Despertar de la Tierra


Autor: José Luis Valencia Castañeda

Los derroteros de la tierra
Todos los días estamos forjando nuestro destino, basados en la ley de la
causalidad. La tierra, como ser vivo, también está forjando su propio destino, su
energía está moviendo a las almas en un eterno luchar de la dualidad. Las almas
oscuras están muriendo en miles, no saben que ese es el plan, que se acaben
entre ellas. A pesar de que socialmente se crea que unos están del lado de la luz,
aunque se diga que unos son los buenos, los otros los malos, es una vil mentira.
Una persona buena jamás levantaría la mano a su hermano. Pero así se mueven
las cosas en la energía, se irán acabando uno a uno, paso a paso, hasta que
queden solo aquellos que defiendan la vida.
Y suena extraño, pero hay personas que defienden la vida con saliva, solo con
palabras, no ligan la mente con la lengua. Muchos de ellos son los claros ejemplos
de las almas que irán a rondar el limbo en espera de una nueva reencarnación,
son aquellos que no hacen ni el bien, ni el mal, que creen que cada acción es
buena, pero no lo es; por ejemplo, aquellos que moralmente creen que
construyendo infraestructura, casas, edificios, calles, vías, sienten que hacen el
bien, porqué están ayudando a los demás a estar mejor. Mientras eso pasa,
justifican el daño que le hacen a la tierra: es para que el hombre esté mejor, más
cómodo, es parte de progreso, y sí, tendrán razón, sabemos que el progreso es
destrucción, el progreso del hombre es destrucción de la tierra.
La dualidad en el hombre lucha denodadamente por encontrar el equilibrio, lo
vemos todos los días, se inventan términos, se inventan palabras, se inventan
aditamentos, accesorios, herramientas a las cuales se les da un nombre que debe
significar para la mente humana protección a la tierra. Vemos como en un
esfuerzo pequeño, pero al menos ya retirando la mentalidad de destrucción,
aparece la arquitectura ecológica, la permacultura, la arquitectura sustentable, que
significa el reciclaje a grado cero. Aparecen los autos eléctricos, el uso de
tecnologías solares y eólicas, como intentos tímidos por hacer de la vida del
hombre en la tierra algo más amigable. Pero solo se queda en palabras y los
políticos viven de eso, de palabras.
Hace una semana, por ejemplo, leímos en las redes sociales un debate insulso
que retó a nuestra inteligencia. El gobierno del país, en su afán populista de

mantener su imagen en el imaginario colectivo, está empujando la construcción de
tres obras emblemáticas: un aeropuerto, que si útil, que si funciona o que si es
moderno o no, no nos interesa; una refinería y una ruta de trenes. La obra del
aeropuerto ya se inauguró, a pesar de que no se ha terminado, la refinería que
está en proceso y el llamado tren Maya.
El Aeropuerto ya logró dejar su huella de destrucción, nadie ve a simple vista los
millones de metros cúbicos de material que fueron desalojados de los cerros
aledaños, miles de metros cúbicos de rocas usados en filtros y concreto, que
salieron de otros cerros. Hacemos unos huecos para rellenar otros. Los cerros
modificados por las pistas, la ecología modificada, el hábitat destruido, que a
pesar de verse inhóspito, estéril, semidesértico, no deja de ser un hábitat natural
que participa del equilibrio de los micro sistemas locales, que tienen tras de sí un
sistema mayor. Cierto es que las tierras no son altamente productivas para el
hombre, pero si útiles para la tierra.
El proyecto de la refinería, es un tema controversial, primero porqué los
combustibles fósiles deberían de ir desapareciendo, deberíamos irnos a la
sustentabilidad, y los combustibles fósiles no abonan a ella. Se destruyó un
manglar enorme, que cumplía una función de amortiguamiento ante inundaciones
y un área de sostenibilidad de la fauna marina, se destruyó un ecosistema
completo y lo que falta aún por destruir, llegarán personas a operar la planta y van
a necesitar vivienda y servicios, y cada construcción de ese tipo será otro pequeño
golpe a la tierra, y a los políticos eso no les interesas, por qué hacer esta obra deja
dividendos llamados votos y los votos les dejan la posibilidad de manejar recursos
económicos a discreción, con ellos podrán decidir si destruyen más áreas o no,
aunque también pueden decidir si recuperan otras o no.
Generalmente recuperar no es vistoso y es tarea a largo plazo, eso no les deja
votos, sería complicado hacerlo. Lo más simple es hacer regulaciones, legislar,
implementar leyes, para que “otros”, no ellos, protejan el medio ambiente. Ellos
como lo que son, pura lengua, serán solo el árbitro, que podrá dejarse comprar,
para cerrar los ojos ante cualquier destrucción que se le haga a la tierra y si esa
destrucción deja votos, se autoriza con los ojos cerrados. Tal y como vimos en
estas tres obras emblemáticas del gobierno, donde la legislación ambiental o se la
pasaron por debajo o trabajaron en las justificaciones y los planes de
resarcimiento de manera acelerada. Algo no común en las “autoridades”, que a un
simple mortal le tardan más de un año para aceptarle una manifestación de
impacto ambiental y otro año más para darle una resolución.
Algún interés o presión debe haber y no es ecológico, ni de protección al medio
ambiente, y se nota más en el tren maya, donde han modificado el trazo del tren,
para evitar conflictos políticos que no dejan dividendos y será más fácil sortear
conflictos ambientales, bastará una orden, un decreto y se soluciona. De esta
manera se están solucionando muchas situaciones que dejan votos hoy en día. El

