Despertar Poético  

Autor:​​​​​José Luis Valencia Castañeda

El nuevo surrealismo

Un enorme árbol estaba en una ensenada, la tarde empezaba a retirarse, una ligera bruma cubría el paisaje, las aguas mansas ocultaban el furor de la naturaleza bajo ellas, no había ninguna brizna de viento que perturbara el espejo diáfano de la pequeña fuente, el cielo grisáceo se reflejaba con claridad y se perdía entre los nenúfares y las algas.A mi lado estaban tres mujeres, ya maduras, sus vestidos floreados, entre naranjas y blancos, hacían juego con sus pieles claras, sonreían y me invitaban a meterme al agua con coquetería.

Una de ellas, de pelo rojo, me hacía señas con la vista, que me acercara. Mientras se agachaba y se sentaba al borde del agua. Metió sus pies, jugueteando levemente con el agua. Las ondas apenas se percibieron al desplazarse hacía el centro del estanque, tras de ella se habían quedado las otras dos mujeres, me veían y sonreían bajo su velo azulado, las flores blancas en la tela las hacían misteriosas.

Una de ellas se recargó en un viejo árbol de copa ancha y oscura, a lo largo de la orilla muchos de estos árboles hacían guardia al agua, quise imaginar que los árboles eran Sauces llorones, que alargaban sus luengas melenas hacia la tierra, y pensé en Ehécatl, el atormentado dios del viento, que un día se acercó a mí, para pedirme ayuda, sus vidas pasadas y presente en la dimensión donde se mueve no eran nada gratas en perspectiva, había sufrido mucho, no conocía el amor en plenitud, y ahora a través de mí, lo veía en la fuente sagrada que tenía frente a mí, y en la mujer hermosa que jugaba a mover el agua. 

Ella representaba a Mayahuel, su amada, a la cual no ha podido unirse debido a los males que corroen la mente del hombre, cuando eran jóvenes, Ehécatl pretendía a Mayahuel, pero está era vigilada de cerca por su celosa abuela, Mayahuel tenia en sus manos una planta milagrosa, que le daría dones y alegría a los hombres, se llamaba Maguey, los dioses creadores le encomendaron a Ehécatl hacerse de la poderosa planta y regalársela a los hombres, y fue al lugar donde estaba Mayahuel y con engaños la sacó de la casa a escondidas de la abuela.Mientras caminaban, se enamoraron. 

La abuela al descubrir la huida mando a los hermanos de Mayahuel a buscarlos y asesinarlos.Para protegerse, Mayahuel pidió a Ehécatl convertirse en una planta de Maguey. Cuando llegaron al sitio los hermanos de Mayahuel solo vieron piedras y plantas, estaban desconcertados, pero advirtieron que una de las plantas era diferente, y reconocieron en ella a su hermana y la destrozaron, Ehécatl regresó a su forma y vio a su amada muerta, tomó los pedazos de ella en sus brazos y la plantó, regándola con el agua de su llanto. La planta mágica regresó a la vida, pero Mayahuel no. 

Ahora, en espíritu, Ehécatl necesita quedar bajo la sombra de un poderoso Sauce junto a su amada, bastará la dulce miel del maguey, el perfume de las flores que rodean el árbol, un poco de incienso y la intención de la unión de los sagrados masculino y femenino, para ser ahora sí por la eternidad una sola alma. 

Mientras imaginaba esto, la invitación a sentarme al lado de la hermosa pelirroja me incitaba a hacerlo, pero no estaba preparado para ello, la ropa que llevaba no era la apropiada para meter los pies en el agua. Vi a lo lejos la otra punta de la pequeña bahía ocupada por frondoso árbol parecido al Caulote, decidí caminar hacía allá con la idea de cambiar de ropa y colocarme una más adecuada. Un pequeño caminito rodeaba la bahía, caminé hacia el árbol, en la mano llevaba un pantalón corto, mientras intentaba retirarme el calzado, llegado al árbol, quise tener más privacidad, y lo puse entre ellas y yo, más las ramas bajas desprovistas de follaje no lograban taparme. 

Sentía la mirada penetrante de ellas en mi persona, me cohibía, con una mano empecé a retirarme el pantalón, mientras que la otra mano estaba apoyada en un tronco bajo. El pantalón se resistía, me molesté un poco por esa interrupción. A lo lejos las tres mujeres reían gustosas, podría identificar su felicidad, el estar allí les cambiaba el ánimo, pensé que podrían ser ninfas esperando a su víctima, que una vez dentro del agua se convertirían en una especie de demonio que atraparía mi alma, mientras solo estaba atrapado por los pies por un simple pantalón caqui. 

