Despertar de la tierra

Despertar de la tierra

Despertar de la tierra
Por:José Luis Valencia Castañeda
Caminar nos hace fuertes
Cada día que pasa me sorprendo a mí mismo siendo un personaje distinto. Cada día pienso que he cambiado, paso a paso voy caminando hacia un derrotero distinto, a pesar de sentir que camino hacia donde mismo. Recuerdo hace cuatro años, por estas fechas caminaba rumbo a Tequila Jalisco, y me paré a admirar un pequeño arbolito de escasos cuatro metros, todo esplendor amarillo. Empecé a preguntar y me dijeron que su nombre era lluvia de oro. Me fui con esa idea.
Pasaron 4 años para poder entender el porqué de esa fascinación por ese colorido, y no eran las flores amarillas, no era que fuese en aquel lugar un triste árbol solitario, era que mi ignorancia me jugaba una mala pasada. Hoy caminando por los caminos nuevamente de Jalisco encontré otro arbolito, solo en el camino, con un amarillo brillante muy fuerte. Ya no lo vi triste y solitario, lo vi alegre, demostrando que la naturaleza está viva en todos lados.
Eso me obligó a levantar los ojos y abrirlos a esa experiencia, que no es nueva, pero que está siendo contemplada con nuevos ojos. El árbol no es lluvia de oro, es un Guayacán, el del camino a Tequila y para ser más preciso el del Arenal, también lo era, y quizá lo es, puede ser que aún esté allí, floreciendo como cada año, a ese árbol también se le conoce como Palo Santo o Palo de Hierro, originario de América, de los géneros Tabebuia, Caesalpinia y Guaiacum.
Ahora sé también que es una especie en peligro de extinción por la explotación extensiva a la que se le ha sometido. Algo que los gobiernos no están interesados en combatir, por qué no deja votos, mientras que explotar ilegalmente los bosques sí deja dividendos, a ellos y al crimen, ¿O será lo mismo?, no lo sabemos.
Lo que sí sé, es que ese árbol me abrió nuevamente los ojos hacia una nueva realidad; es que llegó la primavera, y las flores es una manera de llamar la atención a los animales que apoyan en la polinización. Aquí la primavera no es el derretimiento de los hielos invernales y la caída de grandes cascadas de agua fresca, ni la salida de grandes osos que habían estado hibernando, la primavera se manifiesta por una fiesta de colores muy vivos, que me hicieron ver a la naturaleza desde otra perspectiva.
El pequeño arbolito sobre el camino me hizo levantar la vista, y vi que muchos de ellos había en derredor. No eran un bosque en sí, pero estaban allí mostrándose majestuosos, alegrando la mirada de nosotros. Estaban allí demostrando nuevamente que la vida debe florecer día con día, que los personajes o seres que estamos vivos debemos hacer nuestro trabajo con alegría, y que la tristeza es solo la mente simplona y fofa de quienes no sabemos fortalecerla.
Ahora, con la mirada feliz empecé a admirar toda muestra de vida y sentí regocijo al ver que no solo eran los Guayacanes los que emergían a la nueva vida. Como si el renacer fuese un pacto de amor, en donde todos entregaban lo mejor que tenían para que la vida fuese apreciada.
También estaba las Parotas, enromes árboles llenos de vida, ya con la semilla en maduración, algunos aún con ella verde. Muchos empezaban a tirar las semillas, truco para atraer a los animales mediante el alimento, para que estos las acarrearan y depositarán en los alrededores, para poder medrar.
La Parota, para mí, es otro de los árboles excepcionales, por las bondades que nos hereda. Lejos de la madera preciosa que puede adornar nuestras casas, es la calidad de alimento. La Parota es un excelente forraje para los animales y alimento de buena factura para los hombres.
En mi infancia disfruté muchos las semillas tiernas hervidas con sal y las semillas maduras explotadas como palomitas al fuego, tienen un sabor extraordinario. También provee los brotes tiernos, que tienen un sabor a pasto nada malo. Si alguna vez estas hambriento y no sabes cómo alimentarte, acércate a una Parota, podrás encontrar buen cobijo y alimento.
A la Parota se le conoce con distintos nombres de acuerdo a la región, en Yucatán le dicen Pich, Nacastillo en Oaxaca, Cascabel Sonaja en Tamaulipas, Orejón en Veracruz y Guanacaxtle en Nayarit.
Mientras caminaba, viendo la florescencia, me sentí cobijado por la madre tierra, que sabiamente elije los lugares donde te hará ver su excelso trabajo. Quizá esté alucinando por esta nueva forma de ver la vida, pero entiendo perfecto que la vida misma no tiene casualidades, solo causalidades, y al ver a la naturaleza con ojos de admiración, recordé que toda esta semana había sido visitado y saludado por una abeja, que se me acercaba con mansedumbre a la cara, tres días seguidos.
No sé si fue la misma, pero si fue prácticamente a la misma hora, a las ocho de la mañana. Al recordarlo, me inventé historias; una de ellas, era la de ser visitado por un ser divino que venía a darme un mensaje, pero que aun no entiendo por no haber puesto atención en la forma en que se comunican las abejas.
Ahora, que estoy viendo con ojos nuevos a la naturaleza, sé que voy a ser más incisivo en la observación. Mientras llega nuevamente el día en que me pare a las ocho de la mañana en aquel lugar, ya deforestado, pero que sigue siendo la misma ubicación. Ojalá y no me esté reclamando mi tibieza ante la destrucción de un hábitat que antaño era para ella un huerto donde ordeñaba flores.
Prefiero aceptar el mensaje que prolifera en el inconsciente colectivo, que señala: la abeja trae consigo un augurio de prosperidad y buna fortuna para el hogar en el que se encuentra instalado. Sería bueno que así sucediera, las personas que están en ese sitio reunidas merecen ser premiadas con paz y prosperidad, son personas esforzadas y laboriosas, y ese es el significado intrínseco de los pequeños animalitos, que paso a paso, recolectan polen y miel, símbolos de prosperidad, salud y amor por los demás. Ellas obreras, los trabajadores obreros, todos unidos en un objetivo, hacer crecer al panal.
Leyendo un poco más, observo que las abejas tienen mucha importancia para las culturas orientales como animales de poder. La abeja se relaciona con el trabajo laborioso, algo que ya había entendido, y si mentalizamos que la visita que nos hace este ser es una forma de señalarnos que estamos bajo su protección, lejos de la interpretación de la laboriosidad que también se liga a nuestra labor; somos afortunados por contar con su protección, que nos augura prosperidad.
Creo que necesito ser más observador, la tierra nos está mandando señales de que el cambio fuerte está en camino, de una manera constante, laboriosa y que llegará de un momento a otro. Para mí ya ha llegado, mis ojos son otros, tanto que hoy, en mi caminar, en mi admirar Guayacanes, Parotas, Jacarandas y abejas, pude admirar a las buganvilias que adornan la Plaza de Ixtapa en Jalisco, es un pequeño jardín del Edén de estas, tienen múltiples colores.
Todas ellas en plena muestra de su colorido: blancas, rosas, rojas, fucsias, moradas, lilas, hermosas todas ellas, y entre sus coloridas hojas asoman las pequeñas florecillas de cinco pétalos, símbolo inequívoco de que es una planta de poder para sanar al hombre. El mismo poder que tiene la naturaleza y la tierra para sanar al hombre, manifestada en toda su creación. Considero que todos debemos abrir los ojos a una realidad que está alrededor, y dejar la ceguera impuesta por el sistema, la felicidad y la luz está afuera.

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