Carl Sagan, el gringo universal (Despertar de la tierra)

Carl Sagan, el gringo universal.

Cuando leía el libro “Contacto”, de Carl Sagan, esperaba encontrar algo más que las suposiciones lógicas de que había vida más allá de la tierra, quería encontrar muestras, señales o indicios de que él si lo había hecho; sin embargo, dentro de las miles de señales que llegan a los radiotelescopios, dentro de las millones de señales que llegan, ninguna es muestra contundente, ¿O todas podrían serlo? De que hay vida parecida a la humana más allá de la tierra, esas señales las siguió buscando hasta el día de su muerte. Esa esperanza no me abandona, estoy convencido, al igual que Sagan, de que hay vida en todo el universo, el universo mismo es la vida en todo su esplendor, ya sea en nacimiento o en declinación, no importa, son parte de un mismo proceso.

El libro lo terminé para entender el mensaje, ese mensaje quedó inscrito en la frase “Hemos averiguado que vivimos en un insignificante planeta, de una triste estrella perdida, en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas” y que, desde luego, que ese universo enorme, aún no totalmente “descubierto” por el hombre de esta tierra, debe albergar vida muy similar a la nuestra, solo está de por medio nuestra falta de capacidad de descubrirla.

Carl Sagan fue un astrónomoastrofísicocosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense, nada parecido a su actual presidente. Dentro de su labor dedicó tiempo a la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del Proyecto SETI, ya que consideraba al universo como una amalgama de mundos habitables, decía: Si estamos solos en el Universo, seguro sería una terrible pérdida de espacio”, pues la magnitud registrada a la fecha, es ínfima a comparación del todo universal.

Mediante sus observaciones de la atmósfera de Venus, fue de los primeros científicos en estudiar el efecto invernadero a escala planetaria, ¿Preveía un desastre planetario, no solamente terrestre? No era un predicador ni tenía afán de fama amarillista, era un científico, y un pensador preclaro, proactivo a niveles galácticos, el mundo se le hacía pequeño para su labor, sabía que nuestra tierra se está muriendo, no a consecuencia de su paso por el universo, sino a consecuencia de las acciones del hombre, el cual no desfallece en dañarla, y ya que la ve dañada, se empeña en buscar una tierra sustituta, no se empeña en recuperarla y conservarla, el hombre siente que ya es hora de migrar a otro planeta, para continuar el ciclo de destrucción. En ese punto, Sagan era pesimista, menciona “Hemos hecho un trabajo tan pésimo en lo que respecta a administrar nuestro planeta que deberíamos tener mucho cuidado antes de tratar de administrar otros”.

Y tiene razón, no somos capaces de administrar nuestra propia vida, ¿Cómo podríamos administrar la de otros? El hombre común cree que su vida es única, y que el destino de la vida es morir, ¿Qué más da morir ahora? ¿Por qué no disfrutar la vida al máximo? Desconocen el ciclo del nacer – morir, desconocen que “Somos polvo de estrellas que piensa acerca de las estrellas”.

Desconocemos que somos el mismo hombre que vivó con los Lémures, la civilización que precedió a los Atlantes, desconoce que somos los Atlantes, la civilización que precedió a la nuestra y desconocen que somos lo que fue y somos lo que será. Nuestra civilización ahora, no es más que el camino de la sociedad que le sigue. Seremos polvo, pero quedará nuestra esencia, lo que llaman espíritu, ese seguirá mandando las señales, aquellas señales que durante toda su vida recibió Sagan, y que ahora estamos leyendo, haciéndolas trascender, unificándolas con las nuestras, para que mañana alguno de nuestros hijos las magnifique.

Podrán estar de acuerdo o no, pero el universo nos llama, cuando volteamos al cielo, nos sentimos maravillados, pequeños, pero llenos de interés, las preguntas nos asaltan muchas de ellas son ¿Habrá vida humana más allá?, no lo sabemos a ciencia cierta, pero confiamos en que existen mundos donde podremos repostar en nuestro viaje. Si alguien se siente intimidado por la inmensidad y no está de acuerdo contigo por sentirte parte de algo más grande, “si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias”  ese respeto le permitirá a ese personaje encontrar su propio camino, es parte de la evolución de la conciencia, paso que Sagan ya había dado.

