Despertar Poético


Autor: José Luis Valencia Castañeda

El guerrero y sus dilemas
Había asistido a la plática de superación personal con la intención de mejorar su
conducta. Hacía años que tenía intenciones de asistir a una, debido a que le
platicaban sobre ellas y sus bondades. Muchas de sus amistades coleccionaban
libros sobre el tema, sin embargo, no veía que surtieran efecto, el único cambio
que veía era que ahora subían frases motivacionales. Me decía – si la conducta de
Juan no cambia, significa que no funcionan las pláticas, ni las lecturas – más Juan
si había cambiado, seguía cometiendo los mismos errores, saliendo con el mismo
tipo de mujeres, pero ahora daba consejos que él jamás aplicaría en su vida, y
tenía una coartada fantástica – soy la oveja negra que puedo meter en el carril a
todos aquellos descarriados, mientras aprendo lo suficiente de la vida para
meterme yo -y aquellos se la creían y le hacían caso.
Quizá solo estaban a la espera de palabras melosas y apapachadoras, más no de
un ejemplo, porqué Juan con tal de satisfacer sus pasiones no le importaba
ponerse de mal ejemplo, diciendo aquí y allá que no siguieran su ejemplo, pero sí
sus palabras, y sus palabras eran dulces. Toda la bibliografía estaba en su
cabeza, más no en sus actos, aún no lograba unir esos dos hilos delgados
llamados congruencia y se vanagloriaba de ello.
Así que desesperado por no encontrar el camino, acudí a una platica de las que
promocionaba Juan. Decía que era muy buena, que me cambiaría la vida. En el
fondo era escéptico, pero no tenía más que hacer, necesitaba distraerme con algo,
así que acudí presuroso, estaba citado a las seis de la tarde de un jueves de abril.
El espacio era pequeño, unas cuantas mesas de plástico forradas por manteles de
nylon de colores chillantes, rojos, amarillos, verdes, brillantes. Me senté en la
mesa más alejada del podio, me daba pena que supieran que yo necesitaba algo
así, cuando por todos lados presumía que solo los tontos necesitaban ayuda y que
solo los tontos leerían libros de autoayuda.
Esa herencia la tenía de Nietzsche, sacada del libro “Así hablaba Zaratustra”, que
buscando como elevar su espíritu encontró la muerte, incluyendo la de dios,
cuando cayó el volantinero, y que las personas se habían retirado desdeñando la
escena, Zaratustra se hallaba sentado al lado de un cadáver diciendo: ¡En verdad,
una hermosa pesca ha cobrado hoy Zaratustra! No ha pescado ni un solo hombre,
pero sí, en cambio un cadáver. Siniestra es la vida humana. Así ¿Cómo podría

esperar ahora que los hombres me siguiesen y que mis enseñanzas afloraran? Lo
único que se espera de aquellos que creen tener la verdad, es que les llegue un
camión cargado de cadáveres y vean por fin su mensaje replicado.
Aun así, con las ideas confundiendo mi mente, sentado en un rincón esperaba la
llegada del ponente. Miraba curioso al tipo de personas que asistían, esperaba
fuesen personas con desordenes mentales o con deficiencias intelectuales,
personas que no pudiesen controlar alguna de las emociones, aquellas que
tuvieran algún grado de deficiencia psicológica que aceptaran el masoquismo,
pues los libros que había leído, todos te enseñaban lo que ya sabías, solo ponían
los puntos sobre las íes, te señalaban tus errores, los que a ti te avergonzaría
decir, ellos te los restregaban en la nariz, lo ponían en un librito muy mono, te lo
vendían muy caro y después te ofrecían una explicación como para párvulos,
donde te hacían aplaudir y te cobraban nuevamente por ello, pero no las
encontraba.
Lo único que veía era a personas comunes, a algunas las conocía de vista,
suponía que no estarían interesadas en un discurso que sus mujeres podrían
hacerles con mayor enjundia. La salita se fue llenando poco a poco, casi todos
llegaban despistados, como queriendo pasar desapercibidos, silentes, cautos. En
el estrado, ya cercanas las ocho de la noche, se empezó a mover algo. A pesar de
la demora, ninguno nos habíamos movido del lugar, la mayoría habíamos vaciado
la tercera taza de café. Los ojos irritados, la sangre siendo bombeada a
velocidades superiores a la media, me decía que ya era suficiente por hoy de
cafeína.
Pedí la cuarta taza con solo té de hierbabuena, la mujer, rubicunda y triste se
movía lentamente entre los asistentes, frente a nosotros, una luz blanca nos abrió
los ojos, con una voz profunda y grave un pequeño hombrecillo todo incongruencia
disculpó al ponente, que llegaba tarde por algunas incidencias del tráfago de la
carretera y de la ciudad, justificó que el ponente traía varias horas de amino
encima, deberíamos entenderlo. Yo, a sabiendas que nada tenía que hacer,
esperé un poco más, los demás miraban ansiosos a la pequeña cortina mugrienta
que dividía el estrado de la trastienda, detrás del muro salió un hombre de estatura
media, pelo blanco, con una mirada seca y seria, tomó el micrófono y empezó a
hablar sin más preámbulos.
Los asistentes acostumbrados a los ponentes se miraban, porqué querían
escuchar la presentación, la justificación por el tiempo perdido y al menos una
disculpa. El hombre los miraba sin permitirles sentirse parte de su vida, en pocas
palabras ya los tenía en la suya.

