La violencia siempre deja huellas en niños, niñas y adolescentes

La violencia siempre deja huellas en niños, niñas y adolescentes

Por: Marina Vilchis Herrera.

Los niños, niñas y adolescentes al recibir castigos físicos sienten el temor llevado al grado máximo, es decir, terror. Esto ocurre minutos o segundos antes de recibir el golpe, cuando anticipan lo que va a acontecer. La psicoterapeuta Marlen Hernández Gracián nos detalla cómo afecta el maltrato en las personas.

Después del golpe no solo sienten un dolor físico, sino emocional. El sentimiento de impotencia surge luego, como resultado del dolor emocional que deriva de no poder modificar la ira, el enojo o la frustración que siente su madre, padre o cuidador. Niños, niñas y adolescentes sienten que nada de lo que puedan hacer en ese momento hará cambiar la opinión de las personas adultas a su cargo, sobre él o ella, o sobre lo ocurrido.

Para sobreponerse de esta experiencia, niños, niñas y adolescentes desarrollan mecanismos de adaptación a la violencia, como la obediencia extrema o comportamientos violentos.

En cualquiera de los dos casos se ubican en algún lugar del círculo de la violencia: víctima o agresor. Estas experiencias trascienden el mundo familiar y se amplían a la escuela y la comunidad. Niños, niñas y adolescentes aprenderán que los problemas deben enfrentarse con violencia y podrá aplicar esta enseñanza a otros ámbitos de su vida. La persistencia de estas conductas acaba generando una sociedad violenta, que utiliza estos mecanismos para resolver los conflictos.

Los seres humanos construimos nuestro pensamiento a partir del lenguaje. Por lo tanto, si se usan palabras humillantes para educarlos o ponerles límites, los hijos e hijas pensarán que estas palabras realmente los definen como personas.

Aunque algunas madres y algunos padres creen que insultar no es igual que golpear, las palabras fuertes y humillantes generan los mismos sentimientos de dolor emocional, frustración e impotencia que el castigo físico en las personas. La violencia física o psicológica no enseña a “portarse bien”, sino a evitar el castigo., la exposición a situaciones de violencia puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social del niño, niña o adolescente.

Algunas consecuencias físicas, psicológicas y sociales más frecuentes del castigo físico y del maltrato psicológico son:

  • Baja autoestima: A menudo pueden experimentar sentimientos de inferioridad e inutilidad. También pueden mostrarse tímidos y miedosos o, por el contrario, hiperactivos buscando llamar la atención de los demás.
  • Sentimientos de soledad y abandono: Pueden sentirse aislados, abandonados y poco queridos.
  • Exclusión del diálogo y la reflexión: La violencia bloquea y dificulta la capacidad para encontrar modos alternativos de resolver conflictos de forma pacífica y dialogada.
  • Generación de más violencia: Aprenden que la violencia es un modelo válido para resolver los problemas y pueden reproducirlo.
  • Ansiedad, angustia, depresión: Pueden experimentar miedo y ansiedad, desencadenados por la presencia de un adulto que se muestre agresivo o autoritario. Algunos desarrollan lentamente sentimientos de angustia, depresión y comportamientos autodestructivos como la automutilación.
  • Trastornos en la identidad: Pueden tener una mala imagen de sí mismos, creer que son malos y por eso sus padres los castigan físicamente. A veces, como modo de defenderse, desarrollan la creencia de que son fuertes y todopoderosos, capaces de vencer a sus padres y a otros adultos.

Hay una transmisión de violencia a través de las generaciones, una memoria de marcas corporales, memoria de recuerdos, memoria del terror que insiste sin palabras, sin posibilidades de ser metabolizadas… marcas de golpes, de momentos de pánico, de angustia y vergüenza. Lo que no se pudo ser, “digerido”, pasa en su forma “bruta” a los hijos y a los hijos de los hijos. Así, las angustias, los terrores sin nombre, los estados de depresión profunda y de pánico, se transmiten, vacíos, marcas de lo no tramitado. Tienen el efecto de golpes sorpresivos expulsados hacia la generación siguiente…frente a los que no hay alerta posible. Recuerdos que retornan de diferentes modos y cuya repetición obtura una vida satisfecha, plena con sus semejantes.

Las familias violentas son generalmente familias muy cerradas, en las que no hay un intercambio fluido con el resto del mundo. Los vínculos intrafamiliares son de pegoteo y desconexión afectiva. Cada uno está aislado, absolutamente solo y a la vez no se puede separar de los otros. No hay espacios individuales y tampoco se comparte. Todo es indiferenciado y el contacto es a través del golpe. Así, generalmente, cuando una familia se puede abrir al mundo y establecer redes con otros, la violencia disminuye.

Por lo tanto, sí su hijo le explica que está recibiendo malos tratos, tómeselo muy en serio. Todos los niños merecen ser escuchados, protegidos y ayudados.

Marlen Hernández Gracián

Previa cita (715)131-87-37.

marlen.hdezg@hotmail.com

Moctezuma Ote. #29

Col. Cuauhtémoc C.P61506

Zitácuaro Mich.

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