Capitán VII. Utopía del destino (Despertar poético)

Capitán VII. ¡Utopía del destino!

Los elegidos por Kukulcán están abordando, sin la tristeza de abandonar al mundo, sin la tristeza de abandonar a sus familias, han trabajado en el desapego, sabedores de que su misión es la de conservar el conocimiento más allá del hombre, elegidos son aquellos que lograron dominar al animal irracional que muerde las entrañas del hombre y lo hace presa de las emociones. Purificados de la conciencia, van al encuentro del gran dios creador, los Itzaes que se quedan, darán testimonio a su manera, generarán mitos y leyendas que tendrán que ser reinterpretados.

 

  • Utopía del destino

Hermanos todos, hermanos en la sangre,

Deseamos servir, caminamos frente alta,

Invóquennos en hastío y hambre,

Cuando la paciencia les este en falta.

 

Observarán nuestros rostros en el infinito,

Estrellas bajarán brillantes a su presente,

Mensajes de aliento y sabiduría remito,

Ángeles seremos besando tu frente.

 

Aliento, nueva vida, esperanza en tiempo venidero,

Cuiden el escenario, generaciones les preceden,

Solo estamos en espera, espacio de tiempo somero,

Alaben a la energía infinita, las nostalgias duelen.

 

Sépanse seguros de nuestra existencia,

Demuestren que superan sus miedos,

De arriba los alentamos a la pervivencia,

Loas y mantras anhelamos de sus aedos.

 

Las naves partirán raudas, urgentes,

Ahítas de imperfectos y ególatras,

Deseosos de la perfección, Oh, ¡penitentes!,

Esperanza, vayamos al conocimiento a rastras.

 

Con mensajeros ya ungidos,

Piloto el gran Pakal elegido,

La cuarta raza al destino nuevo

Parte aligerando el paso sin desvelo.

 

Hombres, solamente hombres,

Quedaran a merced de los sucesos,

Dioses nuevos volaran lanzando lumbres,

Dioses lamentarán la vida de los posesos.

 

Posesos que desviven la vida,

Atados al vicio y a la materia,

Se lamentaran y aceptaran la huida,

Hacia el hondo cadalso suerte adversaria.

 

Hombres y solamente hombres,

Quedarán para dar testimonio,

Continuar el mito, de su infortunio,

A sufrir sin hombro donde cabeza poses.

 

Así juega el destino con las razas,

Así juega el hombre su devenir,

Nacer, morir, allende plazas,

Trascender, retornar del ir.

 

El cielo hemos ganado, es una ruleta,

Hoy subimos a jauja llenos de contento,

Dejamos ir al ego analogía completa,

Se queda el cautivo de mente portento.

 

Así el universo encuentra equilibrio,

Donde rae el pez, la cuerda troza,

Donde alférez construye umbrío,

Crecerá la fuerza que el cielo roza.

 

La cuarta raza muere por recurrencia,

La quinta raza nace por consecuencia,

Se pierden las mentes palurdas,

Renacen los puros de conciencia.

 

Renacen los que hacen la obra,

Los que se saben elegidos,

Los que a Mictlán ha ido,

Y regresan con energía de sobra.

 

Mentes preclaras surgen de la desgracia,

Mentes fofas mueres por ignorancia,

Llegarán los días aciagos para el desvelo,

Símbolo de mentes de altos vuelos.

 

¡Vayamos pues al encuentro de Kukulcán!

Itzaes levanten sus espadas flamígeras,

Que el universo sepa que a destino llegan,

Itzae glorioso, a la espera del retorno estarás.

 

No en este tiempo, no en otro tiempo,

No en esta vida, no en otra vida,

No en otra tierra, no esta tierra,

Sí, en ti mismo la sabiduría entierras.

 

Paciencia y sabiduría tienes,

Inteligencia y perseverancia denotas,

Sabedor de un nuevo destino vienes,

Sin la presión del tener derrotas.

 

¡Kukulcán, tus electos te saludan!

Vítores al viento lanzan,

En sus últimos días en tierra avanzan,

Con ojos de brillo el color mudan.

 

 

Continuará… ¡En Camino!.. Los elegidos por Kukulcán se despiden y se lanzan al infinito.

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