Despertar de la tierra

Autor:  José Luis Valencia Castañeda

¿Por qué Tonga y no otro?

El destino es extraño en sus manifestaciones, a veces las cosas buenas que nos suceden llegan de manos de personas que ni conocemos, a veces las cosas no tan buenas, a esas que les llamamos mala suerte, llegan de personas que conocemos, nos desconcertamos un tanto y culpamos al destino de todo aquellos que acontece. Hace unos días, los canales dedicados a la información paranormal, a las teorías de la conspiración o a información no común, daban cuenta de ciertas anomalías sucedidas en el sol.

Usando las herramientas que los observatorios tienen, analizamos unas imágenes y videos de dos objetos que aparentemente chocan con el sol, y que este lanzó un par de llamaradas poderosas que tardarían un par de días en llegar a la tierra, y no sabía que consecuencias podría acarrear a esta. Generalmente relacionamos estas llamaradas solares con interrupciones en la señal de internet, o fallas en el suministro eléctrico, y con ello quedamos relativamente conformes.

 Pero, ahora, después de está alerta temprana del canal “Verdad Oculta”, podríamos decir que se pueden vaticinar ciertos eventos, porqué están ligados a fenómenos externos a la propia tierra, ya podríamos definir como un patrón común, que suceden eventos en la tierra posterior a una llamarada solar. Decía el presentador, que no sabía con exactitud qué pasaría en la tierra y dónde pegaría la fuerza magnética del sol, y que repercusiones tendría, ni su magnitud. Pero que, por esa magnitud, se esperaba al menos que un volcán aumentara su actividad o que naciera otro, y los científicos mencionaban tímidamente al volcán de Tonga, que extrañamente, durante las explosiones, manifestaba cierta actividad, que se supondría sería fuerte una vez que golpeara a la tierra.

 Y sí, cuatro días después, el volcán Tonga hizo erupción de manera brutal, con un hongo de aproximadamente 350 kilómetros de diámetro. Fue enorme su extensión, que sí hubiese tocado a algún volcán activo o no en la zona continental, la destrucción o daños hubiesen sido catastróficos ¿Podemos pensar que es un aviso a la humanidad? Que, si sucedió extrañamente en el fondo del mar, en un área despoblada, podría hacerlo en cualquier parte del planeta.

Algunas personas que están atentas a este tipo de información hicieron una presentación, simulando el hongo del volcán Tonga con epicentro en el volcán Popocatépetl, prácticamente taparía el centro del país, su radio de influencia llegaría hasta Morelia al poniente, hasta Aguascalientes al norte, a Xalapa Veracruz al Oriente y al norte de Oaxaca, la nube de polvo taparía la visión e inundaría los terrenos en ese radio, la destrucción de las áreas aledañas sería enorme, sin que se pensase en la salvación de las personas que viven en sus faldas, así podemos proyectar  el área de influencia en todos los volcanes y medir el grado de afectación.

 Así que sí ya sucedió en Tonga, nada impide que suceda en otras áreas y nada indica que no vaya a ser de la misma intensidad, podríamos decir que la divina providencia nos salvó ahora, para que podamos empezar a prevenir, que empecemos a buscar opciones más seguras, o que no nos sorprenda si llega a suceder algo similar.

Tonga, es la denominación genérica de un volcán submarino ubicado cerca de la isla de Tonga, se llama Hunga Tonga – Hunga Ha´apai, que hizo explosión por tercera vez, algunos medios dicen que por cuarta vez en cuatro días. Tonga es un país polinesio, parte de un grupo de 170 islas cercanas al continente australiano, donde viven unas 100 mil personas, su ubicación la consideran remota, por la dificultad para su llegada, está a unos 800 kilómetros al este de Fiji, la isla famosa más cercana, y a uno 2,300 kilómetros de Nueva Zelandia, su erupción el día 15 de enero de 2022, es la más grande registrada en cualquier parte del planeta en 30 años.

 Fue tan extensa, que las imágenes fueron captadas desde el espacio, en tiempo real. En ellas se ve la enorme columna de ceniza, gas y vapor que fue lanzada hasta 20 kilómetros de altura en la atmósfera, mientras las olas de un Tsunami se movían por el Océano Pacífico, esto modificó evidentemente las rutas aéreas.

