Despertar Poético

Autor: José Luis Valencia Castañeda

Las señales del fin de un mundo
Símbolos del mal

Esta es una historia fantástica. De lo fantástico a la realidad baste la percepción.
¡He caminado muchos caminos, he visto como el mundo se está yendo al carajo!
esa era mi postura pesimista de ayer, cuando empezaba a tomar la primera taza
de café del día. Hoy, más despierto, más consciente de mí mismo, he analizado
ese camino que me señalaba el fin del mundo y es que, un día del mes de marzo,
fui de curioso a una catedral ubicada en la ciudad de Pátzcuaro, llegué temprano
para evitar las aglomeraciones, que me dan cierto temor a contagiarme de
insulsez. Había pocas personas, el clima estaba fresco, en el atrio se habían
reunido varias familias en formación para pasar a la iglesia, los niños se
preparaban para recibir la primera comunión, los vi alegres, relajados,
convencidos de que esa ceremonia les aseguraba algo que ellos creen necesitar.
Las familias estaban muy juntas en la fila, algo incoherente con lo que querían
lograr, que era el distanciamiento social y el orden para acceder al recinto, donde
se sentarían separados. Un ayudante de la iglesia los retenía para que no
abarrotaran el lugar. Mientras ellos se alineaban, caminé un poco a la izquierda y
me dirigí a los sanitarios, el acceso era algo complicado y estrecho por los puestos
de vendimia, apenas había abierto uno, el que cobraba la entrada, cinco pesos por
orinar se me hace una exageración, pero así es el mundo de hoy, el que nos toca
vivir, las ciudades cada vez son más complicadas y están más sujetas al dominio
del dinero, te cobran todo, así que tienes que trabajar para ese todo.
Los sanitarios estaban al fondo a la derecha, como dicen los clásicos, al lado de
lo que debería ser el acceso oriente, que estaba clausurado, tenía un pequeño
espacio oscuro, usado como bodega algo lóbrego que te causaba repulsión, lo
desestimé y continué mi camino. La iglesia es de las primeras construcciones
monumentales de la época colonial, cuando Vasco de Quiroga era el encargado
de la catequesis, fue la catedral de Michoacán, mucho antes de que Morelia
existiera. Allí se venera a la Virgen de la Salud, una de las muchas vírgenes que
adoran en México.

Pasé por detrás de la fila, los niños parecían indiferentes, como si ese trámite
fuese eso, mero trámite. Se sentían alegres, porqué se veían guapos, recién
peinados, con gel y aerosol que les sostenía el peinado. Los padres orondos, bien
presentados se sentían orgullosos de sí mismos y de sus retoños, las comadres y
amigas vagaban alrededor de la fila comentando sobre sus días, cuando ellas
habían sido las participantes de la primera comunión, recordaban sus tiempos ya
idos.
Caminé al lado derecho de la iglesia y me acerqué a las dos viejas campanas que
están expuestas sobre el suelo, son hermosas, pero no soportaron el ajetreo del
campanero, estaban rotas, aun así, lucían hermosas, una la dedicaba Genaro
Barrera a la virgen, data del 1908, según muestra una de ellas. La otra solo tiene
el texto de Cristo Rey. Las dejé tranquilas, aunque tenía ganas de tocarlas y sentir
la vibración que levantó a miles de personas a misa de las seis, reunió a personas
para informase de los acontecimientos de las diferentes épocas que atravesaron.
El ruido de fondo me alertó que la misa había empezado, por el lado poniente
había otro acceso, me dirigí a este e ingresé. Algo había en el ambiente que no
identificaba, era algo extraño, como si la iglesia no fuese una iglesia, como si el
espacio fuese un confabulario de seres de otro plano, de otro mundo. La piel se
me erizó y sentí ganas de retirarme, más mi misión no era esa, mi misión era
descubrir lo oculto, aquello que a los hombres comunes no se les da. Entré
despacio, silente, para no interrumpir el sacrificio de los niños al dios equivocado,
las mentes núbiles, blancas y blandas eran mansamente llevadas al cadalso
espiritual.
Entré y como no llevaba cubrebocas, me alejé de las personas para no despertar
suspicacias, tomé un lugar pegado a una enorme columna, donde había una
banca vacía. Algunos me vieron con recelo, más no me importunaron, la
ceremonia seguía su curso. La sensación extraña no cejaba de molestarme, me
hizo voltear hacia el altar y allí estaban los símbolos del mal, un enorme jarrón
negro detrás de la virgen destilando un aceite viscoso, oscuro, espeso y
venenoso, la virgen había sido sustituida por un ser maligno, debía actuar con
sigilo, no debía de levantar sospechas.
El cura que oficiaba, era uno de los testaferros del malvado, su mirada perdida,
sus palabras vacías resonaban huecas, no dejaban huella en el inconsciente de
las buenas personas. Las personas que allí estaban parecían más autómatas que
humanos, su alma estaba perdida, seguían cual borregos las palabras muchas
veces oídas, era mero trámite lo que hacían, el corazón se les estaba
oscureciendo, el cura insistía en mantenerlos atados a una fe que no estaba muy
fundamentada, pues se basaba en el engaño. El ojo rojo que el cura tenía en la
frente fulguraba, lanzaba destellos de poder, alelando las pequeñas mentes de la
audiencia, apenas le asomaban un pequeño par de astas rojas a manera de
cuernos en la frente, sabía con eso que estaba frente a un ser poderoso. El