tren maya si quiere funcionar, debe destruir miles de hectáreas de selva baja,
prácticamente el único tipo de selva que hay en la península, deberá salvar los
cientos de cenotes que existen en el subsuelo, que hacen de la región una de las
reservas de agua dulce más grandes del país y que es hoy una de las zonas más
ricas en ríos subterráneos del mundo, un ecosistema que debería ser salvado,
pero salvarlo no dejará votos, hacer el tren si los dará, la ecuación es bastante
simple.
¿Qué decisión tomará el gobierno federal? ¿Destruir miles de hectáreas de selva
ganando miles de votos y manteniendo a su voto duro políticamente a cambio de
legislar para obtener los permisos y manifestaciones de impacto ambiental? O
¿Enemistarse con los poblados que también entendieron que esto es un negocio y
que pueden sacarle raja al gobierno, importunándolo con costos altos de la tierra?
Pues hacerle como lo ha hecho, a su modo, brincándose todas las leyes con tal de
obtener lo que desea, la ecuación es simple. ¿Y nosotros que hacemos? Sólo
mirando el pleito que trae el gobierno federal con un grupo de actores, que
defienden lo justo, que se respete la selva.
El gobierno en su infantil manejo de la información, la cual ya no cuidan ni las
palabras, ni los contextos, justifican que los actores se hospedan en hoteles que
destruyeron selva. Eso no justifica la acción de destruir más selva, lo que está
hecho, hecho está, no significa que ese sea el aliciente para destruir más de la
misma manera, y no es justificante para que los empresarios, que solo ven el
interés económico, también se beneficien de la naturaleza para hacer negocio
destruyéndola. Tampoco sería permitido, pero sabemos que siempre hay
intereses, y quien sale perdiendo será el hombre, porqué es el hombre quien se
genera una necesidad y busca la manera de satisfacerla, a costa de su propia
vida.
Pero como el hombre es egoísta, no piensa en la multitud, no piensa en el genero
humano, no piensa en el futuro de la humanidad, actúa como si la vida se fuese a
acabar en el corto plazo y los que vivan después ya no es asunto suyo, ya se las
apañarán después.
Sabemos pues que el ecosistema de la península de Yucatán está en peligro, una
de las zonas mejor conservadas, con tradiciones de protección ambiental más
fuertes está siendo amenazada por el progreso y por las decisiones políticas.
Sabemos que los cenotes fueron usados como altares de sacrificios humanos,
esperemos que los espíritus de los sacrificados los defiendan y que logren detener
el avance de la obra, tal y como detuvieron la Refinería en Tula, que se pueda
usar lo que hay de manera responsable y que ya pare todo ese “progreso” que nos
está matando lentamente.
La tierra merece ser conservada, tenemos una dependencia al agua muy grande,
la península de Yucatán puede ser nuestra barca de salvación si las cosas se
ponen feas en el norte por la falta de agua, puede ser nuestra reserva, si las

sequías nos dejan sin agua. En el centro y en el norte ya empezamos con crisis,
tarde o temprano esas crisis nos llegarán a todos, sin agua, los poblados dejarán
de ser objeto de deseo, sin agua, las viviendas serán meros cascarones para
cubrirte del calor del sol, la mayoría de las ciudades empiezan a mandar agua
intermitentemente, las intermitencias antes eran una a una, hoy ya empiezan a ser
dos a una, eso significa que se recrudece todo.
Mientras eso pasa, el gobierno sigue con sus planes políticos sin pensar siquiera
en la tierra. La tierra es un medio, no un fin. Los seres que queremos que la tierra
se reestablezca veremos con tristeza como llega a la sima de su decadencia
ecológica y veremos con alegría el reseteo que empezará a suceder de un
momento a otro. En ese momento, aquellos que sepan como vivir en paz con la
tierra entenderán cual será el camino que habrá de recorrer para estar siempre
alimentado, siempre protegido.
En ese tiempo, ni los políticos, ni los actores tendrán tiempo de pelear, como pasó
en los sismos de 1995 y 2017, las personas se convirtieron en humanos cuando
vieron la magnitud de la desgracia en el hombre y la magnitud de la manifestación
de la tierra, la oscuridad tiende a salir en grupos enormes, los movimientos de la
tierra serán enormes, esperemos que los gobiernos entiendan que ya no es
posible vivir destruyendo, que las políticas son palabras huecas ante su sistema
corrompido e inútil, que es solo saliva para embaucar incautos, a los seres
despiertos no nos compran con saliva, nos compran con acciones de paz y
progreso.

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