidad consumista del hombre, así se pierde naturaleza y vida de hombres amantes de ella por todo el país. Mientras las personas no entiendan que debemos modificar nuestras costumbres y nuestra forma de ver a la vida, iremos directo al fracaso, y el día de la tierra no tendrá quien la festeje por algo que ella no provocó, porqué el hombre morirá por sus propias prácticas. Yucatán empezará a entrar en crisis de alguna manera al tener un crecimiento urbano sin precedentes, porque requiere de servicios y alimentos para toda la población que está llegando. Esto no deberían permitirlo, porque se les avecinará una crisis enorme, pues sus cuerpos de agua son subterráneos y sus depósitos de desechos también y en muchos casos se mezclan.

 Quizá sea esto una de las causas de la desaparición de las antiguas grandes ciudades, que tenían un crecimiento enorme, tal y como se ve que lleva la proyección la península, y para surtir la creciente demanda de alimentos, se están instalando enormes granjas de animales en toda la región, estas granjas son un dilema existencial, pues son muy agresivas con el medio ambiente, contaminan los mantos freáticos y son muy criticadas por los ambientalistas locales que no han podido frenar la deforestación de grandes extensiones de bosques, y no podrán porque las leyes solo sirven para aumentar la carga burocrática y justificar algunos empleos, no sirve para defender a la tierra, pues se sigue construyendo en todo el país, los programas sociales que están destinados a cuidar bosques tampoco han servido de mucho, ya que los campesinos talan bosques, para sembrar otros y mantener sus apoyos, algo contradictorio en sí.

 En lo que sí avanzamos, es en el ranquin de los países con mayor pérdida de biodiversidad en mundo por año, estamos entre los diez países que más riqueza forestal perdemos al año en el mundo, las bandas organizadas del crimen no solo deforestan sin contrapesos en Guerrero, Chiapas, Michoacán, Chihuahua y Durango, lo hacen en plena Ciudad de México, donde la mancha urbana se está comiendo paso a paso las áreas protegidas.

Comentábamos de la crisis de agua que se avecina y que no estamos preparados para enfrentarla, el escenario no es nada halagüeño, no solo la famosa cuenca del Cutzamala está siendo sobre explotada y no solo esa sufre ante la falta de abasto y llenado de cuenca, por todo el país están surgiendo focos rojos, todos los embalses que surten de agua potable a los principales centros urbanos están muy por debajo de su capacidad, comparado con el año pasado y con años pasados. Decíamos de Cutzamala, ese vaso está es su nivel más bajo en 20 años, lo mismo pasa con la presa de Cointzio que surte el 30% del agua a la ciudad de Morelia, se encuentra a un nivel preocupantemente bajo y los lagos de Pátzcuaro y Chapala secándose a ritmos acelerados y cada vez más contaminados.

 Mientras el lago de Cuitzeo se convierte en un erial triste, ya es un desierto en un 80% de su extensión, parece que este ya lo hemos perdido, como se están perdiendo muchos cuerpos de agua, basta solo buscar donde se están secando y veremos que el problema es nacional, Laguna Lagartos en el norte de Veracruz, en su peor nivel en 20 años, ejemplos sobran, como sobra decir que el jueves fue Día de la Tierra, no hay mucho que festejar, salvo el que algunos sigamos con vida, a pesar de nosotros mismos.

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