​Despertar Poético  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Elemental mi querido Watson

Sherlock Holmes jamás dijo esa frase, pero es la más conocida del detective. Eso dicen en las redes los que escriben sobre lo escrito por Arthur Conan Doyle, no aparece esa frase en ninguno de sus 60 libros y, sin embargo, cuando la escuchamos, nos lleva a la literatura del detective Holmes. Suena lejano cuando inició esa historia, cuando Conan usó su alter ego heroico para salvar al mundo de la maldad. Al menos en la ficción. En sus escritos Watson apareció en 1887, era el patiño de Holmes, el detective inglés destacado por su inteligencia y razonamiento, fortaleza tan falta en nuestros días en las agencias de inteligencia.

Quizá solo sean garbanzos de a libra los que generen esas historias y nos reflejemos en la justicia esperada de la ficción, para equilibrar el contenido de las historias. Watson es el narrador, el segundero de la estrella, se convierte en protagonista de esta manera, segundero, sin el cual la estrella tampoco lo sería, así los dos son importantes. Pensaríamos que Holmes sería el guapo, al final, Watson era el moderado, el que movía las fichas, Holmes quien las ensamblaba, así lo pensó Conan Doyle y le salió bien la jugada, nos gusta, aunque sea solo ficción, al igual que todos los estudios lo son, como todas las teorías lo son. En papel solo son buenos deseos que se ven resueltos de manera magistral, en cuanto nuestra acción los encarna.

Ese Watson nos mantuvo alertas y atentos en la lectura, y sus interpretaciones cinéfilas algo nos gustaron. Los que leemos en papel somos exigentes, queremos más fidelidad, aunque entendemos que el tiempo del cine es corto y deben adaptar lo más fiable que se pueda, y no siempre les salen. Los sucesos que relatan el detective y su compañero, exponen el comportamiento humano en ciertos lugares y en ciertos tiempos, y muestran las debilidades pasionales de los propios protagonistas.Así sucede en nuestra realidad, donde existen muchos actores, ya 8 mil millones de protagonistas, todos con sus propias dependencias, con sus propias conductas, con sus propias personalidades, creadas a partir de los condicionamientos personales.

Entre toda esa maraña de seres existió otro protagonista, un patiño de sus propias debilidades, si, existió en la realidad, no en la ficción, de nombre John Broadus Watson, un Psicólogo estadounidense fundador de la escuela psicológica del conductismo, consideró a la psicología como una ciencia natural y como una disciplina social, su manifiesto señala que las personas cambian sus conductas influenciados por el ambiente, y un conductista ve a la psicología como una herramienta para modificar los patrones de conducta acorde al ambiente donde se integra el humano.

Una de las frases del conductismo dice: “Dadme una docena de niños sanos, bien formados y mi mundo específico para criarlos, y yo me comprometo a tomar cualquiera de ellos al azar y entrenarlos para que llegue a ser cualquier tipo de especialista que quiera escoger: médico, abogado, artista, mercader y sí; incluso mendigo o ladrón, sin tener en cuenta sus talentos, capacidades, tendencias, habilidades, vocación o raza de sus antepasados”, frase de Skinner.

Lo que dicen los conductistas, es ¿Cómo se genera la conducta?, si bien está influenciada por el ambiente, y el ambiente no solo es el clima, es el entorno jugando con la psicología social, con el inconsciente colectivo que explicaba Jung en sus escritos, Watson, el psicólogo, no el personaje de ficción, señala las personas pueden modificar su conducta de manera natural, conforme se van desarrollando eventos que la provocan, y suena lógico y natural que así sea, que el hombre conforme va madurando las experiencias, de manera natural madura su conducta.

Es similar al conductor de un automóvil, primero le cuesta trabajo coordinar pies y manos sin que la vista los vigile, posteriormente sus acciones en el maniobrar al automóvil se convierten en actividades propias de su conducta, como si fuese algo natural. En otra línea de investigación, mencionan la conducta condicionada a estímulos, como el perro de Pávlov, que al principio saliva o babea al ver la comida cuando tiene hambre, posteriormente, lo condicionan a que la comida la proporcionan una vez tocada una campanilla. La conducta del perro cambia, cuando escucha la campanilla empieza a babear al solo escuchar la campanilla.

