Hermanos todos venciendo fronteras

Hermanos todos venciendo fronteras


P. Agustín Celis

Cuando hablamos de la sociedad, tenemos que abordar un sinfín de conceptos, pero de manera especial nos centramos en la vida del ser humano. Hoy nos preguntamos ¿Puede el hombre reconocer en la otra persona como un hermano?, ¿Puede llegar a considerarlo hermano? Ya que varios de los principio de ley están basadas en que seamos capaces de reconocer al otro, como al prójimo. Un ejemplo es la frase bíblica: “ama a tu prójimo como a ti mismo”, o la otra frese: “trata a la otra persona como te gustaría ser tratado”. En la escala de valores si existe la posibilidad de ver al otro como un hermano.
¿Quién es mi prójimo? La palabra “prójimo” en la sociedad suele indicar al que es más cercano, al más próximo. Se entiende que si hay alguna necesidad, la ayuda debe dirigirse en primer lugar al que pertenece al propio grupo, a la propia raza. Sin embargo, para algunos la persona que viene de otro lugar, es considerado un ser despreciable, impuro y, por lo tanto, no se le puede incluir dentro de los seres cercanos a quienes se debe ayudar. Sin embargo, bajo esta situación de que seamos capaces de ver al otro como prójimo, el planteamiento puede ser diferente, que seamos capaces de ser prójimos, de romper la barrera que no nos deja estar cerca del otro.
La propuesta de ser hermanos, es la de hacerse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia, si pertenece a tu familia. Si esta sociedad fuera capaz de actuar como prójimo y de ver al otro como el prójimo, la situación actual de la Pandemia y de otros problemas ya los hubiéramos vencido. Un ejemplo: cómo voy a secuestrar a otra persona, es mi prójimo, es mi hermano; como voy a matar a otra persona si es mi prójimo, es mi hermano.
Este es el caso que debemos plantearnos, ¿Qué es el hombre para el hombre?, ¿Cómo nos ven quienes llevan las riendas del país? Si no somos capaces de entendernos y respetarnos nosotros mismos, como seremos capaces de respetar a los demás. Como seremos capaces de ver al otro como hermano, como el prójimo. Para ello se requiere superar todas las barreras culturales e históricas, se requiere plantear fundamentos sólidos desde los hogares y después fortalecerlos mediante la educación. Es decir, se nos interpela a dejar de lado toda diferencia y, ante el sufrimiento, volvernos cercanos a cualquiera. Entonces, ya no digo que tengo “prójimos” a quienes debo ayudar, sino que me siento llamado a volverme yo un prójimo de los otros.
El problema que tratamos de destacar, es que el hombre ha sido herido. No fue preparado para amar, no se siente amado por la sociedad y vive para sí en defensa de sus derechos, pero siempre en defensa de los demás. El problema es que unos a otros no somos capaces de respetarnos, y en ocasiones nos hacemos la vida difícil entre nosotros mismo. Somos necios para reconocer nuestros errores y fácilmente nos sentimos heridos por la verdad.
Toda esta situación que hemos planteado, tiene una importancia excepcional para reflexionar sobre un amor que se abre a todos, sobre el amor que puede ser el bálsamo que sane las heridas del hombre y nos ayude a rellenar las brechas que nos separan unos de otros, para ser una sociedad de hermanos que luchan por el bienestar de todos.

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