Cuando te pones a pensar en la inmensidad, cuando observas tu pequeñez ante la magnitud del universo, empiezas a dudar de ti mismo, de tu capacidad de conquistar más allá de pequeños trozos de camino, de pequeños espacios de terreno, te hace sentir un gusano insignificante que apenas se arrastra por el fango del egoísmo, que quiere poseer a una tierra que no nació para ser poseída, y te das cuenta de que la vida a escala universal es solo un chispazo, la vida es una pequeña fracción de segundo de la tierra, “La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la estén malgastando, soñando con fantasías espirituales” . Es triste gastarla en teorías superfluas, en boato y tedio.

Sagan luchó por dejar de lado los convencionalismos, las ideas preconcebidas, dejar del lado todo lo que se enquista dentro de nuestro cerebro y no nos permite crecer. Luchó por que las personas que componen este mundo se quitaran las vendas nonagésimas, la tierra no debe verse como la tumba de los hombres y dioses, sino como un vehículo para nuestra entrada a los mundos a los que pertenece el hombre universal, aún hay muchas batallas sociales que librar, hay muchas conciencias que mover, aunque busques agua bajo las piedras podrás pensar que “no puedes convencer a un creyente de nada, porque sus creencias no están basadas en evidencia, están basadas en una enraizada necesidad de creer, hay que extraer esa raíz, evidenciarla, quemarla e integrarla a la tierra, a donde pertenece, y volver los ojos a nuestro origen “A las estrellas”.

Carl Sagan, fue el primer científico en ocupar la Cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio, en la Universidad Cornell, cátedra creada en 1976. El libro “Contacto” fue hecho película, como sucede comúnmente, la película demerita al libro, pero no deja de ser interesante, en la televisión de los años ochenta, vimos una serie llamada “Cosmos: un viaje personal”, donde aprendimos algo más sobre el origen y destino del universo, sobre las maravillas que nos aguardan para cuando podamos desplazarnos a través de él, para cuando podamos unir nuestro sino al suyo.

Recuerdo pasajes ahítos de oscuridad atravesados por pequeños puntos de luz, infinidad de puntos de luz y recorrerlos a velocidad de la luz, hasta hacerlos desaparecer. Su libro más reconocido fue “Los dragones del edén”, reconocido para nosotros, los imples mortales, pues el currículo de Sagan es tan enorme como su capacidad para hacernos ver al universo desde otra perspectiva. Si creen que es poca cosa, es solo cuestión de sumergirse en su biografía, para ver solamente los premios que recibió, las instituciones y revistas donde participó, para que ahora nosotros, en nuestra pequeñez, nos hagamos ovillo y rodemos por el piso.

Era un visionario, era un científico, y un optimista amante de la humanidad, tan es así que Sagan creía que la ecuación de Drake, a falta de estimaciones más razonables, sugiere la formación de un gran número de civilizaciones extraterrestres, pero la falta de evidencia de la existencia de las mismas, resaltada por la paradoja de Fermi, indicaría la tendencia de las civilizaciones tecnológicas hacia la autodestrucción. Esto dio pie a su interés en identificar y dar a conocer las diversas maneras en que la humanidad podría destruirse a sí misma, con la esperanza de poder evitar dicha catástrofe y, finalmente, posibilitar que los seres humanos se conviertan en una especie capaz de viajar por el espacio.

No creo que esté equivocado, los pasos de la humanidad nos llevan hacia allá, solo que el hombre no evoluciona en lo particular al mismo ritmo que a lo general, van a tener que pasar algunos años antes de que nos demos cuenta de la necesidad de ir creciendo intelectualmente, al mismo ritmo todos o moriremos antes de poder comprobar que era posible.

 

 

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