Los hombres tenemos mucha capacidad de adaptación y nos manejamos también bajo condicionantes ambientales, como, por ejemplo, si llevas a una persona que no ha estado antes en una ciudad, los colores de las luces de los semáforos le serán indiferentes, una vez que acepta el condicionamiento de verde avanzar y rojo parar, el modifica su conducta, pero lo que no han logrado descifrar es la tramoya que provoca el condicionamiento. No sabemos que lo provoca, que lo condiciona a él mismo. Entendemos que está en la mente, pero que hace a la mente mandar las señales para que se modifique la conducta, y se nos complica más, cuando hace la discriminación mental entre conducta individual y la colectiva. Un ser humano en la soledad es distinto a cómo se comporta en grupo.

Aunque Watson solo estudió al hombre desde una sola visión, compartía con otros teóricos sus propias visiones, la psicología de la conducta natural, o ciencia natural o condicionamiento clásico, analizando únicamente la ley de la causa y efecto, buscaba el efecto y de allí derivaba a lo que lo causaba, pero no sabía las razones, ni el origen, no se metió a estudiar el inconsciente, ni el malo de Freud, ni el bueno de Jung, ni al apológicamente sexual, ni al arquetípico. Se centró únicamente en las consecuencias, solo definió las conductas en sus efectos y buscó las causas, pero no el origen, que es lo importante. El ambiente le ayudaba a Watson a identificar patrones, pero hasta allí. 

Entendemos que los patrones comunes se repiten, si son enseñados. Los patrones se repiten si comparten algo entre los hombres, ya sea lengua, comida, ideales políticos o religiosos o la educación, porqué es sociocultural, y ¿Cuándo los patrones se rompen? Cuando salen los locos a exponer aquello que nadie más expone, como Tesla que exponía sus ideas y las pretendía usar en beneficio de las mayorías, su conducta alejada del negocio, alejada de lo que consideran común y normal en los seres que tienden a acumular propiedades, era un loco rompiendo patrones, su conducta estuvo fuera de norma, era inusual, pero era conducta.

Quizá a los conductistas como Watson se les olvidó que hay otro grupo de personajes que son superiores en jerarquía intelectual a la mayoría y que deben ser estudiados y replicados, quizá con ello, la educación y el desarrollo de las sociedades fuese superior al de nuestros días, aunque a como están las cosas en la sociedad, no creo que hubiese valido la pena estar mejor en términos de progreso, entendido el progreso como más comodidades, habrá más basura, más desigualdad económica, más esclavitud consensuada mediante contratos, más mendacidad, y más seres buscando aprovecharse de los más débiles, quizá las condicionantes emocionales que modifican los patrones del común o de la muchedumbre deberían ser manejadas de distinta manera.

¿Se imaginan a un hombre salivando ante un libro de Nietzsche? ¿O ante una ópera? ¿O ante La Piedad de Miguel Ángel? Sería maravilloso, significaría que habríamos saltado el escollo de la ignorancia y estaríamos en un nivel sublime de inspiración.

Watson rellenó sus escritos con descripciones médicas y sociológicas, insertándolas como pudo en la explicación conductista, y lo que no pudo explicar, pero que sí sabía, es que el hombre debe explicar su conducta en todas las ramas existentes de su desarrollo intelectual, desde todas las bellas artes, desde todas las ciencias naturales o no, desde todos los ideales, religiosos o no, todo ello es el hombre, siempre habrá concordancias y siempre habrá discordancias, pues el hombre en cada una de sus regiones o ambientes lleva escalando más o menos escalones, algunos se juntarán en algún descanso, algunos pasarán raudos, otros se quedarán estancados en alguna experiencia que les agradó y quieren vivirla lo más posible, hasta que se asqueen, pues todos tienen eso: un nivel de conciencia, un nivel de conocimiento: una jerarquía intelectual, la que no tienen todos, pues cada un vamos formándola acorde a nuestro propio desarrollo, la vida nos pondrá los caminos en frente, nuestro discernimiento nos permitirá elegirlos. Elemental, mi querido Watson.

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