Despertar Poético

​Despertar Poético  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Historias fantásticas de la 5D. III.

Era de noche, horario en donde los fantasmas rondan las mentes de los humanos, cuando me llegó el flashazo de realidad, un ser enorme, alto, fornido llegó ante mí. Ya era habitual que se me presentaran, ya había creado una realidad alterna para que ellos viniesen y viviesen aquí, para que me acompañaran a todos mis viajes, en todas mis actividades, pareciera como si mi vida se estuviera desenvolviendo de manera brusca en otros tiempos y en otras vidas, y sentía confianza, pues esas vidas y esos tiempos parecían ser los mismos que viví y vivía. 

Me estaba volviendo loco ante los ojos de la débil sociedad actual, más interiormente me fortalecía. Los seres que llegaban, todos traían y traen un mensaje propositivo, positivo, incitando al desarrollo personal. Ninguno hasta ahora había llegado con la intención de dañarme, al menos no los que he visto; aunque he sentido a aquellos que intentan lastimarme, pero estoy protegido por las armaduras energéticas de Mickhael y Cryon, en Oso bonito, como le llamamos de cariño.

El ser se sentó a mi lado y comenzó a recitar una historia, decía que hacía miles de años, 3,140 para ser más precisos, en ese tiempo él reinaba Babilonia, pertenecía a la dinastía Isin, sus políticas permitieron hacer que Babilonia fuese considerada nuevamente como una potencia cultural y económica, era reconfortante ver como se acercaba a repetirme una historia, quizá su energía intuía que nuestra ignorancia era extrema, tanto que podía estar la información en nuestra nariz y no poder verla, y tendría razón.

Hubo un tiempo, en el que durante su reinado existían muchos personajes abusivos, se dedicaban a embaucar a los simples, aprovechando su ignorancia, pues la mayor debilidad del hombre, por lo que más muere, es por ignorancia, ignora su poder, ignora su saber, le han inculcado que solo en las escuelas se adquiere la información, limitándolos a ello y no quiere aprender más allá de eso, sin interiorizar, sin discernir, y si por alguna razón no plausible la escuela no lo acepta, este hombre estará condenado a una esclavitud terrible, la esclavitud de la ignorancia, de la desinformación, se les retira el poder de ser, dejan de ser ellos, para convertirse en lo que los poderosos mal intencionados quieran tener a su servicio.

Su nombre es Nabucodonosor, era alto, guapo y musculoso, vestía una túnica blanca, con un gorro de tela blanco adornado con hermosas grecas e inscripciones, su luenga barba le daban un aspecto inteligente, y debió serlo, fue un gran rey, su mirada, ya apaciguada por la sabiduría me miraba condescendiente, sabedor soy de que las dimensiones pueden no tocarse, pero si verse y sí vivirse, y si recordarse, eso puede desorientar a cualquiera.

Me mostró un pasaje nada grato para él, aunque su intención fuese buena, no lo era tanto para la energía del Dios todopoderoso, un ser del que pretendían descender directamente todos los reyes, no así los plebeyos, “que desgracia tan triste no entenderlo correctamente”.

Decía, pues el Dios supremos es el padre de toda creación, y sin Él no nos entendemos, ni Él se entiende sin nosotros, somos uno con Él, Él es uno con nosotros. Así, en mi grado de ignorancia, decía compungido, y molesto consigo mismo, pretendí liberar al pueblo de las lacras mendaces que abusan de la sencillez del común, un día tuve un sueño y ese sueño debía ser desvelado por alguien, mi mente no lograba hacerlo, era poderoso, me producía cansancio y no me dejaba descansar.

Así que convoqué a todos aquellos que se decían ser portadores del don de la profecía y de la adivinación, les pedí que interpretaran mi sueño. Todos ellos pidieron que el sueño les fuera revelado, que les fuese relatado. Monté en cólera, pues ningún adivino a mi entender necesitaba que un sueño le fuese relatado, los juzgué fuertemente como viles charlatanes y les impuse un castigo, todos aquellos adivinos que no pudiesen ver y leer en su mente el sueño serán sentenciados a la muerte. Los primeros pasaron frente a él y no pudieron leer la mente del Rey y fueron muertos.

