Despertar de la tierra

Despertar de la tierra

Historia de una muerte anunciada.

Historia de una muerte anunciada

La tierra está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor. Hay que acudir en su ayuda, en cada casa, en cada rincón, en cada corazón. La poesía de Silvio volvió a ser vigente ahora que se están agrupando eventos funestos, pareciera que la tierra no nos soporta, y no sería extraño que fuese así, nosotros como sociedad somos el peor ejemplo de convivencia social que existe en el planeta, somos los depredadores más voraces y no por necesidad, ni por instinto, somos depredadores por placer. Encontramos placer en todo aquellos que nos mueva las emociones, incluida la muerte. Aquella desgraciada que maldecimos cuando se lleva a algún ser que no es caro en la vida, pero que es parte indivisible de la vida.

La humanidad como un ser vivo en su conjunto, se rige por los ciclos de vida, nace, se reproduce y muere. Lo único distinto de esa muerte es la forma, que puede ser inverosímil y hasta incongruente, pero no deja de ser muerte, si el fin es ese, y a nuestra sociedad solo le queda la muerte. Ya nació hace cien años, después de una revolución innecesaria, si fuésemos civilizados y empáticos, se nutrió de sus muertos, creció y maduró en los ochenta, hasta que morirá en determinado tiempo y lo que vemos es el preámbulo de esa muerte, ya se están alineando todos los astros para que así sea, las lluvias intensas, los incendios brutales, los tornados fortísimos, los huracanas intensos, los sismos continuos, las pandemias insufribles, la violencia imparable, la llegada de asteroides y la apatía del hombre por modificar su conducta depredadora.

 Todo eso es preámbulo para una muerte inminente, sin que se oponga alguna resistencia. La resistencia parece una acción simple, solo bastará con modificar el consumo, usar menos productos industrializados y regresar a usar artículos de origen natural, por ejemplo, comer solo alimentos que se producen de manera orgánica y que usan al sol como fuente de energía para crecer, y no seres que usan alimentos ya procesados por el sol, usan fibras naturales, usar la energía de los cuatro elementos, viento, sol, agua y tierra, sin que la destruyamos, solo transformándola para nuestro uso. Sabemos que esa simplicidad existía hace cincuenta o sesenta años, ya no se reconoce, hemos caído en la trampa de lo rápido, de lo inmediato, de aquello que nos evita el esfuerzo, y la comida sin esfuerzo es muerte, el cuerpo debe estar activo y la actividad del cuerpo debe estar en equilibrio con la de la tierra.

 De alguna manera la tierra y el cuerpo humano son un mismo ser, tienen un mismo origen en cuanto a biología. El espíritu del hombre es el que modifica su contexto y su cuerpo en un afán “progresista”, aunque este progreso lo lleve a la autodestrucción.

En los años ochentas a las personas que gustaban de leer información relativa a lo esotérico, ufología, fenómenos paranormales, teorías de la conspiración o ideologías basadas en la comunión con la tierra, lo tachaban de retrograda. Esos personajes sabían que algo había detrás del entramado del progreso que no cuadraba con la información que salía a la luz, a esos los fueron relegando y desapareciendo si es que representaban algún peligro para los negocios de la humanidad. Pero siempre ha habido, de manera subterránea o bajo la información oficial, información poderosa que hace al hombre reconocerse como un ser más en el universo y no el “ser único” o todopoderoso que se cree ahora.

Esa información tiene seguidores que se sienten atraídos por la magia que provoca esa investigación, porqué está relacionada principalmente por el estudio del espíritu, algo que la ciencia se ha encargado de separar del cuerpo. Esta separación es la que tiene a la tierra en esta situación de riesgo y con eventos extremos, gracias a esa información y a las personas que tienen acceso a ella, sabemos que el hombre tiene que perecer en su concepción como sociedad moderna y que a pesar de que tiene las herramientas para no morir, no las sabe usar y no las quiere usar, porqué le dicen que es cosa de retrogradas, anacrónicos y brujos.

A pesar de ello, en estos días sabemos también que la información ya no está oculta, está más libre y abierta para todos aquellos que quieran usarla. Pero el hombre está tan absorto en sus ideales de progreso que no le presta atención, teniéndola a la mano. Había un dicho, que señalaba que el escondite más seguro para guardar información es ponerla a la vista, y la tiene y la desprecia, porqué su ideal ha sido modificado, la ciencia convertida en su nuevo dios, unida al dinero no lo deja respirar literalmente, y a ese dios le rezan y le rinden pleitesía, mientras que su dios interno o el sí mismo está siendo abandonado. Por ello vemos a personas sufriendo por enfermedades mentales ajenas al sí mismo, los vemos culpando al mundo, a la sociedad de sus propios defectos, por qué no saben que existe información que le ayuda a enfrentar todas las vicisitudes de su devenir.

