Despertar de la tierra

Lo que se viene

El miedo es lo que obliga a tomar las decisiones apresuradas. El hombre está pasando por una etapa de mucho miedo. La medicina pareciese ser el paladín aquél que socorre a los desvalidos, sin embargo, está pecando de soberbia, el miedo empezará a convertirse en pavor. La muerte de las personas no es un juego, aun así, la medicina sigue jugando a la muerte, permite que mueran más de lo normal. Hace ya dos años de aquel infame día, cuando declaraban que había una enfermedad respiratoria. Suena extraño que lo dijeran, y con todas las letras, Covid19, el nombre ya estaba inscrito en los reportes con el año en su asignación, ya dos años de muertes, de dolor, de miedo, como si existiese un plan demoniaco de matar a aquellos que sufren enfermedades terminales, o crónico degenerativas, las más costosas para el sistema de salud mundial.

Pareciera extraño que se estuviesen muriendo personas solitarias, como si de un pacto se tratase, y no necesariamente se murieron los no vacunados, la muerte y el miedo tomó por sorpresa a ambos grupos por igual. Tampoco había patrones comunes que adujeran al Covid19, algo distinto marcaba la señal y se llamaba miedo. Las estadísticas ya no importaban, la gente muere todos los días, los poblados pequeños son irrelevantes, allí no hay personajes de renombre, así que… ¿Qué más da que mueran dos o tres o cien?, rápidamente se reproducirán, será una renovación de espíritus, dejando ir a las almas que ya cumplieron su misión, y sin embargo, no se piensa así en las calles, allá se muere todos los días y se vive con el miedo del ¿Quién seguirá mañana?

Las autoridades mundiales en salud lanzan la alerta sobre la aparición de la variante del coronavirus denominada Omicrón, aún no se ponen de acuerdo si es más o menos virulenta que la variante delta, tampoco si es más o menos mortal. Lo que sí sabemos, es que las farmacéuticas ya tienen preparada la vacuna para esa variante, que señalan tiene mutaciones de las anteriores, y que en enero podrán contar con un biológico capaz de contrarrestarlo.

Este virus parece una seguidilla de terror, que nos va mostrando los lados oscuros de la casa del miedo, y a cada paso, algunos solo ven las mismas figuras grotescas que se deben soslayar, mientras otros, a cada esquina ver el horror, y son los más, pareciera que el gel, la sana distancia y el cubrebocas serán parte de nuestro ajuar, tendremos que aprender a vivir con ellos, así como con el miedo, que tendrá que menguar, conforme pasen los días y las personas se resignen a vivir en encierro y convengan consigo mismos que el destino está echado, que la muerte será para aquel que busca la causalidad.

La Organización Mundial de la Salud, declara que la variante es de preocupación, y tendrá que afirmarlo, las personas ya están cansadas de esta preocupación, pareciese que efectivamente el fin del mundo ha llegado. Aunque no con la virulencia con la que contaban los abuelos sobre la gripe española. Aquel virus sí era mortal. Cuentan que había un par de personas encargadas únicamente de lanzar los cuerpos a la fosa común, ya no daba tiempo de contarlos, ni de ponerles una cruz con su nombre, ni de hacer huecos personales, morían por montones, los pueblos se fueron quedando vacíos y solitarios, los que vivían no querían acercarse a las zonas de muerte, afortunadamente este virus no es tan mortal, solo infunde mucho miedo.

Anteriormente, decíamos que África era el continente abandonado, del que poco sabíamos, del que poco se hablaba. Pensábamos por un momento que lo dejarían en paz, que sus pueblos estarían libres de las situaciones propias del primer mundo y la modernidad. Eso significaba que las enfermedades serían relegadas lo mismo que las medicinas que las «curan», subestimamos a la Organización Mundial de la Salud, que busca a cualquier costa meter «salud» a todos los rincones del planeta: mandó la alerta de que en Sudáfrica apareció por primera vez, después en Bélgica, Hong Kong e Israel, señalando que se está propagando rápidamente en todo el continente africano, curiosamente el continente menos vacunado, el menos estresado por los medios avanzados.

