Despertar Poético



Autor: José Luis Valencia Castañeda

La tragedia vista desde el otro lado
El día que Dios creo la vida, también creó a la muerte en la tierra. Esa era una
llave de escape para aquellos seres que no pudieran adaptarse. Ese día, Dios
instruyó a su creación en la bondad, en la justicia y en el amor, y les advirtió que,
si comían del árbol de la sabiduría, sufrirían. Les dejó un anzuelo simbólico en el
árbol de la vida, posicionando a las serpientes como sabías y maliciosas, desde
ese tiempo le tenemos pavor a los réptiles, a pesar de que estos seres son parte
también de la creación y parte de la conservación del equilibrio.
Cuando el hombre fue dejado solo, su destino y futuro se veían sosos, sin chiste,
así que parecía buena idea comer del árbol de la vida, para adquirir sabiduría y
ponerle algo de sal a la vida, y decidido, sin dudarlo, fue y comió. No importa si la
serpiente lo haya predispuesto o no, lo hizo y le fue bien, fue la única manera en
que la vida se hizo interesante, y como todas las acciones son causales, trajo
consigo algunas situaciones nada agradables: trajo al dolor y a la desesperación.
Para lograr encontrar el equilibrio que ya tenía antes de comer ese fruto, debería
sortear nuevamente a la serpiente, que ahora era representada como un ser de
siete cabezas.
En algunas partes, como en el Asia antigua, le decían el dragón de las siente
cabezas, en otros lugares la serpiente de las siete cabezas, siempre en ese
múltiplo de siete, que en las religiones denominadas cristianas le llaman los siete
pecados capitales, en las ideologías gnósticas les llaman los egos. La simbología
puede ser distinta, el destino o fin: el mismo. Ahora el hombre tiene la obligación
de luchar contra dragones para poder salvar a su doncella, que es su propia
conciencia. Ese dragón mítico, que se encuentra en su propio inconsciente, tendrá
que ser domado, para regresar a un estado de conciencia que se perdió a
propósito.
¿Será que soñamos ser aquello que éramos, y que buscamos cambiar? Parece
ser que sí, que ansiamos ser el ser amoroso, amable, pacifico que éramos antes
de convertirnos en lo que somos. ¿Qué habrá pasado por la mente de ese hombre
primigenio, como para querer perder la paz? Algo debió moverle los sentimientos
para obligarlo a salir de su área de confort, y lo logró. Hoy el hombre en lo general
no encuentra la paz, la busca en miles de lugares, en miles de ideologías, en miles
de rituales, pero no la encuentra. Ni los monjes budistas, personajes pacíficos en

nuestra apreciación han encontrado ese mítico lugar de paz, armonía y amor,
siguen viviendo sus vidas y rituales como si ese fuese el camino, y no lo es, sino,
estaría saturado de seres como nosotros, que buscamos el paraíso.
Ellos escudriñan en el pasado, buscan la ruta más corta al Shambhala. Nosotros,
con nuestra cultura, buscamos de este lado a “El Dorado”. Los monjes asiáticos,
cantan a los dioses, a sus dioses, alaban a sus héroes, los que defendieron
Shambhala. Dice el Bhagavata-purana, en el canto 12, que “en la aldea de
Shambhala, en el hogar de Visnú, la gran alma, Kalki aparecerá viajando
rápidamente en su caballo llamado Devadatta, el señor del universo con su
espada destruirá a los infieles… a decenas de millones de ladrones con aspecto
de reyes matará…”
Mientras de este lado en América, los adeptos al dios del Hunab-Ku, buscan
desesperadamente a la ciudad Dorada, en su imaginación, solo en su
imaginación, creen que El Dorado es una ciudad física, hecha de oro puro y se
encuentra en las tierras de la actual Colombia, y a pesar de la insistencia de miles
de buscadores, aún no ha sido descubierta y hay una razón poderosa, no es para
todos, solo los locos podrán acceder a ella, solo aquellos que su locura sea la
distinción de entre las multitudes cuerdas.
Shambhala y El Dorado, son el preciado paraíso donde la paz y el amor reinan,
más aquellos que la buscan con ansias de poder tener alguna riqueza que confían
esté en estas ciudades, solo están siguiendo a una de las cabezas de la serpiente
o del dragón, en así está la cabeza de la soberbia, allí buscan ser iluminados y
tener el poder de ver a Dios. En América está la cabeza de la codicia, El Dorado
podría darte enorme poder económico, hay tanto oro que no podrás termínatelo en
esta vida, por eso fue tan intensa su búsqueda hasta finales del siglo XIX, cuando
se fueron muriendo los codiciosos más grandes. Hoy solo quedan resabios en la
memoria de esas personas que buscaban el poder, por el poder.
Ahora, regresamos nuevamente en la búsqueda de la paz, el amor y la verdad,
Shambhala ni el Dorado nos es interesante, se fundieron al mito. Sin embargo, allá
están, existen, solo bastará saber dónde y cómo buscarlas, quizá sea sencillo,
quizá solo baste combatir lo que te incita a buscarlas para lograrlo, elimina la
soberbia y verás Shambhala, elimina la codicia y verás El Dorado, y la forma de
hacerlo es en ti mismo, porqué té las creas en ti, tú las destruyes en ti. Una vez
que vayas con la mente limpia, la mirada clara, podrás acceder a esas riquezas,
que no son materiales, son del espíritu.
Esa extraña energía que no requiere nada material del hombre para
engrandecerse, que se nutre de la eliminación de las emociones que son
alentadas por la serpiente, aquella que abrasa al árbol de la sabiduría, y que tiene
entre sus páginas del saber, adosadas a su sistema a seres de las sombras que le
ponen más interés a tu existir, son los llamados malos, aquellos seres que les toca
ponerte a prueba. No es una tarea fácil, también ellos requieren maestría, cada

