Editorial

Invenciones del alma VIII

Invenciones del alma VIII
Cuando el cielo parpadeó
Antonio Dega
Cuando llegó la noche, y el furioso ímpetu por recorrer tus memorias llegó a mi mente, el frio acariciaba mis mejillas, mis manos temblaban y, a pesar de estar abrigado, mi alma helaba.
La carretera frente a mi estaba oscura, recorrida por la neblina de diciembre. Crucé mis brazos para recordar tu cálida compañía, tu reconfortante esencia.
Las calles presenciaron tu dulce risa, cautivando mis oídos, marcando incontables noches.
Nuestras miradas, eternamente fugaces, viven ahora en el pasado. No mentiré al decirte que la nostalgia no me llama, lo hace con frecuencia, me seduce, me baña con sentimentalismo.
No mentiré al decirte que las letras, las palabras, las emociones y mis pasiones no te pertenecen.
No mentiré al decirte que ahora eres nada porque eres todo, pero lo eres para días extintos, días cobijados por la noche, enterrados por la luz del sol.
Caminé a la carretera, observando la oscura soledad. Miré al cielo, salpicado de relucientes miradas. Y cuando me dispuse a parpadear las estrellas brillaron con intensidad hasta apagarse. Entonces morí con la noche, con la pesadez y el anhelo.
Hoy, de nuevo, con la luz del sol iluminando mis pasos, camino listo para esperar otra noche de recuerdos.

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