​​Despertar Poético 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

¿Cómo traducir tu propia lengua?

El lenguaje es el arte vivo de la comunicación, no existen lenguas muertas, solo existe la muerte de aquel que en su ignorancia las deja empolvarse en la memoria primigenia. Los antropólogos del lenguaje buscan armar la máquina del pasado lingüístico a través de fragmentos mal conservados y casi invisibles. Ellos tendrán su labor ardua y gratificante en cuanto entiendan la lengua en la que está escrito el mensaje. Mientras llega esa satisfacción, deben entrar en los terrenos de la especulación, basándose en las reglas que conocen, sin identificar porque ya no es posible el entramado que la creo.

Por ejemplo, tenemos a los textos denominados “bíblicos”, se lograron traducir y se les dio una connotación actual, con verbos actuales, con algo de sesgo del traductor, y de allí los no doctos entendemos la forma de ver el mundo de nuestros antepasados. Trabajo igual de gratificante como el de Champollion, con los jeroglíficos, un tipo de lengua muerta, que revive y nos descubre un pasado glorioso. 

Todos los pasados son de gloria, todos los pueblos dejan señales magnificas, cuando han llegado a ese estadio. Los pueblos que no logran llegar a su edad de oro pasarán desapercibidos por la historia, quizá el único homenaje será el recordarlos tras el mito.Es la única frontera donde se refugian, cuando han perdido toda forma de trascender, aunque sea en el imaginario de una lengua prestada, como los moros en México, un mito creado en Granada y exportada acá, con una connotación de respeto y cuidado. 

Entendemos desde nuestra óptica que el lenguaje es complicado de entender y de descifrar, aún si compartimos la misma lengua, pero si no vivimos las mismas circunstancias y tenemos las mismas experiencias que el autor, nos costará comprenderlo.Sabemos que al final todas las historias tienen un matiz cultural y se escriben o cuentan desde la visión del escritor, y el escritor siempre es el vencedor que pregona su victoria. Este autor, a la postre se sentirá feliz al ser interpretado en todas las lenguas, es cuestión de ego, porqué la adulación al vencedor es su alimento, no importa que lo adulen desde la lengua que él comparte, siempre será el héroe, ya sea pacificador o incomprendido que tenga que dejar al mundo por esa incomprensión. 

Como Hemingway, muchos poetas se sienten abandonados de sí mismos, incomprendidos de sí mismos, no del mundo, no del lector, no nos sabemos leer y no comprendemos por qué alguien más no nos sabe leer, a algunos no nos importa que el lector no comparta nuestra idea, ni que siga nuestra línea dramática, nos importa que lea, que interprete un papel, al menos de espectador, que guste o denoste, no importa, debe hacer suya la lengua acorde a su nivel intelectual o cultural. 

Quizá un poco de lo que somos se quedará en él, como un ateo que se dice sin dios, pero necesita a un dios para poder negarlo. Así, que se diga lector sin poeta a quién seguir, pero que busque a uno para denostar, que necesite la poesía para crear su propia idea de ella, un ejemplo claro son aquellos trabajos que presentamos los poetas para deleite de los amantes de la poesía, donde externamos nuestro más íntimo pensamiento, desfacemos los entuertos del intríngulis mental, como alienados creadores de belleza, con la profundidad del ser inmerso en nuestra poesía, y que al ser interpretada por los lectores, en ellos toma otro cariz, con los lectores nuevas formas lingüísticas se descubren. 

Tengo un recuerdo de hace unos años, cuando se publicó “La Esfera” (José Luis Valencia, 2014), un lector me comentó referente a un poema titulado “El espacio donde no estás”, que era un poema hermoso, que dichosa la mujer musa de mis inspiraciones, ella debería estar orgullosa de ser vista con esa belleza y me quedé pensandoseriamente en ello, y le respondí que sí, que era dichosa esa mujer, que seguirá siendo dichosa mientras viva, y también será dichosa aquella mujer que se sienta reflejada en él, porqué para ella fue realizado el poema, para nadie más. 

No le dije que nuestro trabajo es impersonal, es universal, no tiene nombres. Las musas son todas y ninguna, que se puede pensar en alguna de ellas y sacar toda la sabia y ponerla allí, ella la tomará y la hará suya, hoy, mañana o antes de leerla, no importa, la poesía no tiene fronteras, es de todos y para todos. El poeta sabe que, una vez salidos los poemas de su mente, ya no le pertenecen, le pertenecen al lector, son de quien los lee. A veces quisieras que fuese con tus mismos ojos, pero no es así, por eso hay belleza en las interpretaciones, te sientes pleno al escucharte en los labios de otros, al ser leído en los ojos de otros.  