  • La vida es un camino largo que requiere de entereza para vivirla, los
    hombres no estamos acostumbrados a que la vida nos enseñe el camino,
    sin embargo, no hay otro, el camino que te dice la vida que camines, es el
    único que deberás tomar, o ella te enseñará lo duro que es vivir fuera de las

reglas, y ustedes se preguntarán ¿Cuáles reglas? Si las únicas que
conozco son las leyes que mi gobierno atiende. Yo les diría que las reglas
de tu gobierno son juego de bebés mamando, a comparación de aquellas
que te rigen y que obligarán a seguirlas, quieras o no. Porqué se llaman
leyes, y las leyes no se pueden saltar, ni modificar, solo se deben entender
y actuar en armonía, por ejemplo, véanse ustedes, frustrados porqué este
personaje que está ante ustedes no se ha presentado ¿Y creen que eso es
importante? ¿Creen que eso me importa?
Pues no, ustedes ya saben como me llamo, ya tienen en sus manos una
reseña de mi vida, con eso debería ser suficiente, pero son humanos,
demasiado humanos, no entenderían al genio, quisieran que fuese como
ustedes, que llegara barriéndose de rodillas suplicando perdón y aludiendo
miles de pretextos para que la conciencia de ustedes estuviese tranquila,
más no fue así y se sienten agredidos y ofendidos, no se sienten tomados
en cuenta.
Hizo una pausa larga para verificar el efecto de sus palabras, pasó cara por
cara revisando reacciones. Lo que vio le satisfizo, había vergüenza en la cara
de los asistentes. Afectivamente esperaban una justificación y en la sola
instrucción se las dio y se presentó, efectivamente, todos los que asistíamos
sabíamos al menos el nombre del ponente.

  • La entrada la alargue a propósito, solo el tiempo justo antes de que se
    desesperaran y se fueran, más la curiosidad les ganó, y aquí están, y no se
    van a defraudar de la información que reciban, más sí se van a defraudar
    porqué el contenido no será el que esperan: ¿Cómo lo sé? Porqué yo
    mismo diseñé la presentación sin ayuda, con solo autoayuda, no con la que
    esperan, no con la de los medios, no con la de la televisión, no con la de los
    Best Sellers, con la mía.
  • Sí, también he leído cientos de libros, también me he mortificado, me he
    sacudido el cabello de desesperación al leer a los gurús de la autoayuda,
    me he flagelado con las sesudas frases copiadas a los pensadores del
    pasado, con las ideas sacadas de nuestras propias raíces, con los
    razonamientos que tenemos todos y que parecieran sencillos pero que no
    nos atrevemos a ejecutar por no llevarle la contraria a la mayoría.
  • Todos los que están aquí esperaban un par de dinámicas, canciones,
    levantar las manos, aplaudir, palmearnos la espalda diciéndonos: Tu
    puedes, eres un campeón, échale ganitas, más la autoayuda no se trata de
    eso, no se trata de ser payasos, no se trata de ser teatrales, se trata de ser
    únicos, de empezar a vernos como lo que somos, unos entes superiores
    avenidos a meras marionetas de otros seres que entendieron que podían

manejarlos, porqué saben manejar las mentes, la autoayuda será que
entiendan que ustedes son libres, su mente puede vagar entre las estrellas,
su cuerpo puede eliminar todo aquello que lo daña, basta con que
entiendan esa libertad.
Extrañados varios se miraron, intentaron levantarse.

  • No se vayan aún, sé que duele la verdad, más esta no es la única, hay
    miles de verdades que deben unirse para crear a dios, ustedes limitados
    pensarán que efectivamente la libertad no existe, tenemos deudas,
    debemos la casa, debemos el auto, debemos la ropa, debemos el aparato
    que traemos, debemos y debemos, y sentimos que esa es una cárcel
    bastante grande, después pensamos que necesitamos televisión, internet,
    el restaurant de moda, el viaje a donde todos van, la ropa que me hará
    resaltar, más no saben que esa es otra sección de la cárcel misma.
  • Cuando abran los ojos, y lleguen a casa y vean todo aquello que los ata a
    la tierra, entenderán que efectivamente son esclavos. Pero si hoy, ahorita,
    deciden desapegarse de aquello que los ata a la tierra, serán libres. Todo lo
    que poseen es solo ilusión, es solo la herramienta que se les dio para
    cumplir su misión. Entiendan esto y serán salvos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: