Despertar Poético  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

El renacer

Hace un par de años, apenas iniciada la pandemia, era un ser común, vivía para trabajar. La vida era tener y acumular. Creía que eso era normal, trabajar seis meses, para tomarme unos 3 o 4 días de vacaciones, ir a los centros comerciales, traer ropa reconocida por muchos como productos de calidad, comer en lugares populares, usar plataformas populares… así creía que era la vida, la verdadera vida. El mundo seguí rodando, los sucesos buenos y no tan buenos seguían su curso, el trafago vehicular aumentando, la crisis presionando la sobrevivencia y metido en esa espiral cometía los mismos errores que había estado cometiendo en mi vivir, pensando que eso era “normal”.

Sin embargo, dentro de mí, el grillo pequeñito y enfadoso que le quita la emoción a las cosas de la vida, me decía que algo no estaba bien conmigo, pues hoy acumulaba cosas que me hacían sentir satisfecho de mi avance y mañana sucedía un evento que me las quitaba, y así he estado durante más de 25 años, acumulando, para una vez acumulados, llega algo, o alguien y me lo quita, y me deja sin eso, y me preguntaba ¿Por qué razón se me quita lo que poseo?  

Me quejaba, maldecía al sistema, maldecía a los ladrones, maldecía a la falta de salud y al sistema de salud por su coste y parecía que de nada servía maldecir, las cosas no cambiaban, seguían igual, acumulaba y se me iba de las manos. Pero había algo que no se me iba, y era el conocimiento, seguía acumulando, más cada día, y eso no me lo quitaban.Decidí entonces acumular más conocimiento, pero el existente en las fuentes comunes ya no me era satisfactorio, necesitaba algo más potente, más poderoso, que moviera mis células de posición.

Los melodramas que había leído hasta la fecha ya no me llenaban, leía el principio y al poco tiempo ya sabía el desenlace, novelas, cuentos, teatro, ensayos, pasaron por cientos en mis manos y me sirvieron, me hicieron pasar ratos agradables, llenos de emoción. Más las emociones de un día para otro cambiaron, se hicieron fuertes, poderosas y ya no las lograban sacar de su letargo esas novelas famosas, o populares, se aburrían, las veía como pequeñas viejecillas desdentadas, sentadas frente a un portal lleno de patina y musgo verde, agradable fachada a la vista, sentadas en enromes sillones de mimbre, platicando entre sí, como planeando el siguiente paso, para fastidiarme, sonrojadas cuando se ponían de acuerdo en salir a molestarme, disfrutaban su estadía dentro de mi mente tejiendo enormes embrollos, y las retaba con Márquez, con Traven, con Steinbeck, y nada. Las probé con Camus y salió una a bostezar en mi propia cara. 

Supe que debía buscar algo distinto… Samael algo las movía, cuando se hablaba de la alta magia…supe en ese momento que la línea que me pedían era leer sobre la magia que existe en todas las personas, y debía empezar por algo, ¿Con qué? Me sentí adormecido, no sabía con que empezar, me paraba en las librerías y revisaba todos los autores y siempre regresaba a los mismos, Hesse, Nietzsche, Ovidio, Hemingway o Dostoievski, así salía derrotado, comprando y leyendo los mismos libros, sin sentir algún cambio en mi conducta, ni aumentando el conocimiento. 

Me fui nuevamente a correr caminos, para poder pensar sin otros distractores más allá del camino y el paisaje, mientras cuestionaba duramente a mi grillo, que algunos le dicen consciencia, reclamándole que me diera nueva información, algo que llenara mi espíritu y me dijo que solo tuviera paciencia, y era algo que no tenía, mis compromisos laborales me decían que todo debía hacerse rápido, de inmediato, y bien a la primera, para poder seguir aportando a la humanidad.

 

Era el año 2015, hace siete años, y me resigné a esperar, a que las cosas llegaran por sí solas, si no podía presionarlas. Más mi consciencia me exigió ocupar a la mente en algo que dejara ciertos dividendos y le dije que sí, que era buena idea, que mientras la vida seguía su curso y yo en espera de alguna información distinta a la común, podía ocuparme en algo. Así decidí terminar los libros inconclusos, que eran muchos, así que empecé con el primero, y en seis meses logré terminar tres de ellos, fue algo emocionante, ocupado viendo nacer a la información que tenías estancada. 

Ese año lo pasé ocupado entre la labor que me dejaba recursos para vivir y la escritura y edición de libros, algo emocionante. Pero en 2016 se me acabaron las ideas por un momento, no sabía quéhacer. Llegó el destino que no tiene emociones y me quitó a un ser de mucho valor y me dejó estupefacto. Se suponía que yo debía irme antes, por edad, pero no fue así. Caminando gacho, sin saber a dónde dirigir mis pasos, estuve buscando explicaciones a esos eventos. 

Si bien el espíritu puro de ese ser me avisó que se iba, no conforme, porque necesitaba más tiempo para ayudar a un alma que trajo al mundo, pero al final aceptaba el designio de su propia vida, llegó, abrió la puerta, me dijo adiós y partió… la vida siguió, pataleando, e inconforme la seguía, buscaba actividades que satisficieran mi espíritu, iba a centros ceremoniales, escuchaba platicas, tomaba talleres y nada me llenaba, parecía que todo eso ya lo había vivido y que no lo necesitaba. 

También sabía que mi orgullo estaba diciéndomelo, debía domar mi orgullo, para poder sacar lo importante de todo ello, más el orgullo era fuerte, enorme, poderoso y me hacía sacar las cosas al desgaire. Pasaron cinco años, desde que solicité nueva información y no me había llegado, estaba convenciéndome de que nada existía más allá. 

Un día, de los primeros del año 2020, mi maestro en esta tierra me comentó que había un taller, me extendió la invitación. Era en una ciudad distante, a dos horas de camino desde la ciudad de Guadalajara, donde en ese momento estaba laborando. Le dije que sí, nada costaba con integrarle nueva información a la mente, algo podría sacar de provecho adicional, podía distraerme y recordar aquellos viejos tiempos, cuando estuvimos por allá en 2010. El camino lo conocía, así que lo recorrería con ánimo, acompañado de mi maestro y su hija, y tenía varios meses para prepararme psicológicamente, pues el nombre del taller me decía que era algo de personas raras, que practicaban rituales extraños y nada agradables a mi parecer. 

Cuando la fecha se acercaba, mi memoria me jugó una pasada (como lo hacía a veces), me retiré de Guadalajara y me asenté en Morelia, sin recordar el compromiso, cargué un jueves con todas mis cosas, apenas había llegado a Morelia, casi sin haber desempacado, cuando me llegó el mensaje que el taller era el próximo sábado, y como tengo una mala costumbre de cumplir mi palabra, le dije que sí, que el sábado iríamos al taller. El viernes, después del jornal, a las 6 de la tarde, salí rumbo a Guadalajara, allá dormí y salimos a las 6 de la mañana rumbo a Tepic.  

La presentación fue muy agradable, una tesis de medicina natural, basada en la naturopatía y el comportamiento del cuerpo con el uso de las plantas, me agradó. Después de todo había información que no tenía y allí había alguna muy útil.

Ya cercanos a la noche, entraron en el meollo del taller, que era la sanación mediante el equilibrio de la energía, para lo cual se requería tener una herramienta de localización de males, llamado escaneo. Se me hizo extraño, no entendía el cómo un cuerpo vivo o muerto podía responder a las instrucciones que da la vibración de otro. En ese caso iniciamos con el ejercicio personal, instruyendo al cuerpo para que respondiera, intenté hacerlo, y no pude, sentía que eso no era para mí, que efectivamente era para personas distintas.

Algunos de ellos se emocionaron con los resultados, yo me sentí decepcionado, decía que no era para mí.Sin embargo, también decía que, si ellos pudieron, yo debería poder. Así que me retiré del grupo, alejado de cualquier contaminante visual o auditivo y empecé los ejercicios. Lo que me sucedió, me cambió por completo, pude sentir y experimentar un rayo de energía entrando y saliendo, moviendo todas mis fibras. No había experimentado nada igual, el cuerpo respondía a instrucciones dadas a su conciencia.

No lo creía, ni lo entendía, estaba nervioso. Eso era algo poderoso, podía por fin comunicarme conmigo mismo, sin tener a la mente como interlocutor. Me sudaron las manos, el cuerpo me temblaba. Decidí experimentarlo nuevamente para corroborar que efectivamente era algo fuera de lo común y que funcionaba una y más veces, y se volvió a mover igual, ahora con más fuerza, sentí que por fin la paciencia había sido recompensada, que una nueva vida iniciaba para mí, un nuevo conocimiento llegaba y así fue, cientos de libros de teosofía, alquimia, magia, astrología, energía y wika fueron llegándome, los nuevos conceptos me mantenían atento a todo lo que pasaba, la epidemia pasó a un segundo término, y a la fecha, no he sentido la misma presión que sienten mis interlocutores, prefería hablar de misterio a muerte, nacía ese día, como un hombre nuevo. 

Tengo mucho por leer, mucho por experimentar, mucho por compartir. 

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