ARENA SUELTA

ARENA SUELTA

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

EL GOBIERNO DE UNO

Cada persona tenemos nuestras propias características, producto de las experiencias que nos han tocado vivir, además de la herencia genética de nuestros ancestros. Se esperaría que conforme nos vamos educando también tengamos educado el carácter y demostremos madurez en cada acción que tomemos en los diversos sitios o ambientes en los que nos desarrollamos.

Ser maduros, no es cuestión de edad. Aunque casi siempre se trate de un estado al que se llega una vez que se van cumpliendo: la mayoría de edad, el término de estudios o tener una familia, por ejemplo. Sin embargo, parece un poco injusta la vida cuando al pensar que una vez que sabemos cómo resolver los conflictos o problemas que se nos presentan contamos casi siempre con una edad avanzada y por ende, poca existencia en este mundo.

Si gracias a la experiencia que hemos tenido, aprendimos cuales son las mejores rutas para la solución de los diversos conflictos, valdría la pena compartirlas con los demás, especialmente con los más jóvenes para evitar tropiezos, sin embargo, muchas veces se tiene el saber pero se carece de solidaridad y el egoísmo nos impide compartir o guiar, aunado a que tal parece que nos gusta equivocarnos y cada uno quiere aprender sólo, pues sólo así justificamos la actitud de la mayoría de los jóvenes que lo que menos quieren es escuchar a los adultos y menos llegar a hacerles caso a sus consejos.

Tener la libertad para aprender a nuestro paso, es importante; pero valdría la pena leer, ver o escuchar de los demás, pues de ese modo haríamos de nuestro tiempo en la tierra una estancia, si no más valiosa, sí más provechosa. Aunque esta idea no aplica para todos, pues cuando tienes la responsabilidad de guiar a un pueblo, ya sea mediante la ejecución de acciones, la legislación social o la impartición de justicia, no puedes ir a paso lento, ni rápido, pero sí dando respuestas sensatas conforme a lo que sabes de la vida, pero sobre todo escuchando a los demás.

Dicho lo anterior, un presidente municipal no se puede dar el lujo de esperar para aprender a administrar correctamente en lo social, lo legal o lo educativo, por lo que debe reunir un equipo capacitado que permita que la población goce de los mejores servicios posibles y se beneficie de las mejores políticas públicas posibles inmediatamente que comience sus gestiones. Un legislador, tampoco debe esperar a hacer leyes que le acomoden, que vayan conforme a sus ideales, ni realizarlas hasta que se presente el problema o asunto, sino que, debe adelantarse a su tiempo. Y, en el caso de el Presidente de la República, debe tener una vista aguda y los oídos alerta a todo lo que pueda hablarse a su alrededor para descifrar lo que está haciendo bien y lo que está haciendo mal, para replantearse en cada momento o reafirmar los proyectos que son mejor para todas y todos.

Cada uno podemos ser libres de pensar y actuar como queramos, pero eso es en nuestra vida personalísima, no en lo social, y debido a que somos seres sociales, hemos de adaptarnos de tal manera que no perdamos nuestra calidad de únicos, pero tampoco y bajo ninguna forma, montarnos en la soberbia o el ego que impide darle importancia al sentir de los demás.

El gobernador, el diputado, el senador o el presidente, deben saber que independiente de su carácter personal, de ser muy claridosos o de “mecha corta”, o lengua larga, o bien o  mal hablados, no se representan a sí mismos, son representantes populares, que ya sea por mayoría representativa o proporcional, no hablan y no actúan por sí y para sí mismos, sino que tienen una investidura que cuidar y una línea que seguir, que se distingue de la de los ciudadanos de a pie, una vez que de manera personal tomaron la decisión de dedicarse a la vida pública.

Parece que hace falta que muchos de nuestros políticos vean a su alrededor, suban y bajen la mirada e identifiquen en dónde están parados, y recuerden que independientemente de donde vengan, de cuál sea su preparación académica o de cómo hayan llegado a sus cargos, se encuentran en la lente pública y, debido a que su salario proviene de los impuestos de todas y todos los ciudadanos, los que pagamos siempre deseamos respeto, talento y buenos resultados.

Si ostentando algún cargo de elección popular se olvida el origen y se sientan en una silla que les hace olvidar que se deben al pueblo, tomando decisiones personales, sin escuchar a su equipo, a los especialistas o peor aún a sus gobernados, estamos en grave riesgo de sucumbir a lo que en la historia se le conoció como el imperialismo o el gobierno de uno, es decir, en donde sólo una voz pone y dispone. 

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