​Despertar Poético 

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

La música de las estrellas

Balam Quitzé estaba fatigado, las peleas contra los Drakos lo dejaban exhausto, pero tenía una misión y debía cumplirse. No todas las batallas se ganan, pero indefectiblemente la guerra sí, solo es cuestión de empujar, de tirar la espada siempre al frente, no retroceder. Hace unos días, los cinco dioses del panteón Mexica lo invitaron a una reunión, una fiesta, cuyo principal mérito consistía en agradecer.Balam no está acostumbrado a los festejos, su carácter reservado y solitario lo hacen poco afable en esos menesteres, para el trabajo duro contra la injusticia y la mendacidad tiene los ánimos puestos y los pies prestos, pero debe entender que todo tiene importancia.

Los dioses no deben ser desairados, hacen su esfuerzo por mantener el camino limpio e iluminado para que Balam llegue al paraíso o al Edén que promueven los Toltecas, así que acepta de buen gusto e inicia los preparativos para el viaje, mente limpia, honor intacto y verdad en sus palabras, ese ropaje es el que más gusta a los dioses. Más no será fácil, hay fuerzas oscuras alrededor de todos los seres que están tratando a toda costa de mantenerte cautivo, cegado y desvíes el camino, si no logran hacerlo mediante el convencimiento, lo harán de otra manera más drástica, incluyendo la muerte, a ellos no les importa la vida del humano, quizá la de ellos, su destino es tan oscuro como sus almas. 

13 días antes de las fiestas, los Drakos usaron a seres más débiles, almas sencillas manipulables ante el miedo y las lanzaron contra Balam, que se vio sorprendido. Le salieron desde la oscuridad de forma espontánea mientras caminaba por una ruta sin mucha luz, la oportuna llegada de su guardián personal le evitó daños mayores. Con esa acción, decidió tomar una opción nada agradable, reducir sus movimientos y estar alerta. Ese mismo día, los Drakos tenían otra celada, siete horas después lo sorprendieron y lo despojaron de sus armas, tres armas poderosas, con una energía brutal, reservadas únicamente para sacrificar simbólicamente a las almas.

Más los Drakos tienen otra idea, con ellas incitarán nuevamente al sacrificio humano, el ser tan preciado para ellos, de ellos viven, por ellos viven, jamás para ellos. Balam solicitó la asistencia de los cuatro dioses que lo acompañaban durante sus viajes por este plano: Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tlaloc y Chalchiuhtlicue, les pidió – Señores, maestros, solicitó su asistencia, para iluminar el camino que se volvió umbrío y triste por los sucesos de estos días -, la respuesta de ellos fue simple, hay eventos que deben suceder, se quiera o no, ellos traen jiribilla o una intención no cordial paraaquellos que quieran vivirlo. 

Debía entender que eso sucedió para probar algo, no sabía que era, la mente humana embebida en la tercera dimensión no lograba alcanzar la luz del túnel, pero hay que tener confianza, todo en este mundo tiene un por qué. Quisiéramos que las consecuencias ante los actos lesivos contra nosotros se vieran juzgadas de inmediato y que los infractores sufrieran el castigo divino ante nuestros ojos y así regocijarnos, pero no es así, solo bastará tener la confianza en que toda acción tiene una reacción, que en algún tiempo determinado esa situación será juzgada con la misma fuerza que fue ejercida, con la misma potencia de lo que pretende lograr con esos objetos en detrimento de los inocentes. 

Dejé en manos de los dioses la justicia, ellos señalaron que sí. Algún día tendrán su castigo, cuando más confiados estén, más duro será su golpe. Lo dejaremos allí, para no especular más allá, nuestra mente divagaría entre modelos de aparatos de tortura, quizá los Drakos puedan ser torturados obligándolos a ser bondadosos y amables, deberían empezara a salvar vidas, primero la de ellos, después las de la humanidad. Quizá en su forma de interpretar al mundo es darles información y salgan de la oscuridad de la falta de empatía y honradez. 

Las celdas oscuras de dónde vienen no los dejan ver otros mundos, solo han creado una falacia como verdad sobre aquellos que no son iguales a ellos y que no comparten sus ideales, al final del día, en este plano, la ansiedad y frustración era presa de mi cuerpo, sentía debilidad, rabia y quería tirar todo por la borda, dejar que las cosas sucedieran como fuesen, sin oponer resistencia y sin empujarlas, pero sé que en mí no funciona bien eso. Al poco tiempo de realizar alguna actividad cualquiera, me aburre y necesito otra distinta, así que la inactividad también es una actividad aburrida, abrí los canales de la percepción y decidí salir un poco, los dioses vieron que me movía y salía y sonrieron. 

