Despertar de la tierra 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

La tierra extraña

“El hombre es un ser social por naturaleza”, decía Aristóteles. Esa máxima ha originado que la tierra se sature de población en las ciudades, estamos acostumbrados a unirnos y a vivir aglomerados, que no entendemos a aquellos que están alejados de la “civilización”, los juzgamos y criticamos por no querer vivir junto a los demás. La psicología señala que viviendo juntos somos más fuertes y nos podemos ayudar mutuamente, los servicios que se necesitan para vivir en las ciudades son más baratos si compartimos las redes, lo mismo sucede con la electricidad y las redes de comunicación, tanto física como virtual.

Así que con la mentalización de que los seres deben vivir en las ciudades porqué hay más oportunidades de vivir, muchas personas han decidido mudarse a las ciudades. A partir de los años 80, el éxodo fue impresionante, que maduró en los años 2000. Veinte años bastaron para que las ciudades crecieran un doscientos por ciento; por ejemplo, Morelia pasó de tener 139 mil habitantes en 1980 a un millón en el año 2020, diez veces más.  

Parece que en las ciudades es la forma de vida más cómoda de vivir y pareciera que sí, allá se construyen las viviendas más lujosas, se construyen los departamentos con las mejores amenidades, mientras que en las regiones alejadas de las ciudades se vive de manera sencilla. Esto ha modificado la geografía mundial y apenas en cuarenta años. Sin embargo, hoy estamos experimentando un cambio de paradigma, el vivir en las ciudades ha provocado problemas de salud muy fuertes y dañinos, incitados por el sistema de vida que se implementó para hacer vivir a las ciudades.

El primero, era que se necesitaban alimentos para mantener a toda la población y los alimentos sanos no soportan el arrastre o transporte, muchos no soportan los cambios de clima y se pudren rápidamente si no se consumen prácticamente de inmediato. Para ello la industria se encargó de proporcionarles un paliativo, modificando todos los alimentos y adicionándoles sustancias que permiten conservarlos por más tiempo.Así nacieron los alimentos industriales. De esa manera se entiende ahora a la ciudad, una forma de vivir de manera artificial. 

Lo mismo pasó con la mentalidad de los habitantes de la ciudad que creen que es la mejor forma de vivir en esa aglomeración de seres, que tienen los servicios a la mano, abres la llave y hay agua, vas al súper, y allí hay alimentos, en la calidad que quieras, allí la hay, y no se preguntan ¿Cómo llegaron allí? Pasaron los años, los citadinos empezaron a notar que las ciudades estaban enfermándose y ellos también, las ciudades empezaron a tener problemas de circulación, problemas de alimentación, problemas de suministros, la demanda está siendo mayor a la oferta y pareciera que los insumos considerados renovables, no lo están siendo tanto, porqué los estamos desperdiciando, como el agua y los combustibles. Mientras que los alimentos en el hombre empezaron a enfermarlo y a extrañar las formas saludables de vivir. 

La arquitectura se volcó en proponer paliativos que les ayudarán a paliar las enfermedades que produjo el vivir en las ciudades, los diseños de las áreas habitables empezaron a promover áreas recreativas simulando el campo, propuso áreas donde cocinar carnes, las viviendas que contaban con área de asador o Grill empezaron a venderse mejor. Sin embargo, esto no era suficiente para ellos, empezaron a experimentar con alimentos sanos y su salud mejoró, empezaron a experimentar salir a caminar a la naturaleza y su salud mejoró. 

Con esas acciones comprendieron que no sabían nada sobre la procedencia de los alimentos que consumían, pues las recciones del cuerpo hacia la recuperación de la salud no eran lo suficientemente grandes o fuertes para que el cambio se notara, a pesar de que consumían vegetales, el esquema de comer frutas y verduras no era suficiente, algo seguía atorando a la salud. En la ciudad pasaba lo mismo, se hicieron viaductos, pasos elevados y no se solucionaban los problemas de congestión, el problema solo lo cambiaban de lugar, la ciudad de pronto se convierte en la mala de la película, aquellos que la defendían empezaron a cambiar su percepción, no era sano vivir en ciudades, ni era sano construirlas. 

La geopolítica era lo de menos, el cambiar los límites territoriales era el mal menor, el cambiar la morfología y la topografía estaba afectando al ecosistema y ello a la conciencia del hombre, que busca a toda costa salirse de las ciudades, como medida paliativa o como medida de recreación. La forma de ver al campo desde la ciudad es distinta ahora, así como ver laciudad desde el campo. La ciudad ya no es lo que era, ya no es aquella que promete el estilo de vida mejor, es cierto, allí están todos los servicios y distractores juntos, puedes conseguir lo que quieras, pero el costo en salud está siendo alto, desde la salud mental, hasta la salud física, todo cuesta, cada paso que das dentro de la ciudad, es un paso más hacia la muerte, la contaminación en todos los niveles, la falta de empatía, la falta de una certeza de comida de calidad, por todos lados hay riesgos. 

