Despertar Poético

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Despertar Poético

El inefable


Pocas veces un ser se inunda de sí mismo, que se pierde en los abismos de la inexistencia para encontrarse y crearse de manera distinta a como se conocía, pocas veces un ser puede ensimismarse al grado de fundirse con su espíritu y desconocerse por completo, porqué el espíritu lo llenará de verdades que el alma no puede aceptar, porqué la mente lo domina por completo.
Hoy, sentado a la sombra de un almendro, mirando fijamente al horizonte, Gregorio ha filosofado un poco, pensando en el destino del hombre y su origen, ambos polos opuestos le son desconocidos, ni sabe su origen más allá de sus abuelos y no sabe el destino más allá de su propia muerte, y eso le desconcierta.
La muerte es un futuro innegable que tiene su carga de miedo y brutal ansiedad, mientras que la carga de vida, que trajo consigo no lo logra convencer de que haya sido fortuita.
Gregorio se ha puesto a pensar en lo inefable, que es aquello que no se puede expresa con palabras, y como no puedo explicarlo, debemos entenderlo así, como eso, sin que sepamos lo que sea, y dentro de lo inefable, le llegó a la memoria un nombre: Franz Kafka, el inventor de la literatura de lo absurdo y que en 1915 escribió “La Transformación”.
Y que nosotros la recibimos como la Metamorfosis, y lo sentimos algo más sublime, mejor explicado y menos entendido, porqué sí, entendemos poco a Kafka y muchos nos jactamos de haberlo leído, sin apenar entenderlo, y como no lo entendemos hacemos resúmenes sesudos explicando su trabajo como una muestra de traumas o trastornos mentales que posiblemente tuvo, pero que entiendo no son anormales, son comunes y conviven en nosotros como todos los seres que nos componen.
Se imaginan al otro Gregorio, al Samsa, que un día despierta convertido en un escarabajo, eso da miedo, ¿A quién le daría miedo?, creo que a aquellos que virtualmente están convertidos en esparadrapo humano, que solo sostienen a sus mascaras para no descubrir que ellos mismos no son lo que dicen ser, y viven en la fantasía propia de los dementes.
Así, por un momento, he pensado que Kafka tenía unos poderes ahora concebibles, antes inconcebibles de desnudar almas, de ver más allá de los simples cuerpos, de que la carne solo es, cuando se quiere usar como objeto y que más allá de la carne hay lago más y que no sabemos qué, pero intuimos que seremos algún animal cualesquiera, acorde a nuestra propia concepción de vida.
Porqué la vida la entendemos a través de lo que reflejamos y lo que reflejamos es lo que realmente somos, quizá literal no sería sano considerarnos animales, pero ¿Y si sí?, ¿Si en realidad somos animales vestidos de humanos?, ¿Si los mitos aquellos Kafka los conocía cercanamente y la sociedad se ha encargado de ocultarlos para no morir de miedo, o nos han metido miedo para que no nos reconozcamos, y podamos tener una sociedad en paz?
Eso da más miedo, porqué muchos de nosotros nos hemos reconocido, aunque de manera superficial en seres fantásticos, hemos deseado tener los poderes y dones de los héroes, hemos experimentado la necesidad de salvar al mundo de sus bajezas, y para ellos nos hemos transformado en aves, en felinos o canidos, a Samsa solo lo mantenía vivo el amor de su hermana, la deferencia de su familia, pero su amor al arte lo hace morir, por no ser aceptado de esa manera en la sociedad.
En la historia actual la que corre de voz en voz, fuera de los medios habituales, se menciona que todos nosotros somos representantes de distintas razas de seres, que debimos ser camuflados en hombres para poder alcanzar un estado de eterna paz, para evitar las luchas mortales que han diezmado a la población humana, por ello existen razas blancas, rojas amarillas o negras, cada una viviendo en su propia tierra, bajo sus propias reglas de evolución, las cuales teóricamente deberán unirse algún día con todas las reglas de cada raza hasta hacerse una, que es la del amor por toda la creación.
En ese momento, la tierra será innecesaria y todos podrán recobrar su figura “normal”, o la figura de su propia raza, la serpiente emplumada
volverá a serlo sin temor a ser juzgada, Anubis podrá lucir su cara de Chacal sin temor a ser juzgado por las demás razas, Balam Quitzé en su cuerpo felino recorrerá el Anáhuac sin temor a ser proscrito de su tierra.
La explosión de incongruencia hoy, será la nueva normalidad, algo que Kafka predecía. Para él podría ser posible un día soñar intranquilamente su transformación y el día de mañana hacerla realidad, pero el hombre actual no entiende aún el mito, pero lo entenderá y no de la manera simplona y fútil como lo majea la decadente sociedad, de las percepciones, explicando como seres incultos se perciben animales, solo para aplacar sus emociones y dar rienda suelta a sus depravaciones provocadas por alteraciones psicológicas que sí están clasificadas en el CIE-10.
Esas vulgaridades son solo parte de la involución humana, la evolución es la aceptación de todos los seres tal y como son, en todas sus facultades, no en la carencia de ellas, ¿Podrían imaginarse a Quetzalcóatl diciendo que se percibe como una serpiente emplumada?, porqué una cosa es ser, otra parecer, y otra pretender, la percepción es una pretensión, y las pretensiones son solo alteraciones de la acción que no se pueden entender.
¿Imagínense a un dios de la vida, de la luz, de la fertilidad, la civilización y el conocimiento siendo considerado como una deformación psicológica? Siseando sobre le suelo, sin ningún don, solo el de pertenecer a una etapa del tiempo en la civilización, donde los idiotas gobiernan. Abandonaría su templo, su monte, su olimpo y regresaría a su cielo, para llorar desconsoladamente, o morir de inanición sin salir de casa como el ocurrió a Samsa.
Quizá no hemos comprendido la profundidad del mensaje de Kafka, quizá estemos tan embebidos en nuestras percepciones que no atinamos a pensar más allá de la materia, y que nuestros espíritus felinos como guerreros Coyote estén siendo saboteados por un piltrafa human que se crea un lindo gatito y actúa como tal, siendo una burla para la sociedad aún pensante, y un ídolo para los insulsos que buscan la risa rápida y el oropel, mientras intenta descubrir el origen incierto del relato de Samsa.
El Gregorio actual, se empieza a transformar, se vuelve un anciano encorvado, su cuerpo de piel roja se desdienta, mientras de su taparrabos saca una flauta de caña y empieza a lanzar notas al aire. La melodía empieza a descubrir imágenes en el cielo, en las rocas y en el suelo, los símbolos le son familiares, pero no logra descifrarlos. Su nariz aguileña se refleja en la piedra roja tras el fuego.
Unas alas imponentes lo abrazan, una cachina describe un vuelo imponente, se detiene sobre la cabeza de Kokopelli, su lengua despide una sarta de palabras, todas hacen de la canción un poema elegiaco. La cachina se lo lleva y se pierden en el firmamento, su luz se confunde, allá, arriba, donde nada es real, como no es real la vida misma, las constelaciones se convierten en lo que son; un cangrejo, un león o un carnero, allá viven ellos, los que no les importa la apariencia, solo el ser. Allá Gregorio será feliz, Kafka ha triunfado.

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