 Eso ha llevado al ser humano al declive como sociedad, llevándose de paso a la tierra que sigue proveyendo cual madre amorosa, a pesar de ser esquilmada. Eso me recuerda a la madre protectora, que amamanta a su hijo a pesar de que ella no ha comido, a pesar de estar en los huesos, ni aun así pierde su espíritu maternal y dador, mientras sus hijos sin reconocer la falta, solo se dedican a comer, egoístamente, y llegará el día en que la madre desfallezca y muera, en una muerte anunciada desde hace más de cuarenta años, muerte en la que estamos participando, a pesar de tener la información de vida, y resulta tan simple para las mentes conscientes ser distinto a la muchedumbre, basta con callar la mente de necesidades superfluas, basta retirarse un poco del boato, basta retirarse de la contaminación mental que te exige etiqueta y pleitesía, retirarse de la mentalidad tergiversada del progreso es vida, por qué no lo es, es solo el alargamiento de la agonía.

 Cierto es que la ciencia nos ha permitido vivir más tiempo, cosa que considero extraña. La ciencia puede ser un puente, pero no el destino, y es más extraño si consideramos que el tiempo tal y como lo conocemos hoy, está desplazándose muy rápido, como en una caída en espiral, como si fuese un vórtice y nuestras células no le reconocen ese esfuerzo y se mantienen en una edad distinta, como si al terminar o concluir el ciclo de un día, el tiempo no recorriera las veinticuatro horas y solo alcanzase a recorrer unas quince o dieciséis horas, teniendo a nuestro favor un treinta y tres por ciento más de vida, como en los videojuegos, la pila se te va agotando y de pronto tomas algún objeto y se te sube al treinta por ciento. Eso te ayuda a salvar la vida de otra manera.

 Por ello vemos que los ancianos de cincuenta años no representan esa edad, y la esperanza de vida aumentó a 75 años, en lugar de los 66 que había hace cuarenta años. La mayoría señala a la ciencia como dadora de este favor, nosotros señalamos a la física cuántica y la resonancia Schumann, que afectan el espacio tiempo. El hombre solo ha hecho aumentar el riesgo de morir de infinidad de enfermedades que no existían y le han puesto nombres rimbombantes a situaciones emocionales para llamarlas enfermedades, quitándole capacidad de resiliencia al propio cuerpo, y no solo con los nombres, también con las acciones, han acostumbrado al cuerpo a recibir ayuda del exterior, tanto que ya no es capaz de regenerarse solo, como lo hemos hecho con los animales domésticos, que han perdido la capacidad de valerse por sí mismos y cuando regresan a la naturaleza mueren los menos adaptados.

 Nuestro cuerpo ha sido bombardeado por información inútil, eso arrastra como señalamos a la tierra y a toda la creación que está viviendo en cercanía al hombre. A esa información le llama ciencia, y ahora sabemos que como toda información salida para crear patrones de conducta y que lleva normas, se llama ciencia y que es falible, porqué tiene que modificarse cada rato para adaptarse a los cambios propios del hombre y su condición de vida en la tierra, estamos poniendo nuestra vida en manos de un personaje llamado ciencia que no le interesa la vida, le interesa asegurar únicamente una técnica, que su técnica sea aplicada una y mil veces y el resultado sea el mismo, más la evolución no está estancada, se mueve, por ello la ciencia de ayer falla hoy, y la de hoy fallará mañana o será rebasada, más la vida unida a la tierra no fallará ni hoy ni mañana, las plantas evolucionan junto con el hombre, ellas siempre tendrán los nutrientes que el hombre requiere en el tiempo que vive, siempre y cuando respete las reglas de la simbiosis, que viva para cuidar a la tierra, ella se encargará de cuidarlo, mientras su energía sea la misma de la tierra, nada que lo alimente lo dañará, ni le producirá enfermedades extrañas.

 Eso ya se hacía hace cien años, y las personas vivían relativamente tranquilos y sanos hasta los cien años, si los conspiranoícos tienen razón, el cuerpo tiene la capacidad de vivir doscientos años, y venimos sintiendo que la ciencia nos hace llegar a los 66 ¿Dónde nos perdimos? Si la muerte al final es la misma, ¿Qué ganamos con una percepción u otra?

Consideramos que solo el conocimiento del mí mismo, de la integración al universo, pero aún no estamos preparados. Por eso ahora la muerte está afilando la guadaña para la siega de aquellos que no se adapten al pensamiento simbiótico, morirán aquellos que creen a pie juntillas lo que la ciencia señala. Es hora de empezar a creer en lo imposible, de lo posible ya estamos llenos de datos. Quizá la muerte anunciada de la humanidad dependa de esa otra visión, por alguna razón sigue vigente en el imaginario colectivo, por alguna razón se ha liberado la información, por algo la ciencia no ha parado el avance de un virus diminuto, todas son señales de que se requiere un cambio, aunque en ese cambio muchos tengamos que morir, si no nos adaptamos.

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