arcángel Miguel bajó ante nuestra solicitud de apoyo y me ayudó a neutralizar a
ese ser y a dejar sin efecto el veneno del jarrón.
Salí de la iglesia preocupado, había escuchado un historia igual de macabra que
esta, y que al fin tenía sentido para mí, la historia me la contó una anciana que
tuvo una visión profética, me dijo: “En las iglesias se ha metido el demonio, ha
cooptado a miles de ellas, se vale de la fe ciega de los feligreses en la madre, por
eso busca y se mete en las iglesias donde hay una virgen muy visitada, un
sistema usado por siglos para las colonizaciones religiosas, lo usaron los
castellanos que dominaron espiritualmente a los nativos de la Gran Tenochtitlán,
basado en sustituir al viejo culto, por uno nuevo, en la Historia general de la Nueva
España, por allá del 1575, Fray Bernardino de Sahagún, mencionaba que en el
Tepeyac o Tepeaquilla se adoraba a Tonantzín, llamada “Madre de los dioses” o
“Nuestra Madre”.
Fray Antonio de Ciudad Real en 1585 confirmaba que en el Tepeyac se adoraba
a Ixpuchtli o Ixpochtli, que significa virgen o doncella, Fray Juan de Torquemada
en sus escritos sobre la Monarquía Indiana más acá en el 1615, cita que en
Tepeyacac o Tepeaquilla se adoraba a Tonan, que significaba “Nuestra Madre”, y
que posteriormente, en un jaque malicioso, con doble intención, la nueva fe, la
sustituyó por la Virgen de Guadalupe, para aprovechar la fe y costumbre de los
antiguos, que se preguntaron la razón del cambio, y dijeron que eso era asunto de
los poderosos, ellos seguirían adorando a Tonanzín mientras hubiera memoria, y
les salió buena jugada a los Castellano, la memoria empezó a perderse cuando
los viejos empezaron a morir, y se siguió yendo al Tepeyac por costumbre, y se
consolidó el rito.
Así está pasando ahora, los grandes santuarios de vírgenes en el mundo están
siendo atacados por el Cabal, detrás de las imágenes, a las que se les ha retirado
su poder espiritual existe otro ser, que disfruta del dolor y de las penas humanas,
de ellas se nutre, por algo no me agradan las figuras de los santos contritos de
dolor, la santidad debe ser felicidad y fiesta, no dolor y muerte, si no actuamos
rápido, retirando ese mal de las iglesias, el mundo humano será como el de los
santos, solo dolor, contrición, muerte, heridas, sangre y odio a los perversos que lo
provocan, será la perdida más grande que la humanidad tenga, ni siquiera se
sentirá la pérdida de la religión cuando esta muera, como se sentirá el perder las
almas mediante el burdo engaño.
Los curas, si no saben que están siendo manipulados podría justificar su actuar,
pero si lo saben y lo disfrutan, es que ya se han perdido ellos y sus almas. Es muy
fácil identificar a los curas perdidos, bastará escucharlos hablar, su lengua es la
misma que usan aquellos que no se tienen respeto, mienten, maldicen y se
justifican diciendo que son humanos, no saben que los humanos, aquellos que
tenemos alma, respetamos a la mente y a la lengua, las detenemos cuando
intentan pensar o decir alguna maldición, alguna mala palabra o una mala

intención. Lo que ellos hacen es abusar del poder que tienen para “ejemplificar”,
pero su lengua no es ejemplo únicamente, sus actos, sus pensamientos son
también ejemplos, todos llevan una energía que puede ser vitalizante o mordaz.
Con esa imagen salí hacia los templos cercanos, ya había visitado el Templo de
la Compañía, allí solo había unos seres en espera de la bendición para poder
retirarse de este plano, lo mismo que los monjes del Templo del Sagrario. En este,
estaba una mujer enterrada en uno de los sótanos, que lloraba
desconsoladamente, se sentía estar en el purgatorio, más no lo estaba, estaba
encerrada en este plano sufriendo algo que ya no era de ella, ni de su tiempo. La
ayudamos a retirarse, que empezara a disfrutar de la nueva felicidad, del amor del
Dios en el que ella creía y seguro cree, no en las reglas injustas del hombre que la
hicieron padecer en vida, pero era algo que ella venía a experimentar, pero aún no
entendía que ya había pasado esa prueba, seguía ciega en su creencia falsa.
Confío en que hoy, esté en paz.
después me dirigí a la Biblioteca Gertrudis Bocanegra, antes usada como iglesia,
tampoco vi nada extraño, algunas almas atrapadas en el área que fueron
apoyadas a trascender más allá. Al final llegué a una pequeña iglesia que estaba
cerrada, llamada Templo el Hospitalito, y también estaba tranquilo, me puse a
pensar que, en estos días, cuando la maldad está siendo expuesta, está saliendo
a la luz sin mostrar vergüenza, es hora de cuidar más con quienes hablamos, con
quienes convivimos.
También, llegué a la conclusión de que los grandes templos que mueven a
millones de almas y que tienen una virgen como fuente de atracción religiosa
están bajo el mando del Cabal, que es el mal. Eso explica por qué tantos
delincuentes las adoran y les piden milagros, ningún ser de luz, o persona de alma
limpia, se atrevería a pedir venia para matar, para asesinar, para lucrar, para
engañar, para robar, las almas buenas dan y reciben con el corazón. Hoy, estoy
pensando seriamente en hacer una cruzada contra el Cabal, e irme iglesia por
iglesia, buscando esa señal del mal oculta tras las vírgenes, no estaría mal visitar
Chucándiro, algo me dice que allá está larvado.

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