Despertar de la tierra

¿Qué es Gaia?

Nos paramos en algún lugar solitario, intentando descubrir los mensajes ocultos en la creación. Nos descalzamos y confiamos en que la tierra nos sane de los males que nos hemos estado infringiendo, como si con esa autoflagelación llegásemos a ser útiles a la misma creación. Creemos que nacemos del dolor y que debemos vivir del doler por el resto de nuestras vidas, no analizamos una pizca más allá de lo que la mayoría de los seres cree y dice como verdad. Vamos buscando paz en lugares apartados creyendo erróneamente que la encontraremos únicamente donde no existen los ruidos del hombre, buscamos parajes solitarios, bosques espesos, selvas oscuras, montañas agrestes, desiertos solitarios, mares infinitos, hasta allá metemos nuestra humanidad, para sentirnos en conexión con la divinidad, y a veces vemos destellos de luz, espejismos, déjà vu psicológicos.

Nos sentimos realizados, que hemos cumplido con la misión de ser y regresamos con la falsa sensación de descanso, de haber sido uno con la tierra y que esos momentos seremos redimidos, una vez desahogados de toda esa energía negativa que nos da vivir en sociedad, y algo hay de razón en lo que hacemos cuando queremos conectarnos con la tierra, es un elemento muy importante para el desfogue de toda la llamada negatividad del hombre. Cierto es que el bosque nos da paz y tranquilidad, cierto es que la naturaleza por mutuo propio es paz dentro del caos de su ascensión o desarrollo y eso transmite a todos sus seres, es una madre proveedora y cariñosa, dadivosa y esperanzadora, nos llena de futuro, pero también nos llena de pasado y presente, porqué la tierra es la que es, la fue y la que será, mientras el hombre solo es, en cuanto cree que es, en cuanto vive. Deja de ser en el momento en que se desconecta de la tierra.

Para que el hombre sea uno solo con la tierra, debe de entenderla, tal y como es, en sus tiempos y dimensiones. El hombre, tiene cuerpo, alma y espíritu, así mismo se manifiesta en la tierra, un cuerpo, un alma y un espíritu, y esa triada debe estar equilibrada para el mejor desempeño de sí misma. A la mayoría de las personas, en grado escolar, nos enseñan que la tierra es una sola, que es única, que tiene características físicas, desde la geografía, desde la biología y desde la física, pero no nos enseñan desde la metafísica, desde la espiritualidad, ni desde el magnetismo o energía. Nos dejan que esa enseñanza se vaya dando desde el inconsciente, que cada uno de nosotros vayamos descubriendo paso a paso lo que es la tierra como ente, no como un simple cuerpo o una simple piedra que viaja por el universo sin un aparente destino ni orden. Si a esa simple pierda no la interpretamos ni la entendemos, sería complicado que a las miles de piedras rodantes del universo las identifiquemos como parte de un plan mayor, sea dictado por una deidad o no.

Debemos y tenemos la obligación de entender que la tierra tiene a su triada personal y cada una sostiene a la otra, pues son complementarias, pero se dividen en tras áreas distintas para su estudio y entendimiento, y que pertenecen a un universo enorme. Tan grande es, que aún no tenemos una unidad para definirla, porque aun no sabemos los confines, el universo al que pertenecemos lo identificamos como Nevadón, y que está dentro de un macro universo y este a la vez pertenece a una serie de siete universos, con sus propias leyes cada uno. La tierra, ese pequeño e insignificante grano de arena en el universo local llamado Nevadón, es nuestra casa, la única casa que tenemos y que no somos aun capaces de abandonar, no estamos preparados para ello.

Los demás mundos tienen condiciones distintas, las cuales debemos de entender y adaptarnos a ellas, pero no hay aún tecnología para ello, dependemos del agua, dependemos de los alimentos, somos cuerpos físicos, tal y como la tierra, quizá en otro tipo de energía y en otro tipo de dimensión podamos vivir en otro planeta, pero así, con este cuerpo no podemos, no aún. Nuestro cuerpo está preparado y presto únicamente para vivir en esta tierra, aquí es donde debemos trascender, donde debemos aprender, y el aprendizaje debe ser compartido para que la humanidad en su conjunto se desarrolle.

Cuando escribimos sobre lo que creemos entender y nos llega una nueva palabra y nos gusta, nos quedamos con la idea primigenia de lo que escuchamos. Por un tiempo creí que la palabra Gaia se refería a la tierra, se escucha bonita, un sinónimo útil a la hora de hacer poesía ¿Pero sabemos qué significa Gaia? ¿Sabemos a qué nos referiremos cuando hablamos de la tierra? Aparentemente sí, porqué hablamos con grandilocuencia y señalamos que nuestra capacidad intelectual es enrome, sí le hacemos un verso aludiendo a Gaia como la tierra y creemos por mucho tiempo que efectivamente es una forma poética de decirle tierra a la tierra, para diferenciarla de la tierra simple que pisamos, a la tierra enorme que es el globo, y así vivimos de engaño a engaño, autoengañándonos, porqué no hay un ser que nos libre del error.

Si de la vida obtenemos las cargas de los miles de errores que cometemos diario, justificando una supuesta imperfección personal para hacerlo, podremos decir que “todos saben que Gaia es la tierra”, pero ¿Lo es? Les diría que sí, pero no. En un juego subjetivo de aquello que se esconde dentro del mito, en las áreas de la ingeniería, existe una separación de la tierra en conceptos que la separan del concepto aceptado por la generalidad. En la ingeniería, la tierra es todo el globo, todo el mundo y los distintos matices, colores y texturas de la tierra, se le llaman suelos, así sucede en la forma mística de la tierra, tiene sus separaciones para cada una de las formas de interpretarla y de entenderla, a la tierra se le conoce como la forma física, la cascara de la enorme roca, a la materia densa que flota en un espacio infinito dentro de lo que conocemos como el universo, que como señalamos anteriormente, el universo local donde orbita la tierra se llama Nevadón, y Gaia, se le denomina a la conciencia del planeta.

Es un nombre dado al conjunto unificado de entidades y reinos de la vida existentes, que conforman toda la creación, todos los seres vivos, incluida la cascara densa se llaman “entidad de conciencia global” o Gaia, es el nombre simbólico o poético, el “yo consciente del planeta, la conciencia en evolución”, así como el hombre tiene una conciencia colectiva, la tierra tiene la suya, donde se engloban todos los seres vivos; minerales, plantas, animales y el hombre mismo, y hay otro nombre con el que es conocida la tierra, y es “Urantia”, que es el nombre dado a la tierra como entidad espiritual y cósmica, que significa ser un astro o ser viviente en evolución dentro del universo, así para entender la estructura de la tierra en sus planos, podemos saber:

Urantia: Triada superior planetaria, la monada planetaria, nombre en los planos supra físicos.

Gaia : Cuerpo casual planetario, o alma del planeta.

Tierra : Cuaternario superior planetario, el cuerpo Físico, etérico, astral, mental inferior y prana planetarios.

Si queremos identificarlos de una manera más simple, imaginemos a un imán, la tierra sería el cuerpo metálico del imán, ese que vemos y tocamos, Gaia sería la acción que hace que el caos de partículas de hierro se una y se mueva con el imán, y Urantia sería la energía que no vemos, que solo identificamos al momento de poner en acción al imán con las partículas de hierro, tal y como pasa con el cuerpo humano, que la tierra lo representa al vehículo físico, lo que vemos, que consta de pies, manos, cabeza, cuerpo, el alma que es la mente y todo aquellos que nos llama a la acción y el espíritu superior, es todo aquellos que nos une a la creación, la energía que nos mueve la conciencia, la que nos une a la energía del universo, con ello, el concepto de Gaia o Gaya, se puede entender con mayor facilidad, y podamos usarlo de manera correcta y señalar que se habla solo en modo alegórico, para que la poesía sea agradable a nuestras mentes.

La energía que mueve a la tierra, esa que está manifestándose más ahora con los cambios que estamos viendo y viviendo, es la misma energía que hace que el imán atraiga y repela, esa energía para la tierra, viene del corazón del centro del sistema solar, no del sol que vemos, que es una estrella pequeña al lado del sol superior, ese que habita en el centro de la galaxia, y se instala en el corazón de la tierra, y se magnifica en los tres planos: Tierra, Gaia y Urantia, y desde su centro, Gaia, no la tierra, emite vibraciones o pulsaciones de energía con la que mantiene la vida sobre la tierra. Nosotros como hombres, al igual que los animales, plantas y minerales, reciben esas pulsaciones, con lo que podemos entender que todo es vibración, una de las leyes que rigen a este universo, así se produce la evolución, en cada reino de la vida, pues todos toman de esa energía, Gaia y sus criaturas tiene una relación simbiótica, eso permite que cada entidad viviente y cada reino evoluciona con el impulso de la energía de la gran conciencia planetaria llamada Gaia.

En caso contrario, la conciencia planetaria denominada Gaia se agranda, magnifica y regenera al recibir el fruto de la evolución de cada ser, muy similar a la evolución cultural del hombre, que al aumentar su caudal intelectual, puede resolver los problemas de su propio cuerpo y conciencia, situación que no lograría si viviera en la ignorancia, así se benefician cuerpo, mente y conciencia, y como dato adicional, el alma del sol recibe el nombre Mommantia, el ser superior que nos hace sentir embelesados con su luz, pues con el anclaje de su energía en nuestro cuerpo nos dota de salud en todos nuestros planos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *