​Despertar de la tierra 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Las otras guerras, la tierra acogedora de almas

Estoy preocupado por la guerra que hay en Ucrania, provocada por un deseo desmedido de poder de Rusia, contrapeso de las bases militares que está colocando Estados Unidos por todo el planeta y me preguntaba si hasta México llegarían los embates de la furia rusa. Esa era mi preocupación. Mientras tanto, analizaba la historia, para poder identificar los patrones de las guerras y revisar si afectaban a nuestro país y me quedé pensando en que México ya ha sufrido bastante con las guerras intestinas y no necesita de una guerra más del exterior.

Si bien, tiene de vecino a Estados Unidos, que es el arroz de todos los moles en eso de las guerras, este país, busca desesperadamente entrar en todos los conflictos bélicos por haber, y que nosotros, al ser un socio comercial importante, nos llena de incertidumbre, pues los enemigos de Estados Unidos pueden considerar a México como un enemigo potencial y puedan pensar que entraría en conflicto, en defensa de su principal socio. Pero la certidumbre que tenemos, al menos en las estadísticas, es que la inmensa mayoría de los conflictos bélicos se dan solo en el medio oriente, en una zona muy definida y difícilmente pasan a otros continentes o países. 

Así que, atendiendo a la historia, no deberíamos preocuparnos por un ataque del exterior, quizá las crisis, la escases de alimentos o la falta de insumos que produzcan los países en conflicto y que envíen hacia nuestro país, pareciera que el tiempo se hubiese suspendido en la región de medio oriente, las enormes guerras, las brutales guerras, las eternas guerras siempre han sido en la zona, y están registradas en los libros de historia, antes y después de la era cristiana.  

La zona de guerra es donde se encuentran ahora los países de Irak, Irán, Jordania, Siria, Egipto, Afganistán o Tíbet, en la historia hay guerras famosas, cruzadas extensas y desapariciones de reinos en la misma zona, la cruzada de Alejandro Magno, que definió las fronteras de las guerras es de las más importantes y extensas, el imperio Persahoy desaparecido, murió por la misma causa que se tienen en Rusia y Ucrania hoy, deseo de poder. El Imperio Egipcio desapareció, después de varias guerras, el Imperio Romano que desapareció después de múltiples combates, el imperio Bizantino.

Esos son algunos de los ejemplos de la rijosidad en la zona, la energía de violencia está presente en todos los tiempos y en todos los planos, y hoy, con la eterna lucha por territorios en Jordania y una nefasta guerra en Ucrania, que al parecer solo es para equilibrar la hegemonía impuesta desde fuera por los Estados Unidos, que busca extender sus tentáculos a todo el orbe, para ostentarse como el salvador de la humanidad, vendiendo guerra con nombre de paz y que entendemos lo hace para mantener artificialmente el poder económico que ya no puede sostener por el grado de endeudamiento que tiene. 

Pero que si puede irlo reduciendo si vende armas al por mayor, como lo hace ahora con Taiwán, para defenderla de la amenaza China, poniendo en alerta también a esa parte del mundo, y nos preguntamos si en nuestro país, o los países que oficialmente no están en guerra, las muertes violentas y excesivas que hay, son también parte de nuestra participación en los ciclos de dolor que debemos sufrir. En México, las guerras se han sucedido cada cien años, como relojitos, puntuales, siempre entre el primer decenio y el tercero de cada siglo, y hoy, a partir de 2010 el país está en guerra, que, al no ser oficial, no la consideran como tal, pero las muertes si son oficiales y sí son reales, aunque los bandos sean “civiles”, la muerte sigue siendo la misma, muerte y dolor. 

Así pasa en prácticamente todo el mundo, Colombia sufre situaciones violentas desde hace varias décadas, por guerrilla, por narco, Brasil vive etapas violentas en sus favelas, una guerra de muerte, sin ser una guerra, Argentina sufre sus episodios de dolor, crisis groseras, también sin estar en guerra, El Salvador sufre una crisis de pandillas, que los mete en la dinámica del dolor y la muerte sin estar en una guerra oficial, todos son patrones repetitivos, todo se repite, como si ese fuese el destino de los pueblos, “sufrir eternamente el dolor”, en ciclos uniformes.

