ARENA SUELTA / POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

ARENA SUELTA


POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

COMPRANDO VOLUNTADES

¿Qué nombre se le puede dar a la persona que lucra con la necesidad del otro?, seguramente la respuesta a esta pregunta puede variar, pero también se les llama “políticos”, y sí, no es precisamente ese el concepto de política ateniense que, hacía referencia al mejor ejemplo de democracia, en el que el pueblo participaba en la política, sino de una práctica vil, en la que se aprovechan de la necesidad de los pobres, para que, a cambio de algún apoyo, les voten en las elecciones.
La historia de la política mexicana ha sido a lo largo de mucho tiempo un campo minado, en el que las víctimas han sido los que menos tienen y que, por supuesto, penosamente representan la mitad de la población mexicana. Lo que parece agradar a la clase política, porque les ha llegado a hacer creer que, si alguien llega a la colonia, pueblo o comunidad a pedirles su apoyo con su voto y no llevan una despensa, una cobija o algún otro bien, entonces no merecen que se les apoye. Es decir, no solo se ha jugado con el hambre, el frío o la falta de servicio, de las personas, condicionando la entrega del bien o servicio a cambio de que voten a favor de tal o cual candidato o partido, sino que se ha hecho creer a las personas que quien merece el que voten es aquella que les dá.
Es normal que aquel o aquella que invierte, quiera recuperar la inversión, pero eso aplica en los negocios, y la democracia no es una empresa, a la que se le deba inyectar recurso, entregados en especie o en efectivo, y quien así lo vea, no sólo no merece ser actor o actriz en la vida política de un pueblo, sino que debe ser desterrado de todo aquello que signifique el servicio público, pues servir a los ciudadanos es una tarea que debe estar destinada a personas de alta calidad moral y ética, que siempre antepone a la gente y sus apremiantes necesidades, previo a pensar en sus beneficios personales. Por eso no se debe dejar de usar a los pobres, para entregarles alimentos, trapos o hasta medicamentos, que duran unos días, para enjaretarles un gobierno que los hunda por años.
Existen muchos puntos en contra de la clase política actual, que va desde lo alejado que están los principales institutos políticos de los ideales, pues han dejado de lado todo principio ético por dedicarse a ganar el gobierno por sobre todas las cosas, y es aquí en dónde radica la mezquindad; debido a que un gobernante que logra el cargo tras turbias votaciones o que va de casa en casa entregando dádivas, sin tener un plan basado en la realidad del pueblo, no solo será tiránico sino que como a la ubre de una res, en tiempo de vacas flacas, se exprimió la ubre hasta la última gota, o ultimo peso del presupuesto que exista.
Han existido varias campañas por parte de la institución encargada de realizar las elecciones en México, para evitar coaccionar el principio de libertad al elegir a nuestros gobernantes. Pero, no han sido campañas con un peso tal que inhiba en los partidos políticos y sus candidatos el que sigan entregando “apoyos”, a cambio de que les voten en las casillas, mucho menos se han tratado de acciones que acaben con el hambre, con la que viven mujeres y hombres de muchos rincones de la República Mexicana.
Es momento de que las instituciones autónomas u órganos autónomos, así como las organizaciones de la sociedad civil, tomen las medidas que sean necesarias, para que se entreguen beneficios a las personas, sin que eso represente el compromiso de tener que votar por alguien, sino que se entregue y se reciba comida, pan, techo o servicios básicos, por tratarse de derechos humanos y garantías que están estipuladas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que provienen del dinero que todos aportamos mediante el cobro de impuestos y que aquellos actores políticos que supuestamente ponen de su cartera para llevar la silla de ruedas, el cemento o demás materiales, lo realicen con apego a las normas del juego democrático, de tal suerte que se contabilice cada peso y se salvaguarde siempre la libertad de decisión de la gente.
Que los recurso que se entregan a cada partido y/o candadito para hacer su campaña, se base en la verdad, en el compromiso por hacer llegar hasta el último hogar de la montaña las propuestas y planes de acción para acabar con la ignorancia, evitando así que caigan en las mentiras de aquellos que quieren construir puentes en donde no hay ríos u obras que nunca se vayan a realizar, o estadios, aunque no se practiquen deportes.
La historia nos ha alcanzado, la pandemia ha acabado con la vida de miles y miles, por eso nuestra visión tiene que asemejarse al del águila, que aun estando lejos puede ver la presa que mejor le conviene y no se deja distraer por otros animales que no entran en su dieta. Mostremos responsabilidad y madurez desde la sociedad, anteponiendo lo que necesitamos, por lo que nos hace falta a todos, y sobre todo si tenemos la oportunidad de participar como candidatos, sabiendo que es mejor perder jugando limpio que ganar con robos, comprando voluntades o haciendo trampa.

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