El hombre se empezó a preguntar ¿Si es necesario vivir en las ciudades a pesar del costo?, y dijeron que por el momento sí, pero su alma dice que no, su alma y espíritu buscan la paz que solo se encuentra en el campo, en el bosque, en la playa, en el desierto, e inventaron una cultura del entretenimiento bucólico, empezaron a salir los fines de semana al campo, quedarse unas horas o un fin de semana y olvidarse por completo del bullicio de la ciudad. Una vez alcanzado este estado emocional, pueden regresar a la ciudad como una forma de compartir lo bueno y lo malo, inconscientemente están recuperando la memoria y están extrañando a la tierra. 

La cultura de que la ciudad es mejor que el campo se está terminando, la fase de experimentación está llegando a su fin, la mayoría quiere lugares tranquilos, con paz y tranquilidad, pero no quiere perder los beneficios que tiene el vivir en las ciudades, pero también quiere salud, y tarde o temprano entenderá que la encontrará únicamente en el momento que se conecte con la tierra y conectarse con la tierra, no es buscar un enchufe, ni que la tierra y tu estén pegados, se basa en el respeto a los ciclos propios naturales que tiene el ser humano y que dependen únicamente de los alimentos que le da la tierra sin el aporte de la industria. 

Eso quiere decir que el hombre deberá regresar a producir sus alimentos, sin herbicidas, fungicidas, insecticidas o fertilizantes industriales, solo con la aportación propia de la naturaleza, lo que hoy se llamaría agricultura sustentable, permacultura o alimentos orgánicos, hacía allá pintan las cosas, las ciudades se están volviendo inhabitables, la calidad del agua que llega a las ciudades está siendo insuficiente para que las personas las consuman sin riesgo, la distancia que deben de recorrer las líneas o tuberías para suministrarla son cada vez mayores y el estrés hídrico mayor, las consecuencias más drásticas las están experimentando en la ciudad de Monterrey, donde sus presas emblemáticas se están secando y el agua se está racionando. 

Las empresas cerveceras que tienen la tecnología y el dinero para bombear agua de pozos profundos aún no sufren, pero sufrirán por la presión social, que buscará satisfacer sus necesidades básicas antes de que las de consumo. La consciencia social empezará a modificarse e intentarán primero cambiarse de ciudad, antes de mudarse al campo, hasta que las ciudades dejen de darles los satisfactores que necesitan. 

¿Cuántos años tienen de vida las ciudades? Si atendemos a la forma en cómo se desarrollaron, podemos estimar que en menos de cuarenta años las ciudades colapsarán y aquellos que han estado usando los fines de semana para visitar al campo como medida recreativa tienen mejores alternativas de a donde dirigirse y sabrán dónde establecerse, es un llamado que la tierra les está haciendo y las almas la extrañan, se sienten solas, oscuras, tristes si no ven algo verde, si no están en contacto con aire fresco.

Las ciudades estarán siendo ocupadas por aquellos que tienen la salud más completa, por jóvenes que pueden soportar grandes cantidades de contaminantes, que tienen fortaleza para soportar los tiempos de recorrido, para soportar el tedio de no hacer nada productivo por muchas horas para trasladarte al trabajo y del trabajo a la casa, con la esperanza de salir al campo una vez al año, esos espíritus tendrán que ser los últimos en ser rescatados de las ciudades, hasta que por fin, queden deshabitadas, como lo fue Teotihuacán, Tinganio, Guachimontones, Palenque, Uxmal. 

Todas aquellas que fueron abandonadas por alguna razón, que hoy desconocemos, y hoy, al menos si conocemos por qué podrían ser deshabitadas en el futuro, la mente del hombre puede ser modificada y entrenada, el espíritu no. La mente, basada en las emociones, le dice que las ciudades son la mejor opción, allí se pueden hacer todos los negocios posibles, el espíritu no, ese necesita salud, aire libre, prados verdes, ruido de olas, paz y tranquilidad, y eso se logra estando en comunión con la tierra, por eso la extraña, por eso busca la manera de regresarnos a ella, nos mueve a buscarla, a platicar con ella, a sentirla y una forma de hacerlo, es hacer una cultura de entretenimiento en la mente colectiva de los citadinos, que efectivamente, ven hoy a la naturaleza como una diversión, para retirar el estrés que produce el vivir en ciudades. 

¿De qué sirve vivir en un espacio rodeado de todas las comodidades?, si el espíritu no está en paz, ¿De qué sirve que tengas los recursos monetarios?, si no tienes salud y vives en estrés y enfermo. La ciudad es el reflejo de la mente colectiva, si la ciudad está enferma, el hombre estará enfermo, si la ciudad es sana, el hombre estará sano, más el espíritu seguirá extrañando a la naturaleza y mientras llega el día en que se vuelva a unir a la naturaleza, estará rodando entre la ciudad y el campo.

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