De pronto sentí la presencia de algo tras de mí, voltee y era una mujer también madura que se acercaba, la reconocí, me saludó sin palabras, solo movió su cara en un gesto afable, quizá fuese ella mi salvación. Mi atención se dirigió ahora hacia el otro lado del estanque, ya no veía a las ninfas, ahora veía un prado multicolor, entre el verdor de las plantas y el rojizo de la tierra se dibujaban pequeños pedruscos patinados de negro, el horizonte era una simple línea que dividía ese verdor con el azul del cielo que de ese lado solo tenía unos pequeños cúmulos. 

La mujer tenía una estatura más alta de lo normal, un cabello negro crespo, con su nariz ancha y una verruga cerca de esta, su ropaje blanco contrastaba con el negro de la tierra que manipulaba cerca del árbol, me desistí de cambiar mi vestidura, mi atención estaba centrada en el horizonte. La mujer levantó la cabeza del menester que hacía en la tierra y señaló con su mano derecha hacía el cielo. Al voltear me sorprendí, había miles de mariposas azules, como si fuesen parvadas de aves, ocultaron el cielo por un instante, venían hacía mi a una velocidad enorme. 

Una parvada de aves negras que circulaban en sentido contrario se interpuso en su camino y al ver la enorme cantidad de insectos cambiaron el rumbo, el cielo se oscureció frente a mí, las alas azules eran unas simples hojas que revoloteaban al desgaire, en la parte de arriba eran de un azul oscuro, fuerte, la parte de abajo era un azul claro, grisáceo, como el de algunas plantas, que tienen hojas verdes por encima y blanco por abajo, las veía venir hacía míen turba, no tenía miedo, solo las esperaba, era un espectáculo maravilloso, cuando estaba cerca, noté que eran dos simples hojas azules revoloteando, simulando ser mariposas, se entretuvieron en la orilla del estanque, juguetonas. 

Una de ellas venía distraída y con fuerza se lanzó a mi cara, al tocarme se horrorizó y explotó, convirtiéndose en una pequeña luciérnaga verde que rebotó en el piso, en cuanto tocó la tierra, todas las mariposas azules se convirtieron en pequeñas luciérnagas verdes, las pequeñas explosiones se escuchaban como maíz explotando, dejando en el ambiente un pequeño camino de humo. Me quedé estático, todo lo que había visto desapareció, me vi solo en el espacio flotando, como si la tierra de pronto desapareciera, y yo en el mismo lugar. 

Me sentí en el sueño de los deconstructivistas, que empezaban a despedazar todo a su alrededor, para tener una explicación simple, haciéndola más compleja por la cantidad de fracciones que debían ser explicadas, así estaba yo, flotando, o todo a mi alrededor flotaba sin que me moviera, era el espectador incólume a los cambios, la tierra, el ambiente, las personas podían cambiar, el espectador solo era eso: “un simple mortal” viendo la vida desde otra perspectiva. 

Nada de lo mundano me movía, ni las mujeres hermosas pudieron hacerme volver la vista atrás, ni las mariposas en el ambiente me incitaron a expresar más emociones que las de agradecer la vida. El mundo ante ti puede cambiar, puede arrastrarte a la pasión, puede guiarte a un cambio de vestimenta, puede mostrarte la belleza de la vida y de la creación, más tú, y tu mente deben permanecer incólumes antes esos cambios, debes aprender a manejar el equilibrio emocional ante todas las circunstancias. 

El estanque no dejará de ser estanque mientras sea nutrido por las aguas de las pequeñas torrenteras y a su vez alimentará toda la vida que hay en él y aguas abajo. Las ninfas que te invitan a disfrutar de los deseos oscuros siempre estarán al acecho, nada cambiará si tú no lo haces, el paisaje será el mismo si no giras un poco tu visión, quizá el viento te ayude a moverte, quizá el Maguey sagrado te muestren otro camino, pero lo importante que enseñan los dioses y las mariposas, es que todo cambia de un instante a otro, para que todo siga igual en ti. 

Esa preciosa sabiduría que pretendemos encontrar ha estado siempre con nosotros, solo bastará un pequeño sueño lúcido, donde te encuentres con los seres sagrados para entenderlos, volteo y veo el árbol que parece Caulote, está lejos de mí, las ninfas han desaparecido, la mujer por mi conocida se ha ido por donde vino, las aves no surcan los cielos, las mariposas se han convertido en luz, solo yo permanezco inmóvil, pensativo, analizando cuál es el camino correcto que debo emprender ahora que los demás se han esfumado, junto con el estanque, junto con la bahía, junto con mis otros sueños, los “normales”, ahora en mi nueva “normalidad” debo aprender a vivir conmigo y con los viejos dioses que se han vuelto humildes; ¿O ya lo eran?, y no nos dábamos cuenta. 

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