Despertar Poético

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

Narraciones súper extraordinarias de mundos extrañosEl Chocho.

El reino del Anáhuac era enorme, las leyendas que corrían por uno y por otro lado tenían sus peculiaridades, muy semejantes en destino, escenarios muy parecidos e historias de amor muy románticas. En la región centro de Mesoamérica había unas leyendas que se originó en las riberas del Lago de Cuitzeo. Habla del amor prohibido en las altas jerarquías espirituales, habla de Maa Xech, hija del gobernante del reino. Era una joven hermosa, con cabellos negros como la noche, con un brillo hermoso como de luna llena, vivían en una ciudad cercana a un enorme lago, su casa estaba cercana a la gran pirámide, a donde servían ella y su padre.

Ella acudía regularmente acompañada de su séquito de esclavas a llevar ofrendas a los dioses en lo alto de la gran pirámide, era una rutina y los habitantes del pueblo estaban acostumbrados a verla. A la pirámide también asistían personas de otras tribus a dejar tributo y ofrendas. Cierto día, un guerrero, hijo de un jefe de una tribu enemiga de la de su padre,acompañó a una comitiva a dejar ofrenda a los dioses con permiso del jefe. Era una tregua religiosa que se permitían de vez en cuando. Esta vez coincidieron el guerrero y la muchacha, sus ojos al emparejarse abrazaron sus almas, ella quedó prendida del corazón del hombre y el hombre se perdió en la mirada de ella. 

Desde ese día comenzaron a frecuentarse, el hombre, convertido en ciudadano del pueblo mediante el disfraz se acercaba a ella para conversar. Al cumplir la mayoría de edad, el padre de la joven le comentó que era la hora de convertirse en sacerdotisa, sería un gran honor para la familia tener entre sus miembros a una persona de esa jerarquía. Le estaría llevando los inciensos a los dioses durante toda su vida, era un alto honor. Para ello, el padre llevaba consigo ya el collar ritual y representativo, que la identificaría como tal, se ganaría el respeto de todos en el pueblo y de todos aquellos que llegaran a venerar a los dioses. 

Ella se puso lívida, y se negó, esa responsabilidad exigía que fuese virgen toda su vida, no le permitiría ser tocada por ningún hombre y ella quería al guerrero de la tribu enemiga, al que veía a escondidas. Su corazón sufrió y se negó a participar como sacerdotisa, más su padre le exigió con dureza y le preguntó la razón por la que desistía de ese gran honor. Ella suplicó que quería ser madre, esposa y que amaba a ese hombre. 

El padre encolerizado le exigió hacer lo que se le ordenaba. Ella presionada accedió, pero no desistió de ver al hombre a escondidas. Sin embargo, fueron descubiertos. Él fue condenado a la muerte ceremonial, y ella al exilio. El padre de la joven mandó asesinar al hombre, la cabeza de él sería depositada lejos del cuerpo, para que su espíritu fuese atormentado sin saber a donde dirigirse, si al cuerpo o a la cabeza. Ese sería su tormento por haber desobedecido las normas

Ella fue sacada del pueblo y llevada en una canoa a una isla remota, donde había una pequeña choza, donde fue abandonada. Maa Xech lloraba desconsolada su suerte, allí sola, solo escuchaba el rumor del agua y de los animales, la acompañaban las aves y la luz del sol, mientras allá, en el pueblo, un pequeño hombrecillo, compadecido por la desgracia de los amantes, por la noche juntó el cuerpo con la cabeza del guerrero, se lo llevó al monte y los unió.  

Al hacerlo, una pequeña luz surgió del cuerpo, de está luz apareció un pequeño chocho, de varios colores y empezó a grillar, su canto era triste. El pequeño hombrecillo, con sus manos sobre el cuerpo meditaba y decía, -ve pequeñín, busca al amor de tu vida, ahora eres invisible a los ojos del hombre, cuídate de las ranas y los peces, ve, sigue la luz de la luna, hacía el horizonte y encontrarás a tu amada que sufre por tu ausencia.

Así, el pequeño animal voló y llegó a la choza, MaaXech estaba postrada, mirando al infinito. Él se paró a su lado y empezó a hablarle, ella no entendía, se sentía solamente acompañada, de reojo vio al pequeño animalito, que volteaba con insistencia hacía ella. Mientras escuchaba su grillar, ella tiernamente lo tomó entre sus dos manos abiertas, y lo acercó a sus oídos, allí reconoció la voz de su amado que le decía – ¡Aquí estoy amada! Los dioses me han escuchado, me he convertido en un chocho para poder verte, mi antiguo cuerpo fue entregado a la tierra, más mi esencia, mi espíritu está aquí, contigo en esta presencia. Ella lo acercó a su pecho y suspiró, por fin estaban juntos.  