Daniel, un seguidor de Dios, del que fue, del que es y del que será, se paró frente a Nabucodonosor y le pidió piedad para todos aquellos que no podían leer su sueño, no era culpa de ellos, pues solo Dios era capaz de hacerlo, y solo sería mostrado al alma más pura que existiera en esos momentos encarnada en la tierra, los demás hombres eran seres que cumplían un papel muy importante en el reino, le restaban carga de trabajo al Rey ante problemas sencillos, eran psicólogos de las masas, les decían lo que querían escuchar para que sus vidas tuvieran sentido, no todos eran malos, aunque siempre hubiese alguna piedra que torturara el pie.

Daniel le dijo al Rey, que solamente Dios podía leer e interpretar el sueño y que él mismo, a través de su voz lo haría, pero debía de quedarle claro que no era él el que hablaba, era Dios a través de él.

El Rey accedió a escucharlo, Daniel le dijo que el ser enorme que veía con cara de oro y pies de barro era la sucesión de reinos terrestres que habría posterior a su reinado, y que la pequeña roca que llegaba y desmoronaba el barro de los pies del enorme ser, era Dios, destruyendo con su aparente humildad a todos los reinos.

La estatua con cabeza de oro, pecho de plata, torso de bronce, pies de hierro y arcilla, estaba pues compuesta por diversos metales, representaba en cada metal o en cada tipo de material distinto a un reino cada uno, la piedra destruiría todo rastro de reino en la tierra, hasta desaparecerlos por completo, sin dejar polvo de ellos, mientras que la roca, representación del Dios vivo, crearía un reino eterno.

Dice la historia que el Rey cayó de rodillas y se rindió ante el Dios de Daniel, más el Rey no aceptaría esto, no por humildad o reconocimiento de esa energía, sino por el entendimiento de que él era el elegido por los dioses y ahora un dios todopoderoso debía de entender esa elección, y más que todos al ser creados por un dios, estamos emparentados con él, Nabucodonosor recordó los días en que vivió en la tierra, reconoció que el hombre es el creador de su propio destino, mientras entendieran que el destino era su sino, aquellos que viven en libertad del discernimiento saben que su destino fue creado junto con su cuerpo y que regresarán ante el Dios que los creo a servir con él en los afanes del reino eterno.

Vio ante sus ojos, el polvo ocre que se formaba al caer la estatua enorme, la premonición era cierta, los reinos que habitaban la tierra en su tiempo eran solo polvo, sus partículas vagaban incólumes y tristes por todos los reinos, mezclándose, uniéndose, separándose, participando de nuevas creaciones, participando de la eternidad al pertenecer a todos y a nada, veía frente a sí, la película del destino que le creo el sueño, los reinos todos habían desaparecido, ahora veía ciudades, pueblos, villas, autos, aviones, barcos, un sinfín de herramientas que el hombre usaba ahora y no entendía como se gobernaba un reino ahora con tanta interferencia.

Ya no había guerras e invasiones armadas con ejércitos poderosos a pie, ahora se dominaba al hombre mediante el poder del conocimiento y los ignorantes se dejaban llevar, igual que antes, por los charlatanes, pero ya no deseaba la muerte de todos los embaucadores, solo deseaba justicia, que cada uno recibiese la parte proporcional de castigo a la parte proporcional de injuria que habían infringido.

El Dios, ahora conocido más de cerca, llegaría nuevamente en forma de roca a romper los escuálidos pies de los reinos de caricatura que se habían formado, era una geopolítica distinta, eran formas diferentes de entender un reino, ahora eran repúblicas, gobiernos distinguidos por colores, las mentiras eran las mismas, el escenario solo era renovado, pero era el mismo espacio. La Babilonia dejó de existir, ahora es otro tiempo. Le dijimos que efectivamente, los tiempos son distintos, la ignorancia es la misma, siempre habrá seres oscuros que se aprovecharán del poder y de los incautos, pero todos, sin excepción, tendrán su propia carga de castigo.

Sonrió, se levantó y asintió, cada uno de nosotros carga sus propios demonios, algunos los exorcizamos a tiempo, otros dormimos con ellos apapachándolos para que sean moderados con nosotros. 

Se despidió mostrando beneplácito por entender la historia, una de las cinco que se cuentan en la biblia, quizá alguno de nosotros hayamos sido aquél Daniel, o aquellos sabios que murieron a manos del Rey, y que ahora, ya no nos importe nada de lo que pasó, estaremos más preocupados por comer mañana, que por recriminar al Rey que solo es un ser libre, sin cuerpo, sin alma, solo energía, como lo seremos algún día.

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