¿Por qué sucede esto y no otra cosa? Es algo complicado de explicar, si atendemos a que el hombre es inteligente, que aprende de sus errores, que una vez habiendo vivido etapas violentas, no desearía volver a vivirlas. Pero los que participan de la violencia no leen, no estudian la historia, y si lo hacen, buscan solo las coincidencias que empaten con sus intereses, como, por ejemplo, identificar los patrones del miedo, que les permite abusar de las personas para someterlas, robarlas y obtener recursos de ellos. Bien podrían vivir en paz, armonía y amor, pero eso no les hace sentido, su necesidad de posesión es imperiosa, si no poseen algo, si no están encima de alguien, no sienten que la vida les sonría, es parte de su programación.

Las guerras son producidas por seres negativos, que no entienden lo que es la paz y tranquilidad del mundo o del universo, quieren todo para ellos y pueden modificar sus energías para dominar a los seres humanos débiles y así como las hay en la tierra las hay en el universo, cientos de guerras se libran en todos los planos y en todas las dimensiones, hasta que se logre el equilibrio completo.

En el universo ha habido seis guerras brutales, en una de las cuales, las siete tierras habitadas que había en nuestro sistema solar desaparecieron seis, y queda únicamente la que hoy conocemos, ese pequeño grano de arena en el universo. La guerra de la que tenemos más información por su cercanía, fue la de Orión, que tiene muchos libros, escritos y películas que le hacen referencia. Allá arriba se libran batallas enormes, todas son similares a las de abajo, se quiere obtener hegemonía, poder, sumisión, más la dualidad, la del bando de la luz, o los buenos, no han permitido del todo esa dominación. 

Las otras guerras que se han sostenido arriba son la de Lira Vega, Altair, Pegaso, Andrómeda y Arconida, en todas ellas han muerto millones de almas, que no necesariamente son similares en forma a nosotros, no tienen la misma composición corpórea, pero si la misma composición energética, y esas almas, dañadas, golpeadas en esas guerras tienen la oportunidad de redimirse en la tierra, pues nuestra madre se ha ofrecido para abrazarlos y que curen sus heridas y que sus almas rotas se vayan armando nuevamente. 

En uno de los libros que relata las guerras de Orión,denominado de Orión a Pléyades, de Enrique Peña,menciona que “A unos cuantos años luz de Betelgeuse estaba nuestro hogar. Una estrella situada en la constelación de Orión, que ustedes conocen como la “mano del central”, término acuñado en su mundo por el pueblo árabe y que literalmente es “yad al-jawza”, ubicada nada menos que en lo que los astrónomos de su planeta clasifican como la Catedral del Cielo, o sea, la constelación de Orión.  

Esta estrella ya murió, aunque ustedes la sigan viendo. Se convirtió en una nova y colapsó. Su tamaño era de 800 veces el tamaño de su Sol. El brillo fluctuaba entre naranja y rojo, y tal vez nos fuimos de allí a tiempo, antes de despedirnos de ella. Todo funcionaba bien, hasta que apareció una raza lagarto de tres metros y medio de estatura, procedente de otras estrellas situadas en la misma constelación, que nos pedía nuestra rendición total y nuestra esclavitud, so pena de nuestra desaparición literal de la faz del universo. No nos rendimos. 

Fue así como abandonamos Scacia, nuestro lugar de origen. Buscamos nuevos mundos que nos permitieran sostener una vida en paz, con crecimiento mental y espiritual, que forjaran puentes para acercarnos al creador universal. Luchamos por todos. Pero sobre todo por nuestros niños y nuestros ancianos a quienes debíamos mucho. A unos la alegría de sus risas y a otros las enseñanzas que nos hicieron crecer y fortalecernos.”, muchos de ellos están con nosotros, en una lucha intensa contra los seres alma de reptil, que dominan todas las ideologías, que dominan con el verbo, de lo cual, hoy, nosotros tenemos la obligación de defendernos con mente fuerte, con discernimiento, pues la dominación mental es más dura que la dominación física.

Lo físico lo podrías soportar si te aleccionan que el dolor es redención, pero la dominación mental no es tan sencilla, pues en ella trabajan las percepciones, el hombre empieza a sentirse en armonía con muchos seres que están equivocados de la misma manera y así se sienten unidos, en una guerra que no lo parece, pero que te lleva a la muerte. Basta ver como la medicina, la ciencia y la ideología te tienen atado a las emociones, que es parte de la estrategia, debemos salirnos de esta tierra mental, e irnos a otro planeta en este mismo lugar. 

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