Despertar de la tierra  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Perdimos la riqueza, ahora solo tenemos autos

Caminando por las calles de mi pueblo, mientras pateo los guijarros que se cuelan entre las hierbas, mi memoria viaja a un pasado entrañable, mi memoria se vuelve sepia, se pinta de blanco y negro, las casas de adobe surgen añosas, con partes diluidas por la lluvia, los tejados con sus tejas patinadas de hongos grises en esta época. Sonrío y los vecinos me devuelven la sonrisa, ni cómo explicarles que no son ellos los que me la sacan, pero los dejo hacer, no les cae mal alegrarse el día. El sol me calienta la testa y me revuelve las ideas.

Me paro en una calle hoy pavimentada, antaño empedrada. Se han perdido las dos líneas de rocas grandes que dividían los carriles, ahora no sabríamos como encontrarlos, nos guiamos solamente orillándonos cada uno más cargado a su flanco. Los hoyos han dominado al asfalto, las viejas piedras se han ido, el polvo sigue siendo el mismo, con más suciedad, pero el mismo; a lo lejos, la escuela se pierde en una reverberación calurosa.

Parado como estoy, al centro de la calle, siento nostalgia. Ya no soy un niño, ya no están los viejos con los que platicábamos de espantos. Los viejos somos ahora nosotros. Todo es distinto, los actores no somos los mismos, aunque tengamos los mismos nombres, aunque nos identifiquen como hijos de esta tierra. Recuerdo con fuerza aquellos días, cuando todo era opulencia. Éramos ricos y no lo sabíamos, nos sobraba corazón, palabra y valores, éramos ricos, y hemos empobrecido.

Decían los viejos en aquellos días, que en aquellos tiempos a los perros se les ataba del cuello con chorizo para que no salieran a ladrar a los transeúntes, y del chorizo de Huetamo, para que les dé chililla, ja, ja, ja, ¿No saben que significa “chililla” y abuso de eso? No es abuso, solo que me junté con mis paisanos estos días de asueto y me hicieron recordar el léxico que usábamos por allá en la tierra caliente y se me pegaron nuevamente algunos. Bueno, solo los recordé y me salió naturalito. 

Chililla, significa envidia, y claro que les debe de dar, el chorizo de Huetamo es de los mejores del país, incluso por arriba del de Toluca. Imagínense lo bueno que está, dicen los de Huetamo con orgullo, que su chorizo si es de pura carne, y los que lo consumimos se los agradecemos.

Bueno, les decía me llegó el recuerdo de aquellos días de opulencia, aunque solo los haya vivido en las frases matonas de los abuelos sin entenderla, sé ahora que, si vivíamos en Jauja, en una riqueza inigualable. Riqueza no en la forma en que la entendemos ahora, no en dinero, no en posesiones, no en acaparamientos, no en soberbia… de hecho, las frases solo eran sátira. La forma en la que lasusaban, era para explicar que en toda vida hay días con bonanza, que hay días buenos, que no todo es negativo, que no todo es pobreza y que no todo es dolor, y estoy de acuerdo con ellos, éramos muy ricos y vivíamos en la opulencia.

Por ejemplo, éramos ricos cuando podíamos disfrutar de un mango recién cortado, sin que hubiese pasado pos sus follajes ningún herbicida, ni fungicida, ni fertilizante químico, nada que te trajera perjuicio al cuerpo posterior al consumo, y el estar allá sentado a la sombra del propio árbol de mago, disfrutamos de su miel, hasta dejar el hueso o semilla blanco de limpio. Era excepcional.

Éramos ricos cuando podíamos beber agua directamente del río, junto con nuestros perros, vacas, chivas y caballos, sin el miedo a enfermarte del estómago, ni morirte de envenenamiento. El agua, aunque turbia en temporada de lluvias, se tomaba sin miedo, el olor que traía de la sierra era soberbio, parecido al petricor de la lluvia, la humedad y el fresco eran gratificantes. Todo era simple, solo llegábamos al río, nos empinábamos y bebíamos, llenábamos nuestros guajes, que usábamos como cantimplora, los tapábamos con un jilote y listos, a beber todo el día, sin tener que purificarla, bajaba pura. Hoy, tenemos que pagar por agua “limpia”.

Éramos ricos cuando podíamos salir a jugar con total libertad en el llanito, sin el miedo a que te atropellara un auto, sin miedo a ser asesinado por los desubicados mortales. Éramos ricos cuando se jugaba al trompo, las canicas o cuando creábamos nuestros propios papalotes y esperábamos las rachas de viento veraniego, éramos ricos cuando dormíamos con nuestros perros, que comían en nuestro círculo, sin miedo a las enfermedades, éramos ricos cuando fabricábamos nuestros propios juguetes, como aquellas hermosas ruedas de alambre, que eran empujadas por otro alambremediante una “U” invertida en la punta, solo era el desperdicio de los rollos de alambre de púas. 

