Despertar Poético

Autor: José Luis Valencia Castañeda

Narraciones súper extraordinarias de mundos extraños
La tarde es agradable, el clima caluroso invita a refrescarse, camino hacia el
jardín, el mezquite añoso genera una sombra amplia, barró la parte que cubre la
fronda, cuelgo una hamaca y me tiro a descansar, por entre las ramas, los rayos
del sol pasan oblicuos y me llegan tiernos a la cara, me imagino viajando por entre
los espacios de luz que dejan pasar las pequeñas ramas y las hojas, me imagino
miles de caminos y todos me llevan a descubrir el cielo. Una vez salvada la fronda
del mezquite, por las ramas más grandes, unos seres pequeños caminan
afanosamente, son las hormigas rojas de la miel, cubren distancias enormes para
sus pequeños cuerpos.
Me imagino ahora, que existen miles de kilómetros de carreteras por donde si
fuésemos pequeños podríamos circular, en un mundo enorme llamado mezquite.
Con el pie derecho empiezo a empujarme, la somnolencia empieza a ganarme,
entrecierro los ojos, una extraña sensación me sacude el cuerpo, una corriente
eléctrica me sacude en espasmos pequeños, como si fuesen calambres diminutos,
el brazo derecho empezó a punzarme, era un dolor constante, que apareció de la
nada, a cada minuto que pasaba iba aumentando. Así mismo iba aumentando la
somnolencia.
Pausé el movimiento de los pies, la hamaca dejó de mecerse y entré en un sueño
profundo, como si me hubiesen noqueado. La sensación extraña se volvió una
experiencia rara, en cuanto cerré los ojos, un sopor tipo fata Morgana invadió el
ambiente, mi cuerpo estaba acostado en la hamaca, el mezquite se veía
fantasmagórico, las rocas, grises seguían firmes, puestas en su lugar, la basura
estaba ahí mismo, no entendía como había logrado esa imagen, no creí que se
pudiera ver a uno mismo estando dormido. La posición en la que duermo
normalmente era la misma, mis mismos gestos, mis reacciones, el movimiento de
mis ojos, todo era muy real, salvo la doble imagen mía, el cuerpo, tal y como me
había visto antes de dormir era el mismo.
Pero había otro, que emanaba mucha luz, muy brillante, que se desplegaba como
una fotocopia fiel, pero en transparencia. Así me vi desprenderme en luz del
cuerpo físico, era yo mismo, en un cuerpo diferente, flotando, pero con la misma
consciencia. Me repetí el nombre varias veces para confirmar que seguía siendo

yo, y no me quedaba duda, así, flotando, me quedé observándome desde arriba a
mí mismo. Allí, justamente, dormido en la hamaca, me veía flotando y me veía
dormido, parecía, como si se desprendiera un holograma del cuerpo, de un cuerpo
transparente, pero igualito a mí, mismo color de piel, la misma ropa, el mismo
tamaño, pero transparente.
Recordé algunas lecturas referentes a los sueños lúcidos, que son los sueños que
suelen ser muy realistas y que, en determinado momento, una persona puede
modificar el sentido de esos sueños. Así que decidí modificar mi sueño para
hacerlo divertido, cierto que no pude controlar ese desprendimiento de mi cuerpo,
que debo suponer es el cuerpo astral, que pretendía realizar un viaje con mi nuevo
cuerpo, viendo al viejo cuerpo o al otro cuerpo allá acostadito, relajadito, me puse
a hacer estiramientos para revisar mi cuerpo, noté que el brazo no me dolía, que
las piernas me funcionaban de manera perfecta, lo más impresionante fue que
pude volar.
Así empecé a dar vueltas alrededor del patio donde se encontraba mi cuerpo
físico dormido, se sentía muy bien, era ligero, rápido, ágil, podía hacer volteretas,
elevarme, mientras tras de mi un halo de luces con los siete colores del arcoíris se
desprendía como si fuese un cometa, me dije: ¿Puedo ir a visitar algún edificio
histórico? ¿Quizá el Coliseo Romano?, y me respondí: ¿Por qué no? Me lancé
imitando a Superman con una mano al frente, diciendo “al infinito y más allá”,
sonríe por mi reacción infantil, salí de la atmósfera de la tierra y me sentí solitario.
Al menos allá abajo tenía alrededor cientos de personas, conocidas y
desconocidas que me hacían sentir acompañado de iguales, acá arriba, el espacio
infinito me sobrecogió, las estrellas y el sol eran simples luminarias, simples
lucecitas, me quedé estático, ya no me sentía tan seguro de ir al Coliseo Romano,
quizá debí de irme bajo la atmosfera, viendo las luces de las ciudades para
guiarme, pero quise hacerlo en grande, saliendo de la atmosfera podía viajar más
rápido, ¿Qué importaría ir más o menos rápido?, si era solo un sueño, el cual
podría modificarlo a mi arbitrio, y lo mejor, podría haberme trasladado de
inmediato al Coliseo.
Esa irracionalidad me bajó el ánimo, me quedé estático ante la inmensidad oscura
del espacio, bajaré para sentirme cómodo, me dije, empecé a desplazar despacio,
iba a entrar a la atmosfera, la luz era más intensa cuando a mi alrededor
aparecieron siete círculos envolviéndome, no me dejaban mover, usándome como
centro, tenía a mi lado el color naranja, seguía el azul, después morado, rosa, rojo,
verde y dorado, era una miríada de colores extraordinaria, no sentí miedo, solo
sentí que allí había algo más que los simples colores reflejándose en el oscuro
infinito.
Ese círculo de luces empezó a moverse arrastrándome con ella, empezamos
lentamente, después de manera vertiginosa, hasta llegar a una altura
insospechada e incalculable para mi mente simple, nos paramos en un espacio

