​Despertar de la tierra 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Nadie puede decir que no nos avisaron

¿Ya pasó el día cero? Es una pregunta que me he venido haciendo. Cada día que pasa, consideramos el día cero el día en donde ya no existe retorno. La vida del hombre está en riesgo y ya no hay manera de corregir el rumbo, pero mi mente positiva, que incita al desarrollo y a la resolución de problemas, sigue insistiendo en que aún hay esperanza para la humanidad. Pero la humanidad ni se entera de que está en riesgo, sigue su vida normal, sus pleitos normales, sus desafíos normales, haciendo eco de todas las campañas propagandísticas de una vida mejor pintando de verde sus caras y fachadas. Somos en conjunto un dechado de incongruencia, batallamos para identificar que somos la raíz del problema, porque la opinión de la mayoría dice que otros tienen la culpa, nosotros no. Sin saber siquiera que no solo nuestras acciones son responsables de las consecuencias del declive de la sociedad, también lo son nuestras palabras y nuestros pensamientos.

El día cero llegó, y fue ayer, y quizá no podamos salvar a todos, pero podemos salvarnos a nosotros mismos. Las acciones que efectuemos hoy, las aportaciones que nuestro pensamiento deje a favor del planeta, es lo único que podrá salvar al hombre, a aquel hombre que busca ser mejor cada día, aquél que se preocupa por los demás, sabiendo que a través de los demás será salvado, pues nuestra salvación está basada en el trabajo de la colectividad, no en la personalidad, un ser solo, no logrará el éxito. 

El día cero ha llegado, ya no tenemos salvación como sociedad, nuestra salvación debe ser individual y de esa individualidad empezar a trabajar una nueva conciencia, es un trabajo de desprogramación y desaparición de valores anacrónicos, por unos nuevos valores que respeten a la tierra y al universo, por la aceptación de que la vida no es solo aquí, sino que somos seres universales y que nuestra comunicación con ellos se dará de una u otro manera y que nuestra permanencia se basará en las acciones que hagamos de aquí en adelante. pues nuestra única expectativa es la acción a favor de la vida, debemos empezar a razonar el cómo es la vida, el cómo se manifiesta, el cómo se identifica, contra aquellas ideas de destrucción camufladas con comodidad, con lujo, con nivel de vida. Esa falsa vida es la que ha destruido a la vida correcta.

Hoy, en un ejercicio de justicia, el vivir con austeridad, aunque aupada en la necesidad, es la mejor vida. Las personas que han experimentado las carencias, se han permitido el lujo de evitar todos los elementos dañinos del progreso. Puede pensarse que es todo lo contrario, pero en el sentido de la vida, las carencias los han blindado contra las enfermedades del siglo, las que han hecho que la tierra se convirtiera en un lugar peligroso para vivir, en un lugar con mucho riesgo para desenvolverse. Aquellos que no han logrado envenenar su cuerpo con los “alimentos” modernos, vivirán una vida más relajada y tranquila en salud física, aquellos que no han logrado ponerse en contacto con la mercadotecnia consumista, sobrevivirán al ego y a la envidia que provoca problemas de ansiedad y estrés, están blindados contra la violencia que genera el querer tener. 

La sensación de éxito basado en la cantidad de dinero tiene enferma a la sociedad y enferma a la tierra, el consumismo ha logrado dañar tanto a la tierra, que ya no vemos el punto de no retorno, hemos ido más lejos y seguimos con energía suficiente para continuar dañando, no solo al planeta, sino a la mente de las personas. Hemos basado el éxito en la posesión de las cosas, que, si llega una pandemia nueva, las posesiones no servirán de nada. Vamos a ejemplificar algo que empezó apenas en 2020: muchas personas que se metieron en la espiral de miedo del Covid19 murieron, muchas de estas personas tenían posesiones, muchos eran inmensamente ricos, tenían a su entender la vida resuelta económicamente y de pronto llegó la crisis, la pandemia y los tiró al piso, todos ellos, con mucho o poco de posesiones se fueron muriendo y las cosas, las riquezas, la forma en que interpretaban tener la vida resuelta se les esfumó. 

Las posesiones fueron reducidas a nada en algunos casos, en otros de nada le sirvieron, si lo que necesitaban era aire, era salud y veían con tristeza que muchos que creían no merecían vivir, estaban vivos y con salud, mientras ellos, en la cumbre del éxito, estaban muriendo. La enfermedad nos puso a pensar en otras formas de ver al vida, en otras formas de ver al mundo, que efectivamente el dinero y las posesiones solo le daban un estatus efímero entre su círculo de amistades o conocidos, que a la hora de la verdad, cuando estás al borde de la muerte preferirías cambiarlo por algo que es gratis: ni sus amigos, ni su círculo de amistades, ni sus posesiones eran capaces de proporcionarle aire, y no podías tenerlo a pesar de mostrarle todas tus credenciales, el aire se negaba a entrar en ti, allí envidiabas, si es que se puede envidiar en esa situación, a aquellos que sin dinero estaban llenando sus pulmones de preciado aire.

 

En situaciones extremas eres capaz de prometer regalar todo, con tal de que la vida te regale más tiempo y te permita respirar. Pero generalmente ya es tarde, nuestras acciones y nuestros pensamientos nos hacen llegar a las experiencias que debemos experimentar al borde de la muerte, no le damos importancia a lo que tenemos, sabemos que ese día puede ser el último y nos sentimos presionados a vender nuestra alma a camio de todo lo que poseemos, no nos importa lo que tenemos, solo queremos un espacio de tiempo más en este mundo para poder hacer lo que hemos querido, no solo perdonar, no solo disculparnos, no solo amar a quienes amamos, sino amar a la vida misma, pues toda la vida anterior no le pusimos mucha atención. 

Lo digo con conocimiento de causa, una vez que sales del cuerpo, todo es paz y tranquilidad, pero el proceso es el complicado, el sentir irte, el sentir pasar la línea entre la vida y la muerte es lo traumático y lo desagradable, regresar no lo es. Cuando regresas de una situación así, te sientes más comprometido contigo mismo y con los demás, empiezas a buscar las razones por las que regresas, empiezas a cuestionarte el destino de tu vida, si vale la pena regresar para experimentar algo distinto, para poder cambiar el pensamiento colectivo con tus ideas y acciones, pues la vida, tal y como la conocemos, solo puede ser modificada si uno mismo modifica sus patrones de conducta, nuevamente

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Los cambios en el mundo, en el clima, en la geografía,producto de lo que llamamos el cambio climático, la única expectativa que nos queda es la acción, es repetitiva frase, pero no queda más remedio que repetirlo hasta la saciedad, para que no digan mañana que no se los dijimos, ya estamos más allá del bien y del mal, las enfermedades, inducidas o no, producidas con un fin maligno o no, nos pondrán en jaque. Parece ya un juego malvado de seres sin alma el que estén apareciendo miles de enfermedades, o cepas de las mismas en todo el mundo. Pareciera que nos quieren matar de miedo o normalizar la enfermedad, como siempre, culpando a otros, y que mejor culpar a losgrupos minoritarios, que tienen practicas nada honorables, como comer murciélagos o practicar zoofilia.

Lo cierto, es que nuestro contacto con miles de virus y bacterias poderosas es mayor cada día, mientras que nuestros sistemas inmunológicos están cada vez más debilitados gracias a la modernidad, gracias a los patrones de consumo en alimentos, gracias a nuestra facilidad de soslayar el riesgo de ingerir medicamentos que tienen reacciones secundarias agresivas y adversas. Hemos dañado tanto a nuestro cuerpo, que nada impide dañar a la tierra. Sin analizar que la vida es un estado frágil y que el hombre también lo es, a pesar de que el hombre se siente omnipotente y omnisciente, el coronavirus nos mostró nuestradebilidad y nuestra fragilidad. 

Los fenómenos naturales muestran día a día con mayor brutalidad también nuestra fragilidad técnica, que día a día tenemos que esforzarnos por interpretar los patrones de destrucción, para poder construir estructuras más fuertes, más rígidas, más maleables, más poderosas, que puedan resistir a los embates de la naturaleza. Más las mentes no buscan solucionar los problemas de raíz, solo buscan paliativos. Lo mismo pasa con todo lo que rodea al hombre, los llamados “alimentos”, son solo paliativos, los medicamentos son solo paliativos, las viviendas de ahora, son solo paliativos, los pensamientos de superación enseñados en la academia, son solo paliativos. Ninguna acción del hombre está enfocada a atender la raíz del problema, y la raíz está en la conciencia colectiva que ha sido desviada del destino propio de la vida del hombre y del universo. 

La mayoría de las acciones del hombre son realizadas a favor del hombre, lo demás es solo accesorio u objeto para subir en el estatus del hombre sobre el hombre mismo, a la tierra y toda la vida en ella no se le toma en cuenta, solo se le usa, eso ha permitido que el hombre use todo de manera indiscriminada, incluso, usa al mismo hombre para su beneficio, usando el poder que él mismo se ha creado, bastará dejar a esos personajes sin poder, para poder descubrir su podredumbre mental, y la forma en que se arrastrará para poder conseguir sus fines.  

El hombre para poder mantenerse con vida en la tierra debe tomar acciones fuertes, determinantes, debe hacer una economía más sostenible o sustentable, tal y como lo entendemos hoy, para que las sociedades recuperen la salud, y la solución no es gravar a las energías contaminantes, sino reducir el consumo, dejar reducido al mínimo el uso de las industrias y eliminar del subconsciente del hombre, que solo se puede ser poseyendo algo, se debe promover el amor del hombre por sí mismo, por toda la vida existente en la tierra, por la tierra misma, es usar a la tierra a favor de la tierra misma, al final, el hombre, por más que posea, su cuerpo tendrá que integrarse a la tierra, que es a donde pertenece, las restricciones deben ser mediante la conciencia, no mediante leyes. Ya les avisamos.

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