No teníamos la presión de Santa Claus, vivíamos ligeros, sin pensar en que algún ser imaginario tuviese la obligación de traernos nada más que un juguete el 6 de enero, éramos menos exigentes, conocíamos menos mundo, el progreso no nos llegaba con facilidad como ahora, no había tanta oferta, no sabíamos que pedir, así que pedíamos cosas que veíamos, y allá, solo llegaban cosassencillas. Ahora, en ápocas convulsas, la sencillez se convirtió en un lujo, que hoy parece inalcanzable, algunos nos estancamos en el tiempo, queremos detenerlo y solo nos alcanza para usar la memoria, pero aquellos días quedaron atrás, solo rastrosquedan en nuestro inconsciente. 

Los días de ahora, tristemente serán la memoria de riqueza de nuestros hijos y de nuestros nietos, ¡Vaya riqueza les hemos dejado! Les hemos expoliado tanto las riquezas, que solo les queda basura, los hemos dejado las sobras, lo que no usamos porque no es bello, ni luce en armonía al color que tenemos en nuestra ropa. Es una tristeza la herencia que se les quedará, los marginamos a tener solamente, no les dejamos vida, solo miseria, ya somos pobres y no lo sabemos, ya solo tenemos auto, casa, ropa, alimentos, medicinas y agua entubada, pero cada uno de estos servicios trae junto con pegado enfermedades del cuerpo y del alma.

El dinero envenenó a muchas almas, los alimentos que tenemos, que ni siquiera sabemos si lo son, nos han enfermado el cuerpo. Nuestro declive empezó como los barcos que empiezan a hacer gua, entra en pequeñas porciones, una mancha de humedad, después una gota… esa pequeña fisura nos la crearon allá en los años 60, cuando empezó la industria alimenticia a producir comida enlatada, y paso a pasito, siempre firme, ha logrado hacer un gran socavón en el casco del barco, llamado sociedad. 

Mediante la manipulación de la información, han creado una corriente negativa disfrazada de positividad, han quitado la salud informando que la crean. Vean el grado de descaro, al refresco más consumido le dicen la chispa de la vida, a otro que era sano hasta para los enfermos, y lo tomaron los enfermos. Los aceites vegetales dicen que cuidan el corazón y lo enferman, que las medicinas te curan de prácticamente todo, y te mantienen adicto y enfermo, mientras tú vas cayendo pesadamente en los brazos de la manipulación, y las personas del vulgo, las mayorías han sido la presa más fácil del engaño, por la ignorancia.

Ese engaño los mantiene aún atados al consumo, ya no hay resquicio donde la industria no tenga su mano metida, por todos lados te tienen copado. Desde luego si te dejas atrapar. No todos quieren ser parte del sistema, hay personas mayores de cincuenta años que se resisten a comer alimentos enlatados, se niegan a tener tecnología, viven únicamente con lo que les da su huerta y sin telefonía, y se ven tranquilos, más sanos que aquellos que participamos de los avances de la ciencia.  

No quiere decir que la ciencia sea mala, lo malo es que no te adviertan que todo aquel producto donde interviene la ciencia y se señala como natural y sano, no lo es. Una manzana puede no ser una manzana, una miel, puede no ser una miel, todo es manipulado y copiado. El maíz, tiene múltiples variedades manipuladas, copiadas y mejoradas, el mejoramiento es para que el producto sea más prolífico, más resistente a plagas y, por lo tanto, mástóxico para los humanos.

Las plagas no dejan de ser animales, seres vivos, si ellos se intoxican con las plantas modificadas,evidentemente nosotros también. La diferencia es que ellos por su tamaño son más susceptibles, nosotros no, a nosotros nos costará tiempo darnos cuenta del engaño, hasta que caigamos en cama gracias a ello.

La modernidad pareciera una bendición, pues trae comodidades, pero el costo que estamos pagando es muy alto. La salud de la inmensa mayoría de las personas está ya comprometida, las cifras de enfermedades crónicas van en aumento, las muertes por complicaciones derivadas de estas enfermedades van en aumento, lo mismo que la riqueza de los dueños de la industria. Lo único que va para abajo, es la riqueza de la población, la salud de la población y la moral de la población. Todo influye, la tierra y sus energías no han sido lo suficientemente convincentes para modificar los patrones de pensamiento de las personas, no ha logrado equilibrar esa necesidad de tener, de acumular, de generar dinero con lo abundante que la tierra es.

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