más oscuro que el anterior, mire alrededor y veía destellos y relámpagos que
tenían un trasfondo morado y negro, era un lugar tétrico, muchas nubes oscuras lo
llenaban, frente a mi apareció una esfera negra enorme, se desplazaba
parsimoniosamente por el espacio, sentí un escalofrío fuerte recorrerme el cuerpo,
a sabiendas que no lo llevaba allá arriba, me imagino que allá abajo, en la hamaca
debo de estar tiritando.
Una voz potente salió de entre el círculo de colores y me dijo: – ¡Destrúyela! -, de
la nada salió una espada enorme, azul, flamígera, y se posó en mis manos, la
blandí cual guerrero acostumbrado a pelear con espadas, miré a la enorme esfera
y me dirigí a esta, el círculo de luces se expandió, se hizo más grande, nos
envolvió a la esfera y a mí, mi mano sostenía la espada al frente mientras me
acercaba sigilosamente a la esfera, no entiendo ahora por qué lo hacía de esa
manera, si en el espacio infinito solo éramos la esfera y yo, envueltos en luces de
colores.
Si la esfera tenía ojos, era sencillo ubicarme, era un pequeño ser de luz o una luz
en forma de ser, con una pequeña espada azul, era un punto brillante de
referencia. Aun así, me acerqué sigilosamente, blandiendo la espada. La esfera se
volvió hacía mí, confirmando que tenía alguna forma de ver, al ubicarme, me lanzó
grandes haces de luz negra, relámpagos oscuros, rayos de luz morada con una
fiereza brutal. Cuando creí que no tenía opción ante ese poder, la espada se hizo
enorme, como si fuese un gran escudo, las luces a mi alrededor se expandieron y
circularon a gran velocidad como si fuesen un ciclón o huracán.
Mi holograma o cuerpo de luz empezó a hacerse enorme, cada rayo de luz negra
era rechazado por la espada, cada relámpago era absorbido por la espada,
mientras esta se hacía más brillante y fuerte, me sentía enorme ante los embates,
no entendía cómo podía lograr tales hazañas en medio de la nada. El brazo me
empezaba a doler, estaba consciente ahora del dolor, algo extraño para un sueño,
me decía, sin embargo, anteponiéndome al dolor seguía dando mandobles, que
eran respondidos de inmediato por la esfera oscura, que parecía ahora temerosa
rodeada del círculo de luz, se iba desintegrando a cada golpe.
Mientras el círculo se cerraba cada vez más cerca de ella, empequeñeciéndola, vi
en mi mente que un espacio abierto en la esfera desprendía un color azul oscuro,
imaginé que allí había un órgano, o lugar de importancia vital de la esfera. Hacía
allí dirigí el golpe de la espada, un enorme zumbido como de huracán fortalecido
pasando por un bosque, y se fue desinflando la esfera, hasta que explotó. Por
inercia me coloqué las manos frente al rostro, mientras volaban pedazos. El
círculo de colores empezó a absorberlos, atrapándolos en cada anillo, de esa
manera terminó esa tarea que no supe ni porqué acepté, ni para que fue hecha,
me sentí cansado, con el brazo entumido.
Del círculo salió una energía de atracción que me quitó la esfera, en segundos se
desvaneció, quedándome solo, y grite – ¡Al menos denme las gracias! -, nadie, ni

nada me respondió, las ganas de ir al Coliseo Romano se me fueron, solo quería
dormir, y recordé que ya estaba dormido, ¿Por qué un holograma o un ser de luz
quisiera dormir?, no lo sé, pero la sensación era fuerte y el cansancio mayor, me
dirigí a la tierra, iba despacio, volteaba de cuando en vez para identificar al círculo
de luces o a la esfera, pero nada había alrededor, solo espacio oscuro, infinito y
las pequeñas luces de las estrellas lejanas o de planetas remotos.
Tardé mucho en llegar a la tierra, a pesar de que no sabía dónde había quedado,
me oriente instintivamente, sin miedo me dirigía solo hacia un punto que
identificaba como ¡abajo!, pues recordaba que solo habíamos subido por un solo
punto, es difícil ahora saber cómo lo hice, me reconforta pensar que solo fue un
sueño, y que en los sueños uno se orienta muy rápido, o si anda uno perdido, solo
cambias de sueño y te trasladas a un lugar común o cómodo, vi la tierra con
alegría, como cuando regresas de tu trabajo, cansado y solo quieres quitarte los
zapatos y tirarte a dormir, así me acerqué a la hamaca, me recosté sobre el
cuerpo que allí seguía y me fundí con él.

  • ¡Me siento cansado y adolorido del brazo!, debí dormir encima de él, dije
    cuando desperté – pero tuve un sueño extraño y muy bonito, se siente bien
    ser un guerrero que gana las batallas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: