La solidaridad en proselitismo

La solidaridad en proselitismo

P. Agustín Celis

Es de reconocer que la solidaridad se hace presente siempre en la sociedad, pero de manera especial en estos tiempos de discurso y proselitismo. Aunque como virtud moral, debemos destacar que nos da la oportunidad de procurar un juicio de justicia o injusticia; sin embargo, la solidaridad, como actitud social, se agradece toda acción a favor del más necesitado. La solidaridad entendida como un valor, es fruto de la conversión personal, que exige el compromiso, tanto del que realiza la acción como del que reciba el beneficio de dicha acción.

Por otro lado, no podemos cerrar los ojos frente a las acciones que se realizan con la bandera de la solidaridad, pero se esconden intenciones perversas. Por ello, es importante que, quienes tenemos la responsabilidad de educar, de formar las conciencias humanas, nos tomemos muy en serio esta tarea, ya que es una labor muy noble en beneficio de la dignidad humana.

En primer lugar debemos reconocer el papel tan importante de las familias, llamadas a una misión educativa primaria e imprescindible. Ellas constituyen el primer lugar en el que se viven y se transmiten los valores del amor y de la fraternidad, de la convivencia y del compartir, de la atención y del cuidado del otro.

Los educadores y los formadores que, en la escuela o en los diferentes centros de asociación infantil y juvenil, tienen la ardua tarea de educar a los niños y jóvenes, están llamados a tomar conciencia de que su responsabilidad tiene que ver con las dimensiones morales, espirituales y sociales de la persona.

Los valores de la libertad, del respeto recíproco y de la solidaridad se transmiten desde la más tierna infancia. Quienes se dedican al mundo de la cultura y de los medios de comunicación social tienen también una responsabilidad en el campo de la educación y la formación, especialmente en la sociedad contemporánea, en la que el acceso a los instrumentos de formación y de comunicación está cada vez más extendido.

En estos momentos, donde todo parece diluirse y perder consistencia, nos hace bien apelar a la solidez que surge de sabernos responsables de la fragilidad de los demás buscando un destino común. La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás.

En estos tiempos de proselitismo, debemos apelar por cuidar la fragilidad del prójimo. Debemos tener la capacidad de dejar de lado nuestras búsquedas, afanes y deseos ante la mirada de los más frágiles. Sin embargo, hay discursos que rayan en la falsedad, en el egocentrismo y en sueños perversos en contra de la misma solidaridad.

Es el tiempo de mirar el rostro del hermano, de tocar su carne para sentir el hambre y terror de los que viven en campos minados por la violencia, para que en nombre de la solidaridad luchemos por la promoción del hermano.

Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero.

La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y es por eso que la utilizan los movimientos populares en proselitismo.

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