En estos días, que nos ha tocado la suerte de vivir, tenemos el acceso casi inmediato a la información y tenemos información casi de manera ilimitada, esto ha ayudado a que nosotros como sociedad podamos tomar decisiones y sepamos de quien cuidarnos y a donde ir con mayor seguridad, gracias a los avances en tecnología de la información, los eventos naturales se pueden documentar de manera más práctica y sin tener aquellos intermediarios que decidían que tipo de información debía llegar a tus manos y cuál debería ser ocultada a tu inteligencia.

 Los tiempos han cambiado, para bien de  la humanidad, hoy no podemos presumir que no hay información suficiente, ahora, lo complicado es saber identificar la información falsa o manipulada de la verdadera, pero como también hemos evolucionado como sociedad, podemos advertir muchas de las veces dónde están falseando la información, gracias a esta apertura, a este dominio de la tecnología, pudimos ser testigos casi de manera inmediata de la explosión de Tunga, de los datos que nos habían dado señales de que podría suceder, como de las consecuencias posteriores, a las redes sociales llegaban imágenes que mostraban a personas que huían después de escuchar la explosión, mientras las olas inundaban la capital de Tonga: Nuku´alofa.

 Arriba el cielo se oscurecía por la pesada nube de ceniza, el Tsunami enorme y poderoso se manifestaba en miles de kilómetros de costas, unas muy alejadas de la zona de la explosión, hay registros en Nueva Zelandia, Japón, Perú, México, Estados Unidos, Chile y Canadá, en Perú reportan la muerte de dos personas que fueron arrastradas por las olas, aunque aún no se han compilado los reportes de las víctimas, que pudieron suceder en toda la zona de influencia, no tardaremos en saber la magnitud total de los daños.

 Las organizaciones humanitarias y gubernamentales están preocupadas por los daños que están sufriendo los habitantes de Tonga derivados de respirar el aire y agua contaminados por las cenizas en el archipiélago, las comunicaciones sufrieron daños, es muy lenta la salida de datos del archipiélago, Australia y Nueva Zelandia enviaron vuelos de reconocimiento y valuación de daños.

 ¿Qué más trae este año 2022?, ¿La tierra sufrirá cambios más fuertes que en los dos anteriores? Al parecer este año llega con toda la fuerza, los fenómenos empezaron con el mismo año, la propagación del virus Ómicron, las nevadas extremas al norte de Estados Unidos, los sismos en Asia, las granizadas en México, las inundaciones en sur del continente americano, los deslizamientos de tierra, y ahora Tonga, son señales de que los eventos naturales seguirán su curso de manera gradual, hasta hacerse cada vez más poderosos.

 Eso podemos constatarlo también en México, que recibe el año con un sismo fuerte de 5.4 grados en el sistema Richter en La Crucecita, Oaxaca, y el Servicio Sismológico Nacional en su página, está mostrando movimientos más fuertes, tal y como lo hemos venido señalando, hace dos años, podíamos ver el mapa de México lleno de punto verdes, que señalan sismos con magnitudes menores a 3 grados, al día de hoy, lo puedes ver, con la misma proliferación de sismos, pero el mapa se llenó de puntos naranjas, que son sismos superiores a tres grados, recuerdo que nos sorprendíamos porqué en un día podíamos tener hasta 15 sismos superiores a tres grados y sospechábamos que algo grande ocurriría con eso.

 Y ahora que prácticamente todos los reportados son sismos mayores a 3 grados ¿Qué esperamos?

Lo mismo que esperábamos antes: un evento de grandes magnitudes, sí ya nos alertaron en Tonga, sí ya nos avisó Oaxaca, lo más sensato es que nos preparemos nuevamente para algo que este año nos va a mostrar, y hoy, las sociedades modernas deben estar agradecidas de que haya sido Tonga y no otro. No porqué Tonga lo merezca, no, sino porqué si sucediese en un lugar más poblado, estaríamos hablando de mucha muerte, es más sencillo ayudar a 100 mil personas, que a 30 millones si llega e explotar el Popocatépetl o el Vesubio o el Santa Elena.

 Quizá la mano de dios esté preparando el destino de aquellos que nos atrevemos a ver las señales y a cuestionar al destino, ese inefable ser que llega cuando debe ser, de nosotros depende en afrontarlo con gallardía o entender que debemos buscarlo en un lugar más afable.

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