Al paso de los días, ella murió, nadie se enteró, ni su padre, murió abandonada, al poco tiempo de haber sido dejada en ese islote, dejaron de llevarle alimentos. Al morir, el pequeño viejecillo que había reunido las partes de su cuerpo se acercó a la isla, colocó las manos sobre el cuerpo inerte de Maa Xechy logró hacer que se alzara una pequeña luz, que se convirtió también en un hermoso chocho. Ahora ambos, siendo iguales, pudieron disfrutar de su amor.

Dice la leyenda que vivieron muy felices. No dudo que siendo animales sean más felices que los hombres.

  

La otra leyenda, salida de los pueblos de la región de Ah Canul, en lo que hoy es la península de Yucatán, habla de la princesa Cuzán, una mujer hermosa de cabellos negros y brillantes, como el brillo de las golondrinas, pues su nombre significa golondrina. Era hija del Ahnú Dtundtunxcaán, “El Gran señor que se sumerge en el cielo”, quien era el Halach Uinik de Yaxchilán. Ella era feliz, más llegó a la edad en que todas las mujeres se casan y por razones políticas su padre la comprometió con el príncipe Ek Chapat o ciempiés negro, hijo y sucesor del Halach Uinik de NanChan, casa de las serpientes, hoy conocida como Palenque.

Un día, cuando el padre de la joven regresaba de la guerra, le envió a su hija los mejores tesoros obtenidos como botín. Ella fue al palacio para agradecer los regalos y encontró a su padre sentado en el trono, acompañado de personajes distinguidos. En eso entró un joven de nombre Chapol o cabeza roja, pues su cabello era pelirrojo, quien le entregó al padre de la joven a ocho prisioneros atados de las manos. Las miradas de Chapol y de Cuzán se cruzaron y sus corazones quedaron encadenados. 

El amor que sentía por Chapol era indescriptible, lo veía en todos lados, escuchaba su nombre en todos los sonidos de la ciudad y de la selva, se veían en las partes alejadas de los jardines de palacio. Pero un día se encontraron más lejos y a la sombra de una Ceiba unieron sus labios, y con ese sello, juraron no separarse jamás. A partir de allí, se reunían en los oscuros del bosque para demostrarse amor, más ese amor secreto fue descubierto, la muchedumbre sabía que Cuzán era la prometida de Ek Chapat. El señor de Yaxchilán fue informado de lo que hacía su hija, y ordenó que el amante fuese sacrificado. 

Cuando Cuzán se enteró del destino de Cahpol, se fue de rodillas ante su padre y le imploró respetarle la vida, más su padre estaba decidido a lavar esa que creía una afrenta, así que Chapol fue llevado al altar, sus ropas fueron arrojadas al fuego y su cuerpo pintado de azul, se ofrecería en sacrificio al dios Noh-Ku, el único dios, el que no tenía cuerpo, llamado también Hunab-Ku, el dios solitario de único plumaje.Ante él, le sería arrancado el corazón. Cuzán suplicó con todas sus fuerzas que no lo sacrificarán, a cambio prometió que jamás lo volvería a ver, y aceptaría con obediencia ser la esposa del príncipe Ek Chapat de Nan Chan. 

Cuzán no escuchó la respuesta de su padre, y fue encerrada en una celda mientras pasaba el sacrificio.Pasado este, el hechicero mayor la visitó y le entregó un escarabajo diciéndole: – Cuzán, toma, aquí tienes a tu amado Chapol, tu padre le concedió la vida, pero me pidió que lo convirtiera en Makech, que significa escarabajo, por haber tenido la osadía de amarte.

La princesa Cuzán tomó al escarabajo entre sus manos y le dirigió unas hermosas palabras.- Juré nunca separarme de ti y cumpliré mi promesa.

Sabiendo que el hechizo no podía deshacerse, Cuzánle ordenó al joyero de la corte que cubriera al Makechcon piedras preciosas. En cuanto estuvo listo, ella colocó al Makech sobre su vestido, a la altura del corazón, atado con una hebra de sus negros cabellos y le dijo:- Makech, eres un hombre, escucha el latido de mi corazón, en él vivirás para siempre.

De esa manera perpetuaron su amor, por encima de las leyes del hombre, ella vivió su vida con el escarabajo prendido a su pecho cariñosamente.

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