Afilan las uñas las farmacéuticas para meterse en el bolsillo una buena cantidad de dólares, allí no importa la salud, ni la raza, ni la religión, el dinero es lo único que les interesa, y los otros cuatro continentes ya están dentro del círculo de vacunas, ya están cubiertos y amarrados, ya solo es darle seguimiento y continuidad. Los laboratorios están calientes aun de toda la producción interna que hicieron este año, para cubrir la demanda de vacunas que el miedo les proveyó, dicen: debemos sacar más producción, ya las personas vacunadas no le temen a las variantes viejas, se sienten seguros con las vacunas, pero eso ya no es negocio, si duplicamos estas con las de la influenza, no nos la van a creer, así que vamos a trabajar con las nuevas variantes.

Diremos que es nueva y presumimos que serán más letales, más virulentas y con muchas más mutaciones, así temerán sobre algo más poderoso a lo ya conocido. Así les vamos subiendo la intensidad, al menos, ya tenemos el expertis de fabricar vacunas en poco tiempo, y si son con mensajeros ARN, es más simple, solo se les modifica una cadena y ¡Pum!, ya quedó, negocio redondo. Total, hay cerca de 1,500 millones de personas en África, a cuatro dólares por vacuna, por dos dosis, son 12 mil millones de dólares, nada mal.

Si por alguna razón no se vacunan todos, al menos tendremos unos 8,400 millones de dólares, para unas cinco farmacéuticas. Suena buen negocio, así que África, el eterno olvidado, serás por fin salvado por la OMS y por las damas de la caridad, llamadas farmacéuticas. Nada mal, por fin van a entrar los olvidados del tercer mundo al primer mundo, ¡Eureka!, aunque entren con miedo y toda la cosa, eso es lo importante, que sientan la necesidad de ser ayudados por una módica suma, después pagarán hasta las letras chiquitas, como transporte, manejo en frío, que no hay, y se tiene que construir, la logística y los gastos no reconocidos, eso podría aumentar las ganancias en un 30 a 45%.

Podríamos decir en justicia ¿Qué ganarán con castigar a los países más pobres económicamente? Como si nos les bastara las guerras intestinas eternas, que se libran con armamento de primer mundo. Otro de los apoyos viciados, se señala que mandan armas para proveer la paz y lo que generan es guerra. No les bastan las hambrunas, las sequías y las crisis brutales que viven. No sabemos sí esto sea un plan de la tierra para recuperar el equilibrio, o el plan malvado que señalan los amantes de la especulación. Lo cierto, es que para África viene una temporada de presión extrema de las potencias económicas, no es de colonización, no es de conquista física de territorios mediante la violencia, es más sutil, la conquista de las almas mediante el miedo y la responsabilidad de ser los portadores de un virus desconocido en el mundo, por ellos mismos desde luego y que infectará y matará a millones de personas en todo el mundo.

Por fin se enterarán de que no están solos y que hay un ángel salvador llamado farmafia, que inundará amablemente de vacunas el continente. Quizá no mueran más de los que mueren siempre, quizá su tasa de mortalidad no aumente, solo se le dé un enfoque distinto, dirán que murieron ahora del virus Corona y no de otras enfermedades comunes que comparten síntomas. Quizá solo sea una especulación, pero lo que se ve venir para África es el pandemónium.

¿La tierra agradecerá el sacrificio? Desde luego que no, la tierra no está en la dualidad, la muerte o vida de los seres que la habitan es solo parte del equilibrio energético que necesita, se irán los que se deban o quieran ir, los movimientos de la tierra seguirán su curso y se irán desprendiendo de aquello que estorba al proceso de evolución.

Nos sentimos cercanos a África, porqué de allá venimos, las condiciones en las que están, son muy similares a las que tenía el México de los años setenta: vías de comunicación deficientes o pocas, infraestructura débil, sistema de salud carente en más del 80% del territorio, mucha violencia, carencia alimentaria, el acceso a los recursos naturales y al trabajo deficiente, muchas personas en el límite de la supervivencia, enfermedades endémicas por falta de cultura de higiene, educación con carencias y de difícil acceso, buen caldo de cultivo para meterles nuevas necesidades, enfocados más en tener enfermos cautivos, que en tener almas sanas.

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