Quiero entender que la prueba fue superada, la invitación a la fiesta estaba pendiente, se programó y todo quedó listo, Kokopeli se acercó para asistirme, me preguntó si recordaba la música que tocaba en los días en que vivía en la tierra, si recordaba las melodías que salían de la flauta que encantaba a las estrellas, la verdadera música de las esferas, el universo creaba su propia escala musical, cada planeta acorde a su órbita emitía un sonido, la unión de todos ellos generaba una melodía. 

Kokopeli me recordó que nosotros, como hombres,somos la esencia de dios y que nuestra música en unión como un solo ser, es una nota que resonará nuevamente en las estrellas, a Balam no le alcanzará el tiempo terrestre para disfrutar ese espectáculo, le corresponderá a algún descendiente terminar la tarea, la armonía debe regresar mediante el sonido, mediante la vibración que ese sonido producirá, desde otro plano será un dilecto espectador. 

Camino a la fiesta, los dioses se mostraban eufóricos, promovían con especial interés el baile, el canto y la música, Kokopeli, el famoso flautista jorobado, era el más efusivo con la música, insistía en preguntar si recordaba la música que tocaba en sus días, en la madurez de su raza, la Hopi. Corría el año 200 después de Cristo, sé que anduve por estas tierras, pero no sabía que mi influencia fuese tan grande, no importa eso ahora, al final, lo que no era bueno para mí, es que no recordaba la melodía, no en este plano, no en este cuerpo y tuve que disculparme por no recordar la melodía, debió entenderlo, o quizá tenga la misma limitación a la inversa, como yo la tengo con ellos.

Al no entender cómo se manejan los espíritus y sus medidas de proporcionalidad, podría entender que ellos se desesperen si nosotros no podemos movernos entre planos, ni usar la telepatía o la clarividencia, muchos tenemos velados los dones, no sé si como parte del plan divino o porqué nos hemos llenado de humanidad, que no deseamos ver más allá de nuestros ojos y que los Drakos saquen provecho de ello, mientras nos entretienen con diversión diseñada a propósito para ello, para poder medrar a sus anchas y tener siempre carne fresca para su alimentación. Me sentí inútil, no podía responder de manera afirmativa a sus pretensiones, él sabía que yo conocía la canción, solo preguntaba si la recordaba. 

Llegamos a la fiesta, me comentaron que podía llevar a los invitados que quisiera, que formaran parte del grupo con el que compartíamos conocimiento, ellos debían de participar del festejo y ser prestos a recibir los dones que tienen cada vez que los velos se fuesen diluyendo, cada participación en esas fiestas era un paso más al desvelo y serían compensados, el Drako se había llevado algo, pero no todo, aún nos quedaban herramientas útiles, y la utilidad mayor es su retención y uso como objeto de culto, ya no como herramienta de sacrificio.

Todo fue dispuesto, el maíz, el copal, las flores y el perfume, las almas de mente universal girando en círculos concéntricos y en armonía disfrutando de la fiesta, los rayos de luz lanzados a las antenas resplandecían firmemente, los sonidos de los tambores y la caracola eran escuchados en lo más profundo del ser, la pipa de la paz fue rolada entre los dioses y las almas, el agua de fuego fluyó, en un símbolo de buena voluntad y paz entre las almas. 

Nos invitaron a recorren los aposentos donde los dioses descansan, bajamos primero poco más de cien metros bajo la pirámide del sol, la oscuridad del antro era iluminado por las frentes de las mentes que lo recorría. En el primer cámara, el guerrero Águila y el guerrero Coyote resguardaban el recinto, firmes y prestos a la batalla, cual columnas que presiden la entrada al templo de Salomón. 

Fuera, en el plano sutil, las llamas protegían el acceso, las águilas volaban cuidando el lugar.Mientras que los danzantes en éxtasis formaban una espiral de luz, alimentando a los espíritus elementales de la creación. Kokopeli esperaba paciente cerca de la pirámide del sol, encorvado y sonriente, por fin la señal había sido entregada, la música de las estrellas estaba en espera del interprete. Pronto en tiempo espiritual llegaría, el tiempo de la tierra estaba en espera. 

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