Aún años después, cuando uno lee sus trabajos, los lee distinto, los entiende distinto, tú mente ha cambiado, tú cultura es distinta, la visión del mundo es distinta, las musas son distintas, tienen otro cariz.

Cuando los años pasan, ya no soy yo el que lee, ya no son mis palabras las escritas, ya no son mis emociones las expresadas, todo le pertenece a la historia. Son ahora las emociones del mundo, son personales e intimas de quien lee, y esa es la idea, que todo trabajo sea integrado a ti y al todo, que el lenguaje siga moviéndose, interpretándose, modernizándose, haciéndose propio, de una nueva conciencia colectiva.

Ese pequeño comentario, pues, me dejó una disyuntiva que aún no logro descifrar, y no es que no haya argumentación o retórica en ello, es que no logro aún consensuar algo ¿Será que estamos presionados a entender lo que el poeta quiere decir? ¿Será que no sabemos leer lo que el poeta intenta compartir? ¿O será que no sabemos leer el mensaje? 

No creo que el poema “el espacio donde no estás” tenga dedicatoria, solo es algo que es, solo es inspiración pura, pero alguien se lo apersonó y alguien más me lo apersonó y le puso dedicatoria.Así sucede con el lenguaje universal, con las lenguas muertas, con los escritos de todos los poetas, viviremos siempre intentando descubrir que dice o que quiere que entendamos y entenderemos solo lo que estamos dispuestos a entender.

La poesía siempre será algo impersonal, será inspiración pura, los textos bíblicos será algo impersonal, algo que deben entender e interpretar todas las mentes, el lenguaje será el medio más común de comunicación, nunca para, está en constante cambio, se le agregan palabras, se mueren muchas de ellas, por considerarlas anacrónicas, pero el anacrónico es el hombre, que camina y retrocede en un vaivén eterno, solo ha modificado la técnica y la tecnología, no su pensamiento, solo ha modernizado el lengua que utiliza para crear tecnología, no el del amor, no el de la inspiración, no el de vivir la vida. 

La lengua que le permite interpretarse a sí mismo sigue en espera de ser leída, pero al hombre le da miedo no entenderse y prefiere ir al cosmos a intentar descubrir cuántos soles hay, cuanta masa oscura puede ser observada, pero no puede meterse en su papel de ser superior, eterno y amoroso, le da miedo pensar que es débil ante la inmensidad, le da miedo descubrir que no es lo que las demás personas creen que es, le da miedo quedarse sin nada, no se arriesga a perderse en sí mismo. 

Por eso, los que llegan a santos son lo que menos recursos tienen, al no tener nada a que apegarse se empiezan a descubrir y cuando lo hacen, entienden que son algo más grande que simples organismos vivos atrapados en una red intrincada de palabras que lo aprisionan para hacerlo esclavo por voluntad propia, por algo los pobres de recursos materiales se arriesgan a convertirse en algo más que simples mortales ávidos de dinero, dan y reciben más con su solidaridad y empatía, los que más tienen recursos viven con el miedo de perderlo todo y ser “nada”. 

Ese tipo de lenguaje es el más complicado entenderlo, te haría sabio. Pero no quieres hoy ser sabio, quieres ser rico. Aun no entendemos que la riqueza está allí, a la mano, dispuesta y gratis para todos, bastará quitarse de encima el lenguaje de opresión y negación que hay fuera de la poesía, hay que quitarse el freno de la manipulación de los amantes del poder, que sin el poder serían nada. 

Mejor sería que todos creáramos poesía, que descubriéramos nuestro ser interno. Todos tenemos una musa, aquel ser que idealizamos y aunque laveamos solo en fracciones; en todas las mujeres que pasan por nuestra vida; madre, hermana, pareja, hija, amiga, amor platónico y que las mujeres también entenderán como los pedazos de todos los hombres que pasan la suya, sin importar si son o no partes sentimentales, pueden ser solo ilusiones como los amores platónicos de la secundaria, que son los más fuertes y arraigados en el inconsciente emocional, recordemos una fracción de ese poema“el espacio donde no estás: 

…” Esperando contemplar tu silueta,

Con el marco de la inmensidad del mar,

Dejando las huellas en la arena suave,

Deshechas con la marea y que tú,

Con tu grácil paso rehaces…”

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