vez que superas una prueba, aparece un ser más oscuro, hasta que no haya más
trucos que mostrar, entrarás en Jinas, o serás cristificado, habrás alcanzado la
iluminación.
¿Acaso los seres oscuros merecen la redención, por ser tus pruebas? Son
niveles, ellos al igual que nosotros tienen contratos, como los policías y ladrones,
que tienen en cada uno de ellos la razón de su existir. Sin ladrones, no habría
policías, y viceversa. Así nosotros, sin la oscuridad que nos presione, no
sabríamos como iluminarnos, y ellos, sin personajes buscando iluminación, no
sabrían cómo oscurecer esas zonas brillantes. La maestría de ambos se
demuestra de cada lado, en cuanto no pueden opacarte, o en cuanto no puedes
salir de la oscuridad. Una vez que se logra un triunfo en cada uno de estos
niveles, no festejan, solamente se sientan a descansar, el festejar desbalancea al
espíritu, aumenta la soberbia que se pretende superar.
Hay una historia, de dos espíritus medianos, que luchaban con denuedo, uno en la
luz, otro en la oscuridad, simbólicamente ambos cargaban con una espada de
poder, el de la luz, portaba una enorme espada flamígera con destellos azules,
hermosos. El de oscuridad portaba una enorme hacha pesada en forma de media
luna, con un filo plateado que sobresalía en todo lo oscuro que era el arma y el
ser, su mando, pesado, era portado por un ser con tres enormes ojos rojos,
fulgurantes, hermosa creación, los que no saben de su existencia dirán que son
horribles, por su cuota de maldad que cargan, solo entiendan que ellos son parte
del equilibrio y cumplen la función de probarlos, una vez que superen la prueba
que les ponga, agradézcanle porqué habrán crecido, habrán salvado un escalón
más, como si fuese un grado escolar.
Ellos también aprenden algo, ustedes seguirán su camino a la iluminación, y ellos
un grado más de oscuridad, este ser, magnifico contrincante se enfrentó al ser de
luz, que lucía más enclenque, sin embargo, la agilidad y la fortaleza del ser de luz,
permitió librar la batalla de una manera excepcional, la espada cuando tocaba el
hacha lanzaba destellos luminiscentes que hacían la escena macabra y poderosa,
brotaban chispas en todo el entorno, ninguno cejaba en su empeño de
destrucción, cosa extraña en los seres de luz, generadores de vida, que se
empeñaran en destruir una, aunque fuese de la oscuridad, pero es un decir, en
esos niveles no hay vida tal y como la conocemos, son solo energías moviéndose
y acomodándose en su justa dimensión.
El ser oscuro arremetía con furia y fuerza, lanzaba anatemas, maldecía, su ser
grotesca hacía juego con lo grotesco de su lenguaje, profería sarta de maldiciones
que rebotaban en la capa azul del ser de luz, que se volvió sordo ante los insultos,
este trajinaba absorto con su espada, golpeando abajo, arriba, a los lados, atrás y
adelante, el ser oscuro era fuerza, el ser de luz inteligencia, una vez que el ser
oscuro se descuidó, cayó y la espada se puso en su cuello, el ser de luz le pidió
rendición.

  • Mátame si tiene valor, maldito.
  • Tengo el valor, y tengo el permiso, pero no quiero.
  • Tienes que hacerlo, o te seguiré por todos los cielos, en todas las
    dimensiones.
  • No lo harás, sabes que te puedo vencer, una y mil veces. ¿Acaso si te dejo
    vivo, no temes a la reprimenda de tu rey?
    El ser oscuro, oscureció más su visión, esa frase le caló hondo, de su mano, que
    aun empuñaba fuertemente el hacha, salió una corriente eléctrica que lo desarmó,
    y se dejó vencer.
  • La muerte que tu me darás hoy, será más dulce que la que me espera
    mañana, hazlo, es tu oportunidad.
  • No lo haré, la oportunidad es tuya, puedo intercambiar mi luz, por tu
    oscuridad, puedo blanquear ese Lucifer que traes en la frente.
  • Hazlo -gritó fuerte.
  • Te redimo en la luz, te integro en la luz, te redimo en el amor, a partir de
    hoy, eres luz, eres amor, eres verdad.
    El ser oscuro empezó a convulsionar, la espada le raía el cuello, más no se movía,
    no oponía resistencia, la oscuridad se empezó a diluir como un arroyuelo de aceite
    sobre el agua de la carretera, un ser brillante salió del caparazón, que fue
    rompiéndose poco a poco.
  • Te agradezco está paz, mi espíritu será hoy tu guardián, no creí que yo
    pudiese ser libre, has librado dos batallas, una contra mí, otra contra tus
    ideas, las dos las has ganado, te honro.

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