Despertar Poético

Despertar Poético

Despertar Poético

Autor: José Luis Valencia Castañeda

Lo que amé

Los caminos que la vida no elije son exactamente los que necesitamos recorrer. Podríamos engañarnos en construir nuestros destinos, solo estamos caminando el camino que la vida te pone, y que sabe necesitas para tu desarrollo personal. No caminarás por alguno fácil, si tu forma de entender la vida es así. Si la vida la creen difícil y complicada, tus caminos serán de esa manera, algo congruente con tu forma de entender la vida. En mis épocas tempranas de juventud, vivía con una opresión mental profunda, de la que parecía no podría salir, sentía una frustración enorme de que las cosas no salían a como las tenía pensadas.
Pero cada vez que la vida me daba la oportunidad de ser mejor, no me la creía y elegía la situación más difícil, le daba rodeos a la vida tranquila, porqué la mayoría no la tenía, ¿Por qué yo sí?, eso no lograba entenderlo, y vagaba por los derroteros más solitarios y tristes.
Los seres que me tenían en alta estima me animaban a caminar un rato a su lado y sentía que esa extraña sensación de sentirme bien no era para mí, mi estado natural debería ser el sufrimiento y lo hacía tangible, atormentando a mí de por sí atormentada alma que no sabía que ejemplos debía ponerme en frente para poder sacarme del letargo.
Después de varios fracasos laborales, emocionales, intelectuales y sociales, me llegó una luz, un gran túnel oscuro estaba frente a mí, con una pequeña mota de luz a lo lejos, eso lo llamé conocimiento del mí mismo. Entendí que la vida no debía ser solo sufrir, si ya había experimentado la paz mental un día, y amé esos momentos, ¿Por qué no intentar reproducirlos? Y me di a la tarea de empezar a hacerlos tangibles, eso me alejó de las personas con las que departía, y comenzó la vida de un solitario.
La soledad me empezó a hablar, se comunicaba con grandes trazos naturales ahítos de divinidad, allí empecé a ver al dios oculto entre las sombras, mirándome con cara de ¡Te lo dije! Y sonriendo, empecé primero con grandes recorridos en autobús sin un destino específico, después en auto, me salía los fines de semana, con la meta de caminar un par de horas, admirar la belleza de la creación y ¡Pum!, me sentí pleno, amado y empecé a admirar todo aquello que la mente no permitía por estar ocupada atendiendo necesidades de otros, ¿Y las mías?, postergadas, por qué no las merecía en mi fuero interno.
Así empecé a atesorar grandes momentos, solos mi consciencia y yo, comenzamos a ser cómplices de grandes aventuras. Mi mente entró al juego, recreando grandes historias épicas, donde el protagonista era yo mismo. Quizá mi memoria empezaba a regresar al origen y que efectivamente, las historias donde el héroe era yo habían sucedido en otro espacio y en otro tiempo y que solo están aletargadas en este espacio tiempo con la intención de relajarme para poder regresar a casa relajado y poder seguir combatiendo al villano.
En estos momentos, el único villano era mi mente traicionera que buscaba por todos los medios sustraerme de mi paz, invitándome al solaz distractor juego de la seducción de las emociones. Por momentos caía en su juego y regresaba con la cola entre las patas, molido, y justificándome, “duró poco, pero fue divertido”.
Pero ya había encontrado la fórmula para encontrar la paz, y estaba en recorrer en compañía de mi espíritu y de mi alma los lugares más recónditos del país, donde la soledad te aconsejaba eficientemente. Las palabras de la comunidad, de las multitudes me sonaban vanas y las personas que les hacía eco eran consideradas vacías, y empecé a ver cascarones rotos por todo el país, persona que estimaba podridas por las emociones luchaban por salir del círculo de dolor y no sabían cómo.
Yo intentando darles un poco de consuelo, los invitaba a salirse de su área y caminar un poco, lejos del ruido. Ellos no entendían el porqué de mi consejo, no sabían que hacer en lugares solitarios, sin personas a quienes ver, se sentían cobijados en la muchedumbre, así justificaban sus malestares al compartirlos con la mayoría.
No podían entender que podían sanar fuera de ese ambiente, que el ambiente era el que los enfermaba, porqué la mayoría decía que era sano estar acompañado de alguien, sin saber si ese alguien está enfermo.
Para poder ayudar más a mis amistades, empecé a leer con mayor fruición libros que abordaban problemáticas sociales de las multitudes, y por todos lados leía que la soledad es mala y contagia pesadumbres, no entendía porque los seudocientíficos denostaban la soledad, haciéndola ver como un mal social, necesitaban conejos amaestrados que siguieran consejos, y esos consejos los llevarían a una esclavitud concertada y aceptada voluntariamente.
Entendí en ese momento de cavilación profunda que la educación te distrae de ti mismo, te lleva por otros derroteros, por los caminos fangosos de la enfermedad.
Ya habiendo experimentado la soledad, no me sentía deprimido, ni ansioso como lo señalaba la literatura, había un engaño sutil, y tenía que ser repetido por miles de mentes juntas, para convertirlo en verdad y se convirtió en verdad y canto nuevo para los intelectuales del momento.
Después de haber leído sobre psicología, empecé a entender por qué nos querían a todos juntos, reunidos en grandes conglomerados de concreto. Tenían que enfermarnos, para poder “curarnos”. Las grandes urbes enferman, toda la basura que generamos es una maraña de enfermedades, nuestros simples pensamientos son una maraña de enfermedades.
Lo sano, sería salirnos todos de las grandes ciudades y retirarnos a la soledad del campo, acompañados de nosotros mismos. Pero eso no será posible sin entender que nos amamos.
Después de leer la teoría de la soledad y estar en desacuerdo con los teóricos, quizá porqué ellos estaban siguiendo un guion o posiblemente estaban dibujando sus propias debilidades, no entendían aún que un trastorno exacerbado se convierte en una enfermedad crónica, y para curar una enfermedad ahora sí entra la “salvación”, la medicina alópata.
A los ansiosos y a los deprimidos se les da ansiolíticos y antidepresivos, drogas que les crearan imágenes de paz falsas, paz pasajera e intermitente, para que cada día sueñes con esa paz después saciarla con drogas cada día más fuertes, que consumirás hasta el día de tu muerte.
Me sentí afortunado y me emocioné de entender el engaño antes de caer en él, mi triada fundamental estaba trabajando junta: Cuerpo-alma-espíritu, mi alma libre de ataduras morales de una sociedad descompuesta era libre de seguir unas reglas que contravenían a la esencia de lo que soy, porqué la esencia es el amor, y el amor es todo lo que te da paz y entendimiento.
Amé esos momentos de introspección, que me llevaron a entender que hay hilos que son manejados con negras intenciones por seres que viven del dolor, que nos quieren esclavos y con la cerviz gacha, dispuestos a dar nuestra propia vida por conservar la ilusión de la simulación, simulamos ser felices con una cerveza en la mano, simulamos ser felices cuando reímos de las desgracias, aunque vayamos a casa a llorar el no entender la vida.
Pero sé hoy que, si todos buscan su espacio en la naturaleza, tarde o temprano se encontrarán a sí mismos y se amarán, como yo me amé, como yo amé esos